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domingo, 10 de julio de 2011

Escritos sobre la vida de Cristo. Por Arturo L. White

Después de la publicación del tomo 1 de The Spirit of Prophecy, en 1870, Jaime y Elena de White volvieron su atención hacia un segundo libro de 400 páginas, el cual versaría sobre la historia del Nuevo Testamento, la vida de Cristo y la obra de los apóstoles. Un tercer volumen se referiría a la historia posbiblica hasta el fin del tiempo.

El 1º de enero de 1873 encontró ocupados a Jaime y Elena de White, en la costa oeste de los Estados Unidos, en donde ella comenzó a escribir sobre la vida de Cristo. En reuniones siguientes, sostenidas en la Iglesia Bautista de Petaluma, California, habló el domingo de mañana sobre la tentación de Jesús en el desierto, y sintió el “impacto del tema”.

Sin embargo, como su esposo, que la había animado a escribir y le ayudaba a preparar los materiales, estaba enfermo por el trabajo excesivo, una semana después decidió enfrentar francamente la situación. Hasta que adquiriera las destrezas que sentía que necesitaba, discontinuaría su redacción sobre la vida de Cristo. En ese momento, ¿cómo podría ella manejar temas tan grandes y sublimes? En su diario escribió: “Pienso poner a un lado mi trabajo de escribir, el cual tanto me agrada, y ya veré si no puedo convertirme en una erudita. No soy experta en gramática. Intentaré, si el Señor me ayuda, convertirme a los 45 años de edad en una experta en la ciencia [de escribir]. Creo que él me ayudará” (MS 3, 1873, p. 5).

Como apenas tenía tres grados de la escuela elemental, siempre sintió su deficiencia para escribir. No mucho antes había enfatizado ante sus hijos la importancia de ser buenos escritores (Carta 28, 1871). Sus libros, artículos, cosas y manuscritos revelan, desde el comienzo de su trabajo, que su escritura era clara e impresionante, y que sus mensajes ostentaban un estilo distinguido. Una lectura de Primeros escritos, fruto de sus primeros años, muestra un vocabulario modesto y una estructura sencilla en la oración. Libros y artículos posteriores descubren un desarrollo en la técnica literaria. Esto sucedió desde que empezó a ayudar a su esposo en la corrección de las pruebas para la Review and Herald y otras publicaciones, y a medida que leía y se relacionaba con otras personas cada día en el hogar y en sus viajes. Constantemente, como hacen la mayoría de los escritores, pensaba sin cesar en algo y se esforzaba por descubrir la manera mejor y más convincente de expresar la verdad.

En diciembre de 1872 ya habían aparecido, en la Review and Herald varios artículos sobre “El primer advenimiento de Cristo”. Afortunadamente, aunque sentía su incapacidad, no se desanimó, sino que de continuo, durante los próximos años, escribió y publicó artículos sobre la vida y enseñanza de Jesús. Estos concluyeron en abril de 1875 con una serie sobre “La tentación de Cristo”.

Un año después las circunstancias fueron más favorables para escribir. La Sra. White se encontraba de nuevo en la costa del Pacífico, en su nuevo hogar en Oakland, California. Tenía una buena ayudante de redacción en su sobrina Mary Clough, mujer inteligente, hija de Carolina, hermana de la Sra. White. Mary era una buena cristiana, pero no había aceptado el sábado. Jaime White estaba en el este, asistiendo a la reunión de la Asociación General y atendiendo otros deberes como presidente de la Asociación General. Elena G. de White vio la oportunidad de continuar con la redacción de la vida de Cristo, y decidió, a menos que el Señor le indicara lo contrario, que se concentraría en este proyecto.

A fines de marzo escribió a su esposo: “Mary Clough y yo haremos todo cuanto podamos para adelantar mis escritos. No veo que ninguna luz brille para mí en el Estado, de Míchigan. Este año siento que mi trabajo es escribir” (Carta 63, 1876).

“Disfruto la presencia de Dios. Escribo y siento libertad al escribir. Estoy manejando temas preciosos. El último que completé… [fue la historia de] Jesús sanando al hombre impotente junto al estanque de Betesda” (Carta 1, 1876).

Las primeras páginas eran de puño y letra de Elena G. de White. Mary hacía el trabajo editorial cuidadosamente, y colocaba las páginas en capítulos. Por supuesto, la obra terminada era manuscrita, pues esto fue seis o siete años antes de que las máquinas de escribir se usaran en los escritos de la sierva del Señor. Todas las mañanas escribía diligentemente en su cuarto superior. Después de comer iba al cuarto de Mary Clough, se sentaba en un sofá y escuchaba a medida que Mary le leía el material revisado de su manuscrito. Descansaba o paseaba en su carruaje en la tarde, quizá escribía unas pocas cartas, y ya avanzada la tarde escuchaba de nuevo leer a Mary. Como las dos trabajaban tan estrechamente, la Hna. White se refería a los escritos que “nosotras” hacemos, aludiendo al trabajo que realizaban juntas. Algunos años después ella explicó el término “nosotras”: “Mis ayudantes y yo somos colaboradores que enviamos al mundo la luz que recibo para que bendiga al mundo” (Carta 170, 1906).

Confianza en la ayuda divina y en la humana

La Sra. White sentía perfecta confianza en la ayuda divina y en la humana. A medida que ella y su ayudante trabajaban juntas con propósito resuelto, tenían a mano, como referencias, algunos libros de otros autores: Life of Christ (La vida de Cristo), de William Hanna y Life and Work of Christ (Vida y obra de Cristo), por Cunningham Geikie, y posiblemente otros. El libro que salió de sus manos daba evidencias de que habían consultado la obra de W. Hanna.

Un día Elena G. de White informó a su esposo: “Mary me ha leído dos artículos; uno sobre los panes y los peces, [el otro en cuanto a] Cristo caminando sobre las aguas… Son unas cincuenta páginas que comprenden variados asuntos. Pienso que es lo más precioso que alguna vez yo haya escrito. Mary está muy entusiasmada; piensa que es del más elevado valor…"

“Temas muy interesantes se presentaron a menudo a mi mente. Estos temas los menciono y se fijan en la memoria de Mary” (Carta 13, 1876).

Y en verdad que hablar en público fue también una parte del proceso de revelación de Elena G. de White. Según su propia declaración, mientras escribía en cuanto a la alimentación de los cinco mil, habló a una congregación grande, realzando “el tema de los panes y los peces… Todos escucharon con mucha atención; algunos estaban boquiabiertos” (Carta 9, 1876).

“Tengo ahora un trabajo especial: escribir las cosas que el Señor me ha mostrado… Tengo un trabajo que hacer que ha sido una gran carga para mi alma; cuán grande, sólo el Señor lo sabe".

“Repito: necesito tiempo para que mi mente se calme y sosiegue. Necesito tiempo para meditar y orar mientras me empeño en este trabajo… Esta es una obra grande, y clamo a Dios cada día por la ayuda de su Espíritu para hacer este trabajo bien”. (Carta 59, 1876 Dirigida a Lucinda Hall).

En el proceso de escribir se combinaban: estudio de la Biblia, visiones, oración, meditación, discusión con sus ayudantes, e “intensa meditación,” todo bajo la dirección del Espíritu Santo. “Siento inmensa paz y calma mental – declaró –. Parece que no hay nada que confunda y distraiga mi mente; y con un pensar tan intenso, mi mente se sobrecargaría si se sintiera perpleja con otra cosa” (Carta 13, 1876).

