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jueves, 11 de marzo de 2010

John Nevins Andrews, el primer misionero al extranjero


John Nevins Andrews

Julio 22, 1829 - Octubre 21, 1883

J.N. Andrews por lo general representa una cosa para los adventistas del séptimo día: fue el primer misionero adventista que viajó a Europa Occidental en 1874, para establecer la obra en Suiza. Pero no debemos olvidar que él también fue el autor del libro histórico History of the Sabbath (Historia del Sábado). Pocos de nosotros conocemos a J. N. Andrews como el tercer presidente de la Asociación General, del 14 de mayo de 1867 al 18 de mayo de 1869. Pero eso es lo que fue él, precedido solamente por John Byington y Jaime White. El gigante literario y acucioso erudito, fue también una vez el editor de nuestra venerable revista de la iglesia, la Review and Herald. Aunque vivió solamente cincuenta y cuatro años, se distinguió como uno de los mejores escritores que jamás hayamos tenido. Estuvo estrechamente asociado con el pastor Jaime White y su esposa en el liderazgo pionero y la obra evangelizadora de la naciente iglesia.

Andrews hizo labor sólida en su servicio pionero en Europa Occidental. En muchos aspectos, él estaba calificado para la obra de misión en el extranjero. En otros, lo hubiera hecho mejor en su propia tierra. Sin embargo, Dios lo usó para reunir a los grupos esparcidos de observadores del sábado en Inglaterra y en el Continente, y para organizar la obra con sede en Basilea, Suiza. Él murió al pie del arado, como un sacrificado misionero pionero.

(Ver: Footprints of the Pioneers, pp. 91-98; Pioneer Stories Retold, pp. 101- 114.)

Una Historia acerca de John. N. Andrews

De muchacho, J. N. Andrews deseaba ser congresista en Washington, D.C. Soñaba con su futuro, y juzgando por su floreciente vigor intelectual y sus habilidades literarias, podría haberlo logrado. Su tío Charles fue congresista y un hombre de importancia política en Maine, pero Dios tenía otros planes mayores para John.

En la primavera de 1844, un folleto llegó a las manos de una familia de apellido Stowell, en Paris, Maine. Este folleto era una reimpresión de un artículo que apareció en un periódico adventista de Portland conocido como The Hope of Israel (La Esperanza de Israel). El propósito de este folleto era convencer a la gente de que el séptimo día era el sábado cristiano y que debería ser guardado en lugar del domingo. Stowell tomó el folleto y lo puso a un lado, pero su hija Marian de quince años de edad lo recogió y lo leyó. Ella se convenció Y asimismo su hermano Oswaldo después de haberlo leído. Luego Marian compartió el folleto con John Andrews, entonces sólo de quince años de edad. Él lo leyó, se lo devolvió, y preguntó: “¿Han leído esto tu papá y tu mamá?”

“No”, dijo Marian, “pero yo sí, y encuentro que nosotros no observamos correctamente el sábado. ¿Qué piensas, John?”

“Yo pienso que el séptimo día es el sábado. Y si tú y yo pensamos eso, Marian, nosotros debemos observarlo”.

“Por supuesto. Mi hermano y yo hemos guardado el sábado pasado. Estaremos contentos de que te unas a nosotros. Pero tú lleva el folleto del pastor Preble a tu padre y madre para que lo lean”.

“De acuerdo”. El señor Andrews lo leyó, luego lo devolvió a los Stowells. Y ambas familias guardaron el siguiente sábado, reuniéndose para el servicio en una de sus habitaciones.

Bien, si no hubiera sido por la intervención de ese folleto, John Nevins Andrews nunca podría haber llegado a ser un gran autor, líder religioso y misionero.

