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lunes, 23 de mayo de 2011

La Biblia. La Palabra de Dios.

Ningún libro ha sido tan amado, tan odiado, tan reverenciado, tan condenado como la Biblia. Hay quienes han sufrido la muerte por su causa. Otros se han convertido en asesinos creyendo así honrarla. Otros han sido asesinados por ella. Ha inspirado los hechos más nobles y más grandes del hombre, y ha sido culpada por sus hechos más condenables y degenerados. Se han levantado guerras sobre la Biblia, revoluciones han sido alimentadas en sus páginas, y reinos han caído por sus ideas. Personas de diversos puntos de vista: desde teólogos de la liberación hasta capitalistas; de fascistas a marxistas, de dictadores a libertadores, de pacificadores a militaristas, buscan en sus páginas las palabras con las cuales justificar sus acciones.

La exclusividad de la Biblia no viene de su influencia política, cultural y social inigualable, sino de su origen y de los temas que trata. Es la revelación del único Dios-hombre: el Hijo de Dios, Jesucristo, el Salvador del mundo.


La Revelación Divina

Mientras a través de toda la historia algunos han dudado de la existencia de Dios, muchos otros han testificado confiadamente que Dios existe y que se ha revelado a sí mismo. ¿En qué formas se ha revelado Dios mismo y qué función cumple la Biblia en su revelación?

• Revelación general. La vislumbre del carácter de Dios que proveen la historia, la conducta humana, la conciencia y la naturaleza con frecuencia se llama "revelación general" porque está disponible a todos y apela a la razón.

Para millares, "los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento enuncia la obra de sus manos" (Sal.19:1). El sol, la lluvia, las colinas, los arroyos, todos declaran el amor del Creador. "Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa" (Rom.1:20).

Otros ven evidencia del cuidado de Dios en las relaciones de amor felices y extraordinarias entre amigos, familiares, esposo y esposa, padres e hijos. "Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros" (Isa.66:13). "Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen" (Sal.103:13).

Sin embargo, el mismo sol que testifica del amante Creador puede volver la tierra en un desierto que cause hambre. La misma lluvia puede crear torrentes que ahoguen a familias enteras; la misma alta colina puede desmoronarse y luego aplastar. Y las relaciones humanas a menudo envuelven celos, envidia, ira y hasta odio que conduce al asesinato.

• Revelación especial. El pecado limita la revelación que Dios hace de sí mismo mediante la creación al oscurecer nuestra capacidad de interpretar su testimonio. En su amor nos dio una revelación especial de sí mismo para ayudarnos a obtener respuestas a estas preguntas. Tanto mediante el Antiguo y el Nuevo Testamento Dios se reveló a sí mismo ante nosotros en una forma específica, no dejando lugar a dudas en cuanto a su carácter de amor. Su revelación vino primeramente mediante los profetas; luego la revelación máxima, mediante la persona de Jesucristo (Hebreos 1:1,2).

La Biblia contiene tanto proposiciones que declaran la verdad acerca de Dios como la revelación misma de él como persona. Ambos aspectos son necesarios. Necesitamos conocer a Dios mediante Jesucristo (Juan 17:3), "conforme a la verdad que está en Jesús" (Efe.4:21). Y mediante las Escrituras Dios penetra en nuestras limitaciones mentales, morales y espirituales, comunicándonos su ansiedad por salvarnos.


El Foco de las Escrituras

La Biblia revela a Dios y expone la humanidad. Expone nuestra dificultad y revela la solución. Nos presenta como perdidos, alejados de Dios, y revela a Jesús como el que nos encuentra y nos trae de vuelta a Dios.

Jesucristo es el foco de la Escritura. El Antiguo Testamento presenta al Hijo de Dios como el Mesías, el Redentor del mundo; el Nuevo Testamento lo revela como Jesucristo, el Salvador. Cada página, ya sea mediante símbolo o realidad, revela alguna fase de su obra y carácter. La muerte de Jesús en la cruz es la revelación máxima del carácter de Dios.