“No puedo forzar las ocupaciones. Este trabajo debe ser hecho cuidadosa, lenta y perfectamente. Los temas que hemos preparado están bien realzados. Me agradan” (Carta 14, 1876).

Cuando trabajaba a fines de mayo de 1876, en The Spirit of Prophecy, volumen 2, y casi terminaba el tópico de la entrada triunfal en Jerusalén, salió de California hacia el este para asistir a reuniones campestres. A fines de noviembre el libro fue publicado, pero por alguna razón aparece como impreso en 1877.

Como ejemplo, veamos el capítulo sobre los panes y los peces como aparece en The Spirit óf Prophecy, volumen 2, páginas 258 a 267, y comparémoslo con el relato de los Evangelios y el libro de W. Hanna. Para la Hna. White la Biblia fue su fuente básica de información.

Los cuatro Evangelios relatan la alimentación de los cinco mil. (Mat. 14: 13-23; Mar. 6: 32-46; Luc. 9: 10-17; Juan 6: 1-13) Ella comenzó su narración en donde se llevó a cabo el milagro: un lugar apropiado “para tal retiro, del otro lado del mar, cruzando desde Capernaum” (2SP, 258). El relato de W. Hanna pudo haber enriquecido el de la Hna. White, porque, como Mateo, él sitúa el escenario de la alimentación en “un lugar desierto,” y agrega que fue “frente a Capernaum, al otro lado del lago, en el territorio que va al norte de Betsaida” (LC, 277).

Tanto Hanna como la Sra. White señalan dos razones para la orden de Cristo a los discípulos: “Hacedlos sentar en grupos, de cincuenta en cincuenta”. (Luc. 9: 14) Pero Marcos 6: 40 dice: “de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta”. Hanna dice que la orden “indicaba el propósito de nuestro Señor de que no hubiera confusión, para que la atención pudiera dirigirse a lo que estaba a punto de hacer” (LC, 279).

La Hna. White menciona lo mismo: “para conservar el orden, y que todos pudieran ver el milagro que iba a hacer” (2SP, 262; DTG, 333).

Tanto Hanna como la Hna. White se refieren a la amenaza de “violencia” que pudo haberse presentado en el intento del pueblo de coronarlo rey. Hanna escribe de la aparente intención de la gente de “tomarlo enseguida y forzarlo a ser rey. Jesús vio que esta incipiente acción de levantamiento, si seguía, llevaría a algunos a actos de violencia” (LC, 280). Y la Hna. White escribe: “Él sabía que la violencia y la insurrección serían el resultado de su exaltación como rey de Israel” (2SP, 264; DTG, 341).

Lo dicho probablemente se basa en Juan 6: 15, pero bien puede haber una conexión con el relato según lo da Hanna: “Él llamó a los doce y les ordenó que se embarcaran inmediatamente, … a remar hacia Capernaum, en donde se uniría a ellos durante la noche o en la mañana” (LC, 280).

Elena G. de White informa: “Él llamó a sus discípulos y les ordenó que tomaran inmediatamente el bote y regresaran a Capernaum, y que él despediría a la gente. Les prometió encontrarse con ellos esa noche o en la mañana siguiente. Los discípulos estaban poco dispuestos a someterse a este arreglo” (2SP, 264; DTG, 341).

Otras semejanzas en puntos menos importantes se ven aquí y allá en los dos relatos mencionados, pero posiblemente sugeridas por los relatos bíblicos. En el caso de la promesa de encontrarse con sus discípulos esa noche o a la mañana siguiente, se puede ver que Hanna la afirma como una suposición lógica, basada quizá en Marcos 6: 45, mientras que la Hna. White pudo depender de implicaciones de la Escritura, o de información recibida en visión, o de la suposición de Hanna. La evidencia disponible excluye una conclusión dogmática.

Puntos únicos de Elena G. de White

Pero más importantes y significativas que las similitudes son las diferencias entre ambos escritos, las cuales por supuesto, no demuestran dependencia.

En el viaje a través del lago hacia el “lugar desierto”, Elena G. de White nos informa que “otros lo siguieron en botes” (2SP, 259; DTG, 332). Ni los Evangelios ni Hanna mencionan este hecho.

Elena G. de White menciona algunos de los sucesos del día: “Cientos de enfermos y lisiados fueron traídos para que Jesús los sanara, y fueron colocados sobre el piso en tal forma que llamaran su atención… Todas las enfermedades estaban representadas entre los enfermos que exigían su ayuda. Algunos ardían de fiebre, inconscientes de sus preocupados amigos que los habían ayudada. Allí estaban el sordo, el ciego, el paralítico, el cojo y el lunático…"

“Sus palabras fueron a menudo interrumpidas por los delirios de algunos azotados por la fiebre o los gritos desgarradores de los dementes, cuyos amigos se esforzaban a través del gentío para llevar a los enfermos hasta el Sanador. La voz de la sabiduría [de Jesús] a menudo también se perdió entre los gritos de triunfo cuando las víctimas sin esperanza eran restauradas instantáneamente a la salud y la fuerza” (2SP, 259-260). Hanna apenas si menciona el sanamiento de estos enfermos.

Hay un detalle significativo mencionado por Elena G. de White, pero no por Hanna ni otros escritores. Se trata del intento que hicieron los discípulos de librar a Jesús del agotamiento: “El Maestro había trabajado todo el día sin alimento ni descanso, y los discípulos, viéndolo pálido de cansancio y hambre, le rogaron que descansara de su trabajo y tomara algún alimento. Como sus esfuerzos no sirvieron de nada, consultaron cómo podrían librarlo de la apremiante multitud, pues temían que muriera de fatiga". “Pedro y Juan tomaron los brazos de su bendito Maestro y bondadosamente trataron de llevárselo; pero él rehusó ser sacado de ese lugar. Su obra era urgente. Cada suplicante de su misericordia sentía que su caso era el más apremiante. La multitud se apiñaba contra el Salvador y lo llevaba de un lado a otro. En sus esfuerzos por acercarse más a él se pisoteaban unos a otros” (2SP, 260-261).

Esto demuestra que, aunque Elena G. de White extrajo datos de Hanna, de Geikie y de otros escritores, sus visiones le dieron una información de la cual no dispusieron otros comentadores de la vida de Jesús. Tales descripciones dan un toque de autenticidad que sólo puede ser impartido por un testigo. Sus escritos son ricos en detalles nuevos y frescos, que ella relaciona, como ningún otro, con lecciones y asuntos espirituales.

Los volúmenes 2 y 3 de The Spirit of Prophecy fueron publicados bajo el título general “La gran controversia entre Cristo y Satanás”. Un libro lleva el subtítulo “Vida, enseñanza y milagros de nuestro Señor Jesucristo”, y el otro, “Muerte, resurrección y ascensión de nuestro Señor Jesucristo”. Poco después el material fue distribuido en seis libros pequeños. También fue publicado en un solo volumen con el título La vida de Cristo, en alemán, francés, danés y sueco.





Fuente: CentroWhite.uapar.edu / Artículo publicado en el suplemento de la Revista Adventista de enero de 1982
Autor: Arturo L. White (1907-1991) fue secretario / director del White Estate (Patrimonio White) desde 1937 hasta 1978. Sucedió a su padre, William C. White , quien era hijo de Elena G. de White y que había logrado la herencia de su madre desde su muerte en 1915 hasta su muerte en 1937.
Fotografía: Montaje de Ojo Adventista



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miércoles, 22 de junio de 2011

Elena G. de White: una pequeña biografia. Por Arturo L. White

¿Quién fue Elena G. de White y porqué millones consideran sus escritos especialmente valiosos y significativos?