Pronto después de aceptar la verdad propugnada por los adventistas observadores del sábado, el joven John tuvo una extraña experiencia. En Paris, donde él vivía, había un grupo de fanáticos que sembraban semillas de discordia entre los cristianos observadores del sábado. La presencia de estos fanáticos era tan conflictiva que no se realizaron reuniones durante año y medio. Pero después de un tiempo, se anunció una reunión y asistieron los líderes de la iglesia. En esta reunión los fanáticos fueron derrotados. El poder de Dios descendió de manera semejante a como lo hizo en el día del Pentecostés. Los padres se confesaban a sus hijos, los hijos a sus padres y unos a otros. J.N. Andrews, con profunda emoción, exclamó: “Intercambiaría mil errores por una verdad”.

En este servicio este joven llegó a un punto de decisión que echó la suerte para toda su vida futura. Se entregó a la obra de impartir el mensaje que había llegado a amar. Todo el resto de su vida vivió para impulsar los intereses del reino de Dios. ¡Qué ejemplo para nosotros!



Fuente: Centro de Investigación E.G. White / Universidad Peruana Unión

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viernes, 5 de septiembre de 2008

MISIONEROS ADVENTISTAS: ¿EXISTEN TODAVIA?

MISIONEROS ADVENTISTAS - Metro

Durante más de ciento treinta años, la Iglesia Adventista se ha dedicado con todo fervor a la misión. John Andrews fue el primer misionero adventista oficial, al abordar un barco hacia Europa en 1874. Una década antes, Hannah More y Michael Czechowski habían ayudado a establecer el adventismo en África y Europa respectivamente. Miles seguirían sus pasos, abandonando las comodidades de sus hogares para compartir el amor de Dios en lugares extraños y muchas veces peligrosos. Algunos inclusive darían sus vidas por esa causa.

¿Qué sucede en la actualidad? ¿Es la misión todavía una prioridad para la Iglesia Adventista?

En palabras de Gary Krause, director de la Secretaría de Misión, “desde el mismo comienzo, la Iglesia Adventista ha sido un movimiento misionero Por supuesto, se tardaron unos años hasta entender que ir a todo el mundo significaba ir más allá de Norteamérica. Pero cuando lo entendieron comenzaron a enviar misioneros a todo el mundo, en gran proporción si lo comparamos con una denominación tan pequeña. La misión llegó a ser nuestra primera prioridad; la razón misma de nuestra existencia”.

Hoy día, los misioneros adventistas provienen de numerosas regiones del mundo y se desempeñan dondequiera los necesiten. Aunque son oriundos de países y culturas diversas y poseen variadas profesiones, los une un objetivo común: compartir el amor y la esperanza de Cristo con un mundo que lo necesita con urgencia.

Cada año, decenas de misioneros adventistas son entrenados y enviados a diversos lugares del mundo. Por medio de la educación, la salud, el establecimiento de iglesias y los programas de alfabetización, se esfuerzan por llegar hasta los no alcanzados.

Los misioneros son los instrumentos del Espíritu Santo para hacer que la Iglesia Adventista sea una familia espiritual mundial.

Elmer y Angélica Ribeyro (Sierra Leona)

Ya de niño, Elmer Ribeyro sintió que Dios lo llamaba a ser misionero. “Sentía el deseo de ser médico y por eso oré para que Dios me abriera las puertas. Sabía que quería trabajar en el África algún día”.

Elmer, un hábil cirujano oriundo del Perú y su esposa Angélica, que es farmacéutica, trabajan en una pequeña clínica de Sierra Leona, un país que acaba de pasar por la experiencia de una sangrienta guerra civil.

Los médicos como ellos cumplen una función vital en la obra misionera de la iglesia. A menudo representan el primer punto de contacto de la comunidad local con los adventistas.

La atención y compasión que muestran por sus pacientes es un reflejo del amor que Jesús tiene por todos nosotros.

Samir y Tanya Berbawy (Egipto)

Samir Berbawy nació en Egipto, creció en el Líbano y luego emigró a los Estados Unidos, donde trabajó como profesor.

Cuando sus hijos colaboraron como estudiantes misioneros en el Colegio Secundario de la Unión del Nilo, Samir y su esposa Tanya visitaron la institución y sintieron el llamado de Dios para regresar a su país a trabajar por los jóvenes de la iglesia. Ahora Samir es el presidente de la Misión.