En forma breve se puede decir que fue una mujer de destacados dones espirituales que vivió la mayor parte de su vida durante el siglo XIX (1827-1915), y quien, mediante sus escritos, todavía produce un impacto sobre millones de personas alrededor del mundo. Durante su vida escribió más de 5.000 artículos de periódicos y 40 libros; pero en la actualidad, incluyendo compilaciones de sus 50.000 páginas de manuscritos, hay más de 1.000 títulos disponibles en inglés. Es la escritora femenina más traducida en toda la historia de la literatura, y la autora estadounidense más traducida en cualquier género.

Sus escritos abarcan una amplia gama de temas, incluyendo religión, educación, relaciones sociales, evangelismo, profecía, cuestiones sobre publicación, nutrición y administración. Su obra maestra, que habla del cambio de vida para lograr una vida cristiana de éxito, El camino a Cristo, ha sido publicada en más de 140 idiomas. Los Adventistas del Séptimo Día creen que la Sra. White era más que una escritora de talento; creen que ella fue elegida por Dios como una mensajera especial para atraer la atención del mundo a las Sagradas Escrituras y para ayudar a preparar un pueblo para el segundo advenimiento de Cristo. Desde que ella contaba con 17 años hasta su muerte, 70 años después, Dios le dio aproximadamente 2.000 visiones y sueños. Las visiones variaron en duración de menos de un minuto hasta cerca de cuatro horas. Los conocimientos y los consejos recibidos por medio de estas revelaciones, los escribió para compartirlos con otros. Así sus escritos especiales son aceptados por los Adventistas del Séptimo Día como inspirados, y su excepcional calidad es reconocida incluso por lectores casuales.

Como aparece en Creencias de los Adventistas del Séptimo Día: “Los escritos de Elena de White no constituyen un sustituto de la Escritura. No pueden ser colocados en el mismo nivel. Las Sagradas Escrituras están colocadas en un nivel que les pertenece sólo a ellas, la única regla por la cual sus escritos –y todos los demás deben ser juzgados-, y a la cual deben hallarse sujetos” (Asociación Ministerial, Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día, Washington D.C., 1988, p. 262). Además, como Elena de White misma dijo, “La circunstancia de haber revelado Dios su voluntad a los hombres por su Palabra, no anuló la necesidad que tienen ellos de la continua presencia y dirección del Espíritu Santo” (El conflicto de los siglos, p. 9). Lo que sigue es una descripción más detallada acerca de la vida y la obra de esta destacada mujer quien, enfrentando todas las pruebas de un verdadero profeta como se presentan en las Sagradas Escrituras, ayudó a fundar la iglesia Adventista del Séptimo Día.

Los primeros años

Elena, junto con su hermana melliza Elizabeth, nació el 26 de noviembre de 1827, en la familia de Roberto y Eunice Harmon. Con ocho hijos en la familia, el hogar era un lugar interesante y lleno de tareas. La familia vivía en una pequeña granja cerca del poblado de Gorham, en Maine, en la parte noreste de los Estados Unidos. No obstante, unos pocos años después del nacimiento de las mellizas, Roberto Harmon dejó los trabajos de la granja y se mudó con su familia a la ciudad de Portland, unos 19 kilómetros hacia el este.

Durante su niñez, Elena colaboraba en el hogar y ayudaba a su padre en la manufactura de sombreros. A la edad de nueve años, una tarde, mientras regresaba a su hogar después de la escuela, fue severamente lastimada en su rostro por una piedra que le arrojó una compañera de clase. Por tres semanas estuvo inconsciente, y en los años siguientes sufrió significativamente como resultado de las graves daños en su nariz. La educación formal de Elena terminó abruptamente y a todos les parecía que tan prometedora jovencita no viviría mucho más. En el año 1840, Elena y sus padres asistieron a un retiro campestre metodista en Buxton, Maine, y allí, a la edad de 12 años, entregó su corazón a Dios. El 26 de junio de 1842, solicitó ser bautizada por inmersión en Casco Bay, Pórtland. Ese mismo día fue aceptada como miembro de la Iglesia Metodista.

El mensaje adventista

En 1840 y 1842, Elena junto con otros miembros de la familia, asistieron a las reuniones Adventistas celebradas en Portland, aceptaron los puntos de vista presentados por Guillermo Miller y sus colaboradores, y esperaron confiadamente el inminente regreso de Cristo. Elena era una activa misionera que buscaba ganar a sus jóvenes amigos y hacer su parte en la proclamación del mensaje Adventista.

Las dificultades del Gran Chasco provocados porque Cristo no regresó a la tierra el 22 de octubre de 1844, no fue menor por ser Elena una joven, y ella, junto con otros, estudió la Biblia y oró fervientemente por luz y conducción en los días de perplejidad que siguieron a esa fecha. Una mañana a fines de diciembre de ese año, cuando muchos se debilitaron y abandonaron su experiencia adventista, Elena Harmon se reunió con otras cuatro mujeres para adorar en el hogar de una amiga en South Portland. El cielo parecía estar cerca del grupo que oraba, y mientras el poder de Dios descansaba sobre Elena, ella fue testigo en la visión del viaje del pueblo adventista a la ciudad de Dios. (Primeros escritos, pp. 13-30.) Cuando la jovencita de 17 años, en forma poco dispuesta y temblando, relató esta visión al grupo de adventistas en Portland, éste la aceptó como luz de Dios. En respuesta a una visión posterior, Elena viajó de lugar en lugar con amigos y familiares para relatar a los grupos esparcidos de adventistas lo que le había sido revelado en su primera visión y las siguientes. Aquellos no fueron días fáciles para los adventistas que habían sufrido el chasco. No sólo enfrentaron las burlas y el ridículo de todo el mundo, sino que no estaban unidos entre ellos mismos, y se levantaban entre ellos fanatismos de toda clase. Pero Dios, mediante revelación, expuso a Elena Harmon las consecuencias de estos movimientos fanáticos, y se le encargó la responsabilidad de reprochar las equivocaciones y señalar el error. Para ella fue muy difícil realizar esta tarea.

El matrimonio de Jaime White y Elena Harmon

En un viaje a Orrigton, Maine, Elena conoció a un joven predicador adventista, Jaime White, quien tenía entonces 23 años de edad. Como sus tareas ocasionalmente los reunía, surgió entre ellos un afecto que los unió más tarde en matrimonio en agosto de 1846.

Durante las primeras semanas que siguieron a su matrimonio, Jaime y Elena estudiaron fervientemente un documento de 46 páginas publicado por José Bates, en New Bedford, Massachussets. El documento, titulado El sábado del séptimo día, presentaba las evidencias bíblicas sobre la santidad del séptimo día. Convencidos de que los puntos de vista presentados eran bíblicos, comenzaron a guardar el sábado como séptimo día. Unos seis meses más tarde, el 3 de abril de 1847, a Elena de White se le mostró en visión la ley de Dios en el santuario celestial con un halo de luz alrededor del cuarto mandamiento. Este punto de vista trajo una clara comprensión de la importancia de la doctrina del sábado y confirmaron la confianza de los adventistas en ella (Primeros escritos, pp. 32-35).

Los primeros días de la vida de casados de Jaime y Elena White estuvieron llenos de pobreza y a veces ansiedades. Los que trabajaban en el movimiento adventista no tenían a nadie más que a sí mismos para su sostén financiero, así que Jaime White dividía su tiempo entre la predicación y el trabajar para ganar el sustento mediante el trabajo en el bosque, en el ferrocarril o en los campos juntando heno. A los White les nació un hijo, Henry, el 26 de agosto de 1847. Su presencia trajo gozo y consuelo a la joven madre, pero Elena de White pronto se dio cuenta que tenía que dejar a su hijo al cuidado de sus amigos de confianza para continuar con su obra de viajar y llevar los mensajes que Dios le había confiado. En los siguientes años ella escribió extensamente, viajó mucho para visitar al “rebaño esparcido” y asistió a conferencias.

Comenzando a publicar

Mientras estaba en Rocky Hill, Connecticut, en el verano de 1849 (entre junio y septiembre), Jaime White comenzó la publicación de La verdad presente, un periódico de 8 páginas de tirada casi mensual. Los últimos números contenían artículos de la pluma de Elena de White presentando cuestiones proféticas del futuro de la iglesia e importantes notas de advertencia y consuelo.

El año 1851 estuvo marcado por la aparición del primer libro de la Sra. White, un trabajo que abarcaba unas 64 páginas titulado: A Sketch of the Christian Experience and Views of Ellen G. White [Una reseña de la experiencia cristiana y las visiones de Elena G. de White]. Este primer documento y su Supplement (1854) se encuentran ahora en las páginas 11-127 del libro Primeros escritos. Los inicios de los periódicos Review and Herald en 1850 y de Youth’s Instructor en 1852, la compra de una prensa manual, luego la publicación de los periódicos en Rochester, Nueva York, durante los años 1852-1855, fueron días extremadamente activos y fatigosos. El dinero escaseaba. La enfermedad y las privaciones contribuyeron a traer angustia y desaliento. Pero habría días más brillantes por venir, y cuando en 1855 los creyentes adventistas en Michigan, invitaron a los White a Battle Creek y prometieron construir una pequeña casa publicadora, las apreturas parecieron comenzar a disminuir.

La mudanza a Battle Creek

En noviembre de 1855, la Asociación Publicadora Review and Herald, con su prensa manual y otros equipos de impresión, se mudó de Rochester, Nueva York, donde tenía sus oficinas alquiladas, a el nuevo edificio levantado en Battle Creek, Michigan, provisto en forma voluntaria por los creyentes adventistas.

Pocos días después que el pastor White y su esposa, y quienes estaban asociados con ellos en la obra de publicaciones, llegaron a Battle Creek, se realizó una reunión de asociación con el propósito de considerar planes para la diseminación del mensaje adventista. Al cierre de esta reunión general, se le revelaron a Elena de White varios asuntos de importancia para la iglesia en general. Estos temas los escribió y leyó en la iglesia de Battle Creek. Los miembros de iglesia reconocieron que este mensaje beneficiaría a todos los grupos de creyentes, así que votaron que se debía publicar. A su debido tiempo salió de la prensa reestablecida un folleto de 16 páginas que llevaba el título, Testimony for the Church [Testimonio para la iglesia] (aparece en el volumen 1 de Testimonies, pp. 113-126), el primero de una serie de escritos que en el transcurso de 55 años totalizó cerca de 5.000 páginas, como aparece publicado en los nueve volúmenes de Testimonies for the Church [Testimonios para la iglesia].

Los registros de los años siguientes muestran al pastor White y su esposa estableciendo la obra de publicaciones y la organización de la iglesia, y viajando de aquí para allá en tren, carruaje y carreta. Es un registro de sufrimiento, de fuertes fríos en largos viajes a través de pueblos establecidos en lugares distantes, y de la protección especial de Dios de muchos peligros. Es un registro con imágenes de desaliento, cuando se dirigían ataques directamente contra la obra, y también de gran aliento, a medida que el poder de Dios producía la victoria en las vidas de los guardadores del sábado y el éxito de la tarea de aquellos que estaban liderando el avance de la causa adventista.

La visión de “el gran conflicto”

En un servicio fúnebre realizado una tarde de domingo en Ohio, en marzo de 1858, en la escuela pública de Lovett’s Grove (actualmente Bowling Green), se le dio a la Sra. White una visión sobre los largos siglos de conflicto entre Cristo y sus ángeles y Satanás y sus ángeles. Dos días después Satanás intentó quitarle la vida, para que ella no pudiera presentar a otros lo que se le había revelado. No obstante, sostenida por Dios para realizar la tarea que se le confió, ella escribió una descripción de las escenas que se le habían mostrado y durante el verano de 1858 se publicó el primer volumen, de 219 páginas, del libro titulado Spiritual Gifts, The Great Controversy Between Christ and His Angels and Satan and His Angels [Dones espirituales, la gran controversia entre Cristo y sus ángeles y Satanás y sus ángeles]. Este volumen fue bien recibido y sumamente apreciado por su clara exposición de las fuerzas que contienden en el gran conflicto, tocando puntos importantes de la lucha pero tratando más plenamente las escenas finales de la historia de esta tierra. (Véase Primeros escritos, pp. 133-295).

El hogar en Battle Creek

Los diarios de Elena de White de fines de la década de 1850 revelan que no todo su tiempo lo dedicó a escribir y publicar. Las tareas de la casa, el trato amistoso con los vecinos, especialmente aquellos que estaban con necesidades, clamaban por su atención, y ocasionalmente ayudaba a doblar y pegar libros y folletos cuando había mucho trabajo en la oficina de la Review.

Para el otoño de 1860, la familia White sumaba ya seis miembros, con cuatro hijos varones que contaban desde pocas semanas hasta 13 años de edad. No obstante, el niño más pequeño, Herbert, vivió sólo unos pocos meses, su muerte trajo el primer quebrantamiento del círculo familiar. Los esfuerzos culminantes para establecer la iglesia y la organización de asociaciones, sumados a las demandas por escribir mucho, viajar y las tareas personales, ocuparon los primeros años de la década de 1860. El clímax llegó con la organización de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día en mayo de 1863.

La visión de la reforma pro salud

Dos semanas después de esto, Jaime y Elena White visitaron Otsego, Michigan, durante el fin de semana para alentar a los obreros evangélicos del lugar. Mientras el grupo se inclinaba en oración al comienzo del sábado, Elena de White recibió una visión de la relación entre la salud física y la espiritual, de la importancia de seguir principios correctos en la dieta y en el cuidado del cuerpo, y de los beneficios de los remedios naturales –aire limpio, luz solar, ejercicio y agua pura.

Antes de esta visión, poco se pensó o se dedicó a las cuestiones de salud, y varios ministros que estaban sobrecargados se habían visto forzados a la inactividad a causa de la enfermedad. Esta revelación del 6 de junio de 1863, produjo un impacto en los líderes de la iglesia recientemente organizada acerca de la importancia de la reforma pro salud. En los meses siguientes, a medida que se veía al mensaje de salud como parte del mensaje de los Adventistas del Séptimo Día, se inauguró un programa educativo para la salud. Un paso introductorio, en este esfuerzo, fue la publicación de seis folletos de 64 páginas cada uno, titulados Health [Salud] o How to Live [Cómo vivir], compilado por Jaime y Elena White. Un artículo de la Sra. White se incluyó en cada folleto.