Oscar y Eugenia Giordano (Lesoto)
En el pequeño Lesoto, dos misioneros adventistas están sembrando semillas de esperanza entre los infectados de HIV.

Oscar y Eugenia Giordano, misioneros veteranos en el África, han servido a la iglesia en algunos de los lugares más penosos del continente.

Juntos fundaron el Ministerio Internacional Adventista del HIV-SIDA, una organización con sede en Johannesburgo, Sudáfrica, que combina amor, compasión y educación para que las víctimas del HIV y del SIDA mejoren sus condiciones de vida.

Eugenia comparte: “Hay vidas que están siendo transformadas. Vemos a personas que estaban enfermas y moribundas, con esperanza. Es gente que ahora puede afirmar que recuperó la esperanza”.

“Jesús se acercaría a estas personas –dice Oscar–, los tocaría, estaría con ellos, y eso significa mucho para quienes están solos. Ese toque de amor es muy duradero… El cuidado y la compasión inician el proceso de curación”.

Rick y Marcia McEdward (División de Asia-Pacífico Sur)

Rick McEdward es un pastor con corazón misionero. Hace seis años se trasladó junto a su esposa Marcia y sus hijos al continente asiático, una de las áreas de mayores desafíos misioneros en el mundo. Rick siente el deber de compartir el amor de Dios con los pueblos de las diversas regiones del mundo.

Como coordinador de la Secretaría de Misión de la División de Asia-Pacífico Sur, trabaja con los pioneros de Misión Global que buscan establecer nuevos grupos de creyentes en ciudades y zonas remotas de la selva.

Rick mismo nos cuenta: “Hace poco, visité una pequeña aldea en la selva de Indonesia, donde por varios años habíamos desarrollado un proyecto misionero. Hay un grupo de cinco familias que se reúnen cada semana para adorar a Dios. Un pionero de Misión Global va a la aldea para coordinar estudios bíblicos y compartir el amor de Dios con la gente. En el pasado sufrimos oposición, pero paulatinamente la comunidad se ha abierto al mensaje y a la Palabra de Dios”.

Milan y Eva Moskala (Bangladesh)

Durante los últimos ocho años, Milan Moskala ha trabajado como misionero en Dacca, Bangladesh, uno de los lugares más pobres de la tierra, donde abundan los indigentes que carecen de todo, hasta lo más básico para la supervivencia.

“En todos lados hay miles de niños sin padres, sin apoyo, que viven mendigando y procuran sobrevivir recolectando alimentos de la basura mientras se pelean entre ellos. Sus vidas son muy miserables”, dice Milan.

Una manera de ayudar a la población es a través de escuelas que ofrecen educación a niños que de otra forma no podrían salir adelante y donde les sirven el único plato de alimento que consumen en todo el día. Por las noches Milan visita los barrios bajos para enseñar a la gente principios de salud.

Los actos de bondad de Milan reflejan el amor de un Dios que de otra forma sería desconocido para esta comunidad.

Solo una vislumbre

Estos ejemplos brindan tan solo una vislumbre de lo que hace una familia de misioneros y representan solamente a unos pocos de los cientos que en todo el mundo a menudo trabajan en lugares solitarios y peligrosos sin los recursos adecuados, pero que aun así están decididos a marcar una diferencia.

Oscar Giordano nos dice: “Es maravilloso ver una vida transformada y presenciar el gozo de alguien que ha experimentado el poder sanador de Cristo. Animo a mis hermanos y hermanas de todo el mundo a participar y apoyar la obra que se realiza en estos lugares, al dar sus ofrendas para la misión”.

Cada trimestre, la Secretaría de Misión produce un DVD que destaca la obra misionera de la Iglesia Adventista en el mundo. Esta producción puede ser utilizada para promover las ofrendas misioneras y del Decimotercer Sábado en las iglesias locales. Este artículo fue adaptado del DVD correspondiente al primer trimestre de 2008. Si desea recibir el DVD o verlo en línea, visite el sitio www.AdventistMission.org.

Fuente: ADVENTIST WORLD
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