La muerte imprevista de Enrique White a la edad de 16 años, la severa enfermedad del pastor Jaime White, que lo forzó a dejar por tres años su tarea, y los sufrimientos de muchos otros ministros, impresionó hondamente a los líderes que vivieron en los primeros días de la iglesia sobre la importancia de la reforma pro salud. A principios de 1866, en respuesta a la instrucción dada a Elena de White en el día de navidad de 1865 (Testimonies for the Church, vol. 1, p. 489), en cuanto a que los Adventistas del Séptimo Día debían establecer un instituto de salud para el cuidado de los enfermos y para impartir instrucción sobre la salud, se realizaron planes para el Instituto de la Reforma de la Salud del Oeste [Western Health Reform Institute] que se abrió en septiembre de 1866. Mientras los White estaban yendo y viniendo de Battle Creek entre 1865 a 1868, la pobre condición física del pastor White los llevó a mudarse a una pequeña granja cerca de Greenville, Michigan. Lejos de las tareas estresantes de las oficinas de la iglesia, Elena de White tuvo la oportunidad de escribir, y retomó la presentación de la historia del conflicto como se le haía mostrado más plenamente en revelaciones posteriores. En 1870, se publicó The Spirit of Prophecy [El Espíritu de Profecía], volumen 1, conteniendo la historia desde la caída de Lucifer en el cielo hasta el tiempo de Salomón. El trabajo con esta serie se interrumpió, y pasaron siete años hasta que salió el siguiente volumen.

La obra se extiende

El éxito de las reuniones campestres Adventistas del Séptimo Día realizadas en Wisconsin y Michigan a fines de la década de 1860, hizo que se realizaran planes más amplios para empresas similares en los años siguientes. Jaime White tuvo una parte activa no sólo en la planificación de estos encuentros sino también en la asistencia a tantas reuniones como la presión de sus tareas administrativas y su decaída salud se lo permitieran. Los largos períodos de sobrecarga laboral y de la lucha durante los días iniciales de la iglesia, la extenuante labor de las tareas editoriales, sumadas a las responsabilidades de la presidencia de la Asociación General y la presidencia de varias juntas institucionales, cobró su cuota sobre su salud. Elena de White acompañaba a su esposo en sus viajes, haciendo plenamente su tarea de predicar y de atención personal, y, cuando el tiempo lo permitía, avanzaba con sus escritos.

El invierno de 1872-1873 encontró a la pareja en California interesada en fortalecer proyectos de la iglesia en la costa del Pacífico. Este fue el primero de varios viajes extensos por el oeste durante los siguientes siete años. El 1 de abril de 1874, se le dio a Elena de White una visión importante mientras estaba en el oeste. En esa visión se abrió ante ella la forma maravillosa en que la tarea de la denominación habría de ampliarse y desarrollarse no sólo en los estados del oeste sino también fuera del país. Pocas semanas después, se realización reuniones campestres en Oakland, California, y como resultado de este esfuerzo público, el pastor White inició el periódico Signs of the Times [Señales de los tiempos].

El Colegio de Battle Creek

En el otoño de 1874, los White estaban de regreso en Michigan, ayudando con el Instituto Bíblico, conduciendo servicios en sábado y asumiendo un papel importante en la fundación del Colegio de Battle Creek. El 4 de enero de 1875, mientras Elena de White estaba de pie ante el grupo que se había reunido proveniente de diferentes estados para dedicar dicho colegio, la primera institución educativa de la denominación, ella relató lo que se le había mostrado en visión hacía pocos días. La imagen que ella presentó de la obra internacional, que debían realizar los Adventistas del Séptimo Día, causó impresión en la asamblea de obreros [empleados de dedicación exclusiva] y creyentes en cuanto a la importancia y la necesidad del colegio. Entre otras cosas, ella habló de que se le habían mostrado casas publicadoras operando en varias tierras y una obra bien organizada desarrollándose en amplios territorios del mundo en los cuales los Adventistas del Séptimo Día, de ese tiempo, nunca habían pensado en entrar.

Escribiendo y viajando

Durante los siguientes años, la mayoría del tiempo de la Sra. White estuvo ocupado en escribir la parte de la historia del conflicto que trataba sobre la vida de Cristo y la obra de los apóstoles. Esto apareció en los volúmenes 2 y 3 de The Spirit of Prophecy [El Espíritu de Profecía], entre 1877 y 1878. El pastor White estaba muy ocupado en el establecimiento de la Pacific Press [Casa Publicadora Pacífico] en Oakland, California, y en juntar dinero para ampliar el Sanatorio de Battle Creek y el edificio del Tabernáculo en Battle Creek.

Cuando los White visitaron la nueva institución de salud cerca de Santa Elena, California, a comienzos de 1878, Elena de White exclamó que ella había visto esos edificios y sus alrededores en la visión en que se le había mostrado los alcances de la obra en la costa oeste. Éste fue el tercer emprendimiento que había visto en la visión de 1874, los otros eran el periódico Signs of the Times [Señales de los tiempos] y la imprenta Pacific. Durante la temporada de reuniones campestres de fines de la década de 1870, Elena de White predicó a varias audiencias numerosas; la más grande fue la congregación de un domingo por la tarde en Groveland, Massachusets, a fines de agosto de 1877, en la que 20.000 personas oyeron su discurso sobre lo que abarcaba la temperancia cristiana. Sus viajes y tareas durante este período la condujeron del este al oeste y hacia el noroeste del Pacífico. Escribió en forma incesante, asistió a sesiones de la Asociación General, cumplió con sus compromisos como oradora en reuniones campestres y en iglesias, apareció ante grupos pro temperancia, e incluso cumplió con compromisos en pueblos y prisiones estatales. La decaída salud del pastor White lo llevó a viajar a Texas durante el invierno de 1878-1879. Fue allí donde Arturo Daniells, que en años posteriores sirvió como presidente de la Asociación General, y su esposa, María, se unieron a la familia White, el joven Arturo como compañero y enfermero del pastor White y María como cocinera y ama de llaves.

La muerte de Jaime White

Había momentos, durante los dos años siguientes, en que el pastor White estaba razonablemente saludable y era capaz de continuar con su tarea. Pero los largos períodos de sobrecarga mental y física habían disminuido sus fuerzas vitales, y murió en Battle Creek el 6 de agosto de 1881. Parada al lado del cajón de su esposo en el servicio fúnebre, Elena de White rogaba por sí misma para continuar la obra que se le había confiado.

Pronto, Elena de White estuvo otra vez en la costa del Pacífico, sintiendo profundamente la pérdida de su compañero, pero activamente comprometida en la escritura de su cuarto y último volumen de la serie The Spirit of Prophecy [El Espíritu de Profecía]. La historia del conflicto desde la destrucción de Jerusalén hasta el final del tiempo aparecía en este volumen largamente esperado. Cuando salió de la imprenta en 1884, el libro fue bien recibido. Se publicó una edición ilustrada para la venta casa por casa y que llevaba el título The Great Controversy Between Christ and His Angels and Satan and His Angels [La gran controversia entre Cristo y sus ángeles y Satanás y sus ángeles]. En el lapso de tres años se vendieron 50.000 copias.

Elena de White visita Europa

Por algún tiempo la Asociación General había estado pidiendo a la Sra. White y a su hijo, W. C. White, que visitara las misiones en Europa. Mientras ella se preparaba para el viaje, algunos que estaban cerca de ella pensaban que por su condición física el viaje sería imposible. No obstante, obediente a lo que consideraba un deber, se embarcó en el viaje y se le dio la salud necesaria. Dedicó a las ciudades europeas, el tiempo que va desde el otoño de 1885 hasta el verano de 1887.

Desde Basel, Suiza, donde se ubicaban entonces las oficinas de la obra de la Iglesia Adventista en Europa, la Sra. White realizó viajes a Inglaterra, Alemania, Francia, Italia, Dinamarca, Noruega y Suecia. De interés particular fueron dos viajes a los valles valdenses en Italia, donde ella visitó lugares que había visto en visión en relación con los siglos del oscurantismo y la Reforma.

Tanto en Basel, Suiza como en Christiana (actualmente Oslo), Noruega, Elena de White reconoció las prensas para impresión como aquellas que se le habían mostrado en la visión del 3 de enero de 1875, cuando ella vio muchas prensas operando en tierras lejanas fuera de Estados Unidos. El consejo dado por Elena de White a los obreros [empleados de dedicación exclusiva] de la iglesia en Europa significaron mucho para la fijación de normas y planes correctos.

El conflicto de los siglos y Patriarcas y profetas

Debido a la demanda por la traducción del volumen 4 de The Spirit of Prophecy a los idiomas europeos, Elena de White sintió que debía escribir en forma más completa las escenas de la controversia que mencionaban los lugares vistos en Europa. El resultado fue el libro que actualmente se conoce como The Great Controversy [El conflicto de los siglos], que se publicó por primera vez en 1888.

De regreso en los Estados Unidos, Elena de White fijó su residencia en Healdsburg, California, pero asistió a la sesión de la Asociación General de 1888 en Minneapolis, Minnesota. En los meses siguientes viajó y predicó buscando la unidad de la iglesia sobre la doctrina de la justificación por la fe. Durante ese mismo período trabajó en el libro Patriarcas y profetas, que apareció en el año 1890.

El llamado a Australia

En la sesión de la Asociación General de 1891, se le presentó a la Sra. White un llamado urgente para visitar Australia para dar consuelo y ayuda a la obra de la iglesia en esa región pionera. Respondiendo a ese llamado, llegó a Australia en Diciembre de 1891, acompañada por su hijo, el pastor W. C. White, y varios de sus ayudantes. Su presencia en Australia fue muy apreciada por los nuevos creyentes, y sus mensajes de consuelo en relación con la obra en desarrollo, contribuyó mucho en establecer firmemente los intereses denominacionales en este continente del sur. De nuevo, durante su visita a la casa publicadora de la iglesia en Australia, la Sra. White reconoció los equipos de impresión como aquellos que se les había mostrado en la visión de enero de 1875.

No mucho después de su llegada, Elena de White vio claramente la necesidad urgente de una institución de enseñanza en Australia, para que los jóvenes Adventistas del Séptimo Día puedan ser educados en un ambiente cristiano, y así los obreros [empleados de dedicación exclusiva] puedan entrenarse para servir a su país y en los territorios de las islas. En respuesta a sus fuertes llamados, se abrió una escuela bíblica en la ciudad de Melbourne, Australia, en 1892. La escuela operaba en oficinas alquiladas por dos años, pero durante ese tiempo los escritos fervientes y los llamados orales de la Sra. White señalaron que el plan de Dios requería de una escuela ubicada en un ambiente rural.

El Colegio de Avondale

Cuando Dios indicó claramente su aprobación de la propiedad, se aseguró la compra del terreno de Avondale. Entonces, para dar aliento a aquellos que estaban en esta empresa pionera, la Sra. White compró un buen lote en la vecindad e hizo allí su hogar cerca de la nueva escuela. Esta escuela, indicó Dios, sería un modelo de lo que debería ser la educación Adventista.

Con el propósito de que la obra que se desarrollaba en Australia fuera administrada apropiadamente, en 1894 se organizó el territorio en una unión asociación. La primera unión asociación en la historia de los Adventistas del Séptimo Día. Alguien que tuvo una parte en la administración de la obra en la unión asociación recientemente organizada, fue el pastor A. G. Daniells, quien, con su esposa, habían sido enviados a Nueva Zelanda en 1886 como misioneros. Su relación con la Sra. White, y la aceptación de sus consejos a medida que enfrentaba los problemas administrativos del campo de trabajo, ayudaron a prepararlo para la gran tarea que se le confió cuando, después de la sesión de la Asociación General de 1901, fue elegido como presidente de la Asociación General.

Inicio de la obra médica

Tan pronto como la obra educativa había comenzado a ir bien en Avondale, llegaron llamados para establecer un programa médico misionero. Para esto Elena de White no sólo dio un fuerte apoyo moral sino que contribuyó liberalmente con sus limitados medios para ayudar a hacer posible un sanatorio. De hecho, casi cada edificio de iglesia y cada línea de emprendimiento que se inició durante los nueve años de la residencia de la Sra. White en Australia, se benefició con su apoyo financiero.

Además de las diversas actividades en la obra local de este campo pionero, la Sra. White encontró tiempo para escribir miles de páginas con consejos oportunos que cruzaron los mares y guiaron a líderes denominacionales. También preparó artículos semanalmente para los periódicos Review, Signs y Youth’s Instructor. Este cronograma apretado retrasó mucho su obra de publicar libros, y no fue sino hasta 1898 que El Deseado de todas las gentes terminó de completarse e hizo su aparición. El discurso maestro de Jesucristo lo precedió por dos años, y Lecciones prácticas del Gran Maestro [o Palabras de vida del Gran Maestro] y el tomo 6 de Testimonies for the Church [Testimonios para la iglesia] siguieron en 1900.

Alcanzar a los afro-americanos

En 1891, Elena de White apeló a los líderes de la iglesia para que comenzaran una labor de educación y evangelismo en pro de la raza negra en el sur de Estados Unidos. Tres años después, uno de sus hijos, Jaime Edson White, construyó un barco, Río Mississippi, y lo usó por cerca de una década como una misión flotante para los negros en Mississippi y Tennessee. En 1895 y 1896, la Sra. White escribió artículos en la Review and Herald continuando con llamados de urgencia para realizar esfuerzos por los negros en el sur, y de tiempo en tiempo enviaba, desde Australia, mensajes de consuelo y aliento a los obreros [empleados de la denominación] de ese campo. Dio un fuerte apoyo para el establecimiento del Colegio de Oakwood (Oakwood University), en Huntsville, Alabama, que fue fundado con el propósito de educar a los jóvenes Afro-Americanos. En 1904 dio un discurso a los estudiantes y maestros, diciendo que “fue el propósito de Dios que la escuela se ubicara aquí”. A lo largo de los años restantes de su vida, mantuvo un profundo interés y preocupación por la obra de la iglesia entre los negros en los Estados del sur.

El regreso a los Estados Unidos

Un día en 1900, Elena de White sorprendió a su familia y obreros asociados diciéndoles que recibió instrucción divina durante la noche de que debía regresar a América. Desde el punto de vista de la obra en Australia parecía un momento muy importuno para partir, pero Uno cuyos ojos velan sobre los destinos de la iglesia como un todo y conoce el futuro, sabía bien la necesidad de su presencia en los Estados Unidos durante la crisis que vendría en los primeros años del nuevo siglo.

Fijando su hogar en Elmshaven, a pocos kilómetros de la ciudad rural de Santa Elena, en el norte de California, Elena de White dedicó los 15 años restantes de su vida a la preparación de libros, a escribir, en la realización de trabajos personales y a viajar. Tan pronto como estuvo establecida en Santa Elena recibió un llamado para asistir a la sesión de la Asociación General de 1901 en Battle Creek, Michigan.

En esta reunión importante, ella firmemente llamó a una reorganización de la obra de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día, para que los intereses de expansión de la iglesia pudieran ser atendidos adecuadamente. Los delegados respondieron a su llamado, desarrollando e implementando un plan de reorganización, abriendo el camino para una amplia distribución de las crecientes responsabilidades que, en ese tiempo, sólo llevaban unos pocos hombres. Ellos adoptaron el plan de la Asociación General y asociaciones locales, y acomodaron los departamentos de la Asociación General. Estos pasos abrieron el camino para una gran expansión y desarrollo de la obra de la iglesia.

Dos años más tarde, las oficinas de la Asociación General y el trabajo de la Asociación Publicadora Review and Herald fueron trasladadas de Battle Creek, y en armonía con los consejos de Elena de White de que debían estar cerca de la costa este, fueron establecidas en Takoma Park, Maryland, un suburbio de Washington, D. C. En ese momento la Sra. White dejó su hogar en California y se mudo a Takoma Park. Por cerca de cinco meses, ella continuó su obra allí. La presencia de la Sra. White en las oficinas centrales de la denominación ayudaron a mantener la confianza en la decisión de mudarla al este.

Los atareados años finales

A fines de 1905, El ministerio de curación, un libro que trata sobre la salud del cuerpo, la mente y el espíritu, salió de la prensa. La educación se había publicado en 1903, y dos volúmenes de Testimonies for the Church, el 7 y el 8, fueron lanzados en 1902 y 1904 respectivamente.

Durante su estadía en Washington, la Sra. White alentó a los obreros de la iglesia en el sur de California a que buscaran un propiedad para el sanatorio de Loma Linda, y llamó a la apertura de la obra de educación para formar médicos misioneros en la costa del Pacífico. Durante los años siguientes, Elena de White interrumpió frecuentemente su labor con los libros para viajar a Loma Linda y así alentar a los obreros de ese lugar, y también al Sanatorio de Paradise Valley cerca de San Diego, que había ayudado a fundar en 1903.

A la edad de 81 años, Elena de White viajó otra vez a Washington, para asistir a la sesión de la Asociación General en 1909. En las reuniones habló varias veces con voz clara y firme. Después de estas reuniones, cumpliendo un deseo largamente acariciado en su corazón, visitó su antiguo hogar en la ciudad de Pórtland, Maine. Allí ofreció nuevamente su testimonio en aquel histórico lugar donde su obra había comenzado unos 65 años antes. Éste fue su último viaje a los estados del este, y dejó una impresión perdurable y vívida en los Adventistas del Séptimo Día que la oyeron hablar o la encontraron en la sesión de la Asociación General.

Cuando Elena de White regresó a Elmshaven, dándose cuenta que le quedaban pocos días, intensificó sus esfuerzos por producir libros que presentaran la instrucción esencial para la iglesia. En 1909 se publicó el volumen 9 de Testimonies for the Church. En 1911 apareció Hechos de los apóstoles. En 1913, salió Consejos para los maestros, y en 1914 se terminó el manuscrito de Obreros evangélicos que fue enviado a la prensa. Los activos meses finales de la vida de la Sra. White fueron dedicados al libro Profetas y reyes.

En la mañana del 13 de febrero de 1915, mientras Elena de White ingresaba a su cuarto de estudio en Elmshaven, se resbaló y calló, y fue incapaz de levantarse. Se la ayudó pero pronto quedó claro que el accidente era serio. Un examen de rayos X mostró una fractura de su cadera izquierda, y por cinco meses la Sra. White fue confinada a su cama o a su silla de ruedas.

Sus palabras a amigos y familiares durante las últimas semanas de su vida mostraban sentimientos de gozo, un sentido de haber realizado fielmente la obra que Dios le había confiado, y una confianza en que la causa de la verdad triunfaría finalmente.

La vida de Elena de White llegó a su fin el 16 de julio de 1915, a la edad de 87 años. Sus restos descansan al lado de los de su esposo en el Cementerio de Oak Hill, Battle Creek, Michigan.

Elena de White vivió para ver crecer el movimiento adventista de un puñado de creyentes a una membresía mundial de 136.879 que para el año 2007 han excedido los 15 millones.





Fuente: CentroWhite.uapar.edu / WhiteState.org
Autor: Arturo L. White (1907-1991) fue secretario / director del White Estate (Patrimonio White) desde 1937 hasta 1978. Sucedió a su padre, William C. White , quien era hijo de Elena G. de White y que había logrado la herencia de su madre desde su muerte en 1915 hasta su muerte en 1937.
Nota: Originalmente publicado el 1 de diciembre de 2007 por uno de los blogs que posteriormente conformaron Ojo Adventista.


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viernes, 29 de octubre de 2010

Pasos iniciales en la organización de la Iglesia. Por Arturo L. White

Aun cuando Elena G. White había escrito y publicado un tanto sobre la necesidad de orden en la administración de la obra de la iglesia (ver EW, pp. 97 -104), y aun cuando Jaime White había presentado esta necesidad ante los creyentes en artículos de la Review and Herald, la iglesia tardaba en tomar acción. En términos generales, lo presentado era bien recibido; pero cuando se trataba de aplicarlo en forma constructiva, había resistencia y oposición. Los breves artículos de Jaime White habían despertado a muchos de la complacencia y ahora se estaba hablando mucho al respecto.

J. N. Loughborough, quien trabajaba con Jaime White en Michigan, fue el primero en responder. Sus palabras eran de afirmación y a la vez defensivas:

Alguien dijo, si se organizan de manera que puedan por ley hacerse de propiedades, van a formar parte entonces de Babilonia. No; yo entiendo que hay una gran diferencia entre estar en posición de proteger por ley nuestra propiedad y utilizar la ley para proteger y hacer cumplir nuestros puntos de vista religiosos. Si es incorrecto proteger la propiedad de la iglesia, ¿por qué entonces no es incorrecto que las personas tengan legalmente propiedades legales? –RH, 8 de marzo de 1860.

Jaime White había finalizado su declaración en la Review, poniendo delante de la iglesia el asunto de la necesidad de organización de los intereses en el ramo de publicación, con estas palabras: “Si alguno objeta nuestras sugerencias, ¿podría por favor redactar un plan que podamos seguir como pueblo?” – Ibíd., 23 de febrero de 1860. El primer ministro laborando en el campo que respondió, fue R. F. Cottrell, un incondicional y fiel editor de la Review. Su reacción inmediata fue decididamente negativa:

El Hermano White ha pedido a los hermanos que se expresen en relación a su proposición de asegurar las propiedades de la iglesia. Desconozco en forma precisa qué medidas implica esta sugerencia, pero entiendo que esto significa la incorporación como organismo religioso de acuerdo con la ley. Personalmente pienso que será incorrecto “hacernos un nombre” siendo que eso constituye la base de Babilonia. No pienso que Dios apruebe tal cosa” - Ibíd., 23 de febrero de 1860.

Cottrel tenía gran experiencia e influencia; su mensaje, publicado en ausencia de Jaime White, sentó las bases para una prolongada batalla.

El asunto osciló de un lado a otro durante los siguientes seis meses, con algunas referencias al mismo en la mayoría de los números de la Review.

Vino luego la convocación para una conferencia general en Battle Creek, iniciada el viernes 28 de septiembre, para considerar la salvaguardia de los intereses de la obra a través de algún tipo de organización. Debido a la importancia de la conferencia, sus sesiones de negocios se registran detalladamente en los números de la Review and Herald del 9, 16 y 23 de octubre. Las sesiones de negocios comenzaron el 29 de septiembre, inmediatamente después del sábado, las cuales José Bates fue llamado a presidir. Teniendo en mente el debate que había estado llevándose a cabo en la Review, los asistentes a la conferencia se lanzaron inmediatamente a una prolongada discusión. Era muy claro que la mayoría veía en forma negativa cualquier paso hacia una organización. Las reuniones continuaron por la noche después del sábado, y durante la mañana y tarde del domingo, terminando finalmente con la adopción de lo siguiente:

Recomendamos a la conferencia la organización de una asociación publicadora que pueda ser propietaria legal de la oficina de la Review. –Ibíd., 16 de octubre de 1860.

Con gran alivio, Jaime White se puso de pie y dijo: “Esto es por lo que he estado suplicando por los últimos seis meses”. - Ibíd., 23 de octubre de 1860. A partir de este voto, la conferencia se reunió en la madrugada del lunes para adoptar una constitución al respecto. Para comenzar, Jaime White tomó la palabra “expresando su gratitud por el candor, buena disposición y unidad, y consideración por los principios correctos manifestados por los presentes”.- Ibíd. Dice el primero de los diez artículos adoptados ese lunes de mañana:

Esta Asociación será denominada The Advent Review Publishing Association [Asociación Publicadora de la Revista Adventista], cuyo objetivo será la publicación de revistas, libros y folletos, calculados para hacer llegar instrucción en cuanto a la verdad bíblica, especialmente sobre el cumplimiento de la profecía, los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. – Ibíd.

La mayor parte del documento contenía los detalles sobre organización y personal, y señalaba los deberes de varios oficiales. Pero los negocios a tratar en la conferencia no habían finalizado.


ADOPCIÓN DE UN NOMBRE PARA LA DENOMINACIÓN

El Hermano Bracket se puso de pie y dijo:

Propongo ahora que adoptemos un nombre, siendo que tenemos que tener un nombre si nos vamos a organizar como para poseer legalmente propiedades –Íbid.

Con gran cautela, la conferencia se dispuso a prestar atención a esta área tan elevadamente sensible. El Hermano Poole temía que el adoptar un nombre general los dañara como pueblo. J. B. Frisbie se opuso a un nombre sectario, pero vio la necesidad de cierta uniformidad en los términos por los cuales los observadores del sábado serían conocidos. Moses Hull pensó que las iglesias en varios lugares podían ser conocidas como “la iglesia que adora en el séptimo día, en este, o en este otro lugar”. Jaime White declaró que no podía ver cómo podían arreglárselas sin un nombre y que no podían poseer propiedades sin un nombre. Que siendo que la ley era muy específica al respecto, él no podía ver cómo esto podía significar ir en dirección de Babilonia. M.E. Cornell expresó muy claramente su sentir:

Los mandamientos de Dios y la fe de Jesús son una marca distintiva entre nosotros y las otras denominaciones. …me parece que perdemos de vista los dones de la iglesia y no les damos la importancia que debieran tener si damos lugar a tanto temor de convertirnos en Babilonia simplemente por adoptar un nombre. Hay confusión en los nombres ya elegidos; y si no se hace algo aquí, las iglesias irán eligiendo todavía otros diferentes nombres. Un nombre general nos va a traer unidad y no confusión. – Ibíd.

Hablando de la iglesia, T. J. Butler tomó la posición de que Dios, quien había armado y diseñado este edificio, lo había declarado “iglesia de Dios”, y luego añadió: “Si Dios nos ha nombrado como padres que tenemos el derecho de dar nombre a sus hijos, ¿no denotaría una falta de modestia el tratar de evadir el poner este nombre o el otro?”

La discusión continuó en forma ferviente hasta las once de la mañana, cuando se procedió a un necesario receso. Las minutas de la discusión después del almuerzo declaraban.

Nuevamente se posó la pregunta ante la reunión: “¿Debemos adoptar un nombre?” Algunos que previamente se habían opuesto a tal acción declararon aquí su cambio de opinión y su disposición a cooperar con los hermanos en esta dirección. – Ibíd

El Hermano Sperry estuvo dispuesto a poner sus prejuicios en el altar, creyendo que Dios daría sabiduría al respecto. Stephen Belden, empleado en la oficina de la Review, expresó su sentir de que estar sin un nombre sería como publicar libros sin títulos o enviar un documento sin membrete.

Entonces Jaime White tomó la palabra y se disculpó por algunos de los hermanos que parecían temer el adoptar un nombre. La Review registró algunos de sus comentarios:

Ha tomado antes la misma posición. En el pasado, cuando éramos comparativamente pocos, no vio él la necesidad de ninguno de esos pasos. Pero ahora se ha levantado gran cantidad de hermanos inteligentes, y sin ninguna regulación de este tipo, serán lanzados a la confusión.

Entonces hizo un repaso del pasado, mencionando la oposición que habían manifestado algunos todo el tiempo, primero contra la publicación de una revista, luego en contra de la publicación de folletos, más tarde en contra de tener una oficina, luego contra la venta de publicaciones, después en contra de organizarse como iglesia y luego en contra de una prensa mecánica. Ha sido difícil convencer a algunos de los hermanos de la necesidad de estas cosas; pero todas ellas han sido esenciales para la prosperidad de la causa. – Ibíd.

Finalmente se hizo la propuesta ante los delegados y fue aprobada. Señala el registro: “Nadie disintió, aunque algunos se abstuvieron de votar”. Al repasar las minutas, encontramos en ellas la historia del resultado por el que vio la luz el nombre por el cual seríamos conocidos los adventistas observadores del sábado.


“EL NOMBRE ELEGIDO –ADVENTISTAS DEL SÉPTIMO DÍA”

Habiéndose votado la adopción de un nombre, la discusión de volvió hacia cuál sería tal nombre. El nombre “Iglesia de Dios” fue propuesto y celosamente defendido por algunos. Se objetó que ese nombre ya lo estaban utilizando algunas denominaciones, lo cual lo hacía indefinido, además de que parecía un tanto presuntuoso ante el mundo. El Hermano White señaló que el nombre elegido debería ser el que ofreciera menos inconvenientes en el mundo en general.

Se propuso el nombre de Adventistas del Séptimo Día como un simple nombre que expresa nuestra fe y posición. Después de unas cuantas observaciones, el Hermano Hewitt [el hombre más honesto del pueblo]* ofreció la siguiente resolución:

Acordado, Que adoptemos el nombre de Adventistas del Séptimo Día. – Ibíd.

Se discutió libremente esta resolución y la redacción quedó ajustada a lo siguiente: “Que nos llamemos Adventistas del Séptimo Día”. Finalmente se votó de esa manera. – Ibíd.

Aun así, T.J. Butler, de Ohio, no estuvo de acuerdo, y los pastores Lawrence, Sperry, Andrews e Ingraham, se abstuvieron de votar. Ahora los adventistas observadores del sábado tenían nombre, un nombre el cual le fue mostrado a Elena G. White, que tenía la aprobación divina. Había sido una conferencia trascendental, claramente influenciada por el Espíritu de Dios.




Fuente: "Elena G. White: Los Primeros Años. Capitulo 28. Tomo 1. 1827 -1862. pp 420 – 431".
Sda150.com / Centro White - Peru
Autor: Arturo L. White (1907-1991). Fue secretario y director de Ellen G. White Estate desde 1937 hasta 1978. Sucedió a su padre, William C. White , que era hijo de Elena G. de White y administro el legado de su madre desde su muerte en 1915 hasta su muerte en 1937. En sus años de retiro produjo en seis volúmenes la biografía de su abuela Elena G. de White: A Biography.
Referencias: * Cuando en 1852 llegó José Bates a Battle Creek, a anunciar el mensaje, se dirigió a la oficina de correos y pidió el nombre y la dirección del hombre más honesto en el pueblo. Lo dirigieron de buena gana al hogar de David Hewitt. Bates pensó que un hombre honesto aceptaría fácilmente el mensaje adventista. Después de estudiar juntos un día las Escrituras, David Hewitt aceptó y se constituyó en el primer converso en Battle Creek.

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