La cruz hace esta última revelación porque une dos extremos: la maldad incomprensible de los seres humanos y el amor inagotable de Dios. ¿Qué podría dar mayor prueba de la pecaminosidad humana? ¿Qué podría revelar mejor el pecado? La cruz revela al Dios que permitió que mataran a su único Hijo. ¡Qué sacrificio! ¿Qué otra revelación de amor mayor que ésta podría haber hecho? Sí, el foco de la Biblia es Jesucristo. El está colocado al centro del escenario del drama cósmico. Pronto su triunfo en el Calvario culminará en la eliminación del mal. La humanidad y Dios serán reunidos.

El tema del amor de Dios, particularmente como se ha visto en el sacrificio de Cristo en el Calvario, es la mayor verdad del universo, el foco de la Biblia. De modo que todas las verdades bíblicas, deben estudiarse en torno a esta perspectiva.


El Origen de las Escrituras

La autoridad de la Biblia tanto en asuntos de fe como de conducta, surge de su origen. Los mismos escritores sagrados la consideraban distinta de toda la demás literatura. Se refirieron a ella como las "Santas Escrituras" (Romanos 1:2), "Sagradas Escrituras" (2 Tim.3:15), y "palabras de Dios" (Rom.3:2; Heb.5:12).

La individualidad de las Escrituras está basada en su mismo origen. Los escritores de la Biblia declararon que ellos no fueron los originadores de sus mensajes sino que los recibieron de Dios. Fue mediante la revelación divina que ellos pudieron "ver" las verdades que comunicaron (véase Isa.1:1; Amós 1:1; Miq.1:1; Jer.38:21).

Estos escritores señalaron al Espíritu Santo como el Ser que inspiraba a los profetas a comunicar los mensajes al pueblo (Neh.9:30; Zac.7:12). David dijo: "El Espíritu de Jehová ha hablado por mí, y su palabra ha estado en mi lengua" (2 Sam.23:2). Ezequiel escribió: "Entró el Espíritu en mí", "vino sobre mí el Espíritu de Jehová", "me levantó el Espíritu" (Eze.2:2; 11:5,24). Y Miqueas testificó: "Mas yo estoy lleno de poder del Espíritu de Jehová" (Miq.3:8).

El Nuevo Testamento reconoció el papel del Espíritu Santo en la producción del Antiguo Testamento. Jesús dijo que David fue inspirado por el Espíritu Santo (Mar.12:36). Pablo creyó que el Espíritu Santo habló "por medio del profeta Isaías" (Hech.28:25). Pedro reveló que el Espíritu Santo guió a todos los profetas, no sólo a unos pocos (1 Ped.1:10; 2 Ped.1:21). En algunas ocasiones el escritor se desvanecía completamente y sólo el verdadero Autor, el Espíritu Santo, era reconocido: "Como dice el Espíritu Santo..." "Dando el Espíritu Santo a comprender..." (Heb.3:7; 9:8).

Los escritores del Nuevo Testamento reconocieron también al Espíritu Santo como la fuente de sus propios mensajes. Pablo explicó: "Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe" (1 Tim.4:1). Juan habló diciendo haber estado "en el Espíritu en el día del Señor" (Apoc.1:10). Y Jesús comisionó a sus discípulos mediante el Espíritu Santo (Hech.1:2; Efe.3:3-5).

De modo que Dios, en la persona del Espíritu Santo, se ha revelado a sí mismo mediante las Sagradas Escrituras. El las escribió, no con sus manos, sino con otras manos -más o menos cuarenta pares-, en un período de más de 1.500 años. Y por cuanto Dios el Espíritu Santo inspiró a los escritores, Dios entonces es el autor.


La Inspiración de las Escrituras

Pablo dice: "Toda la Escritura es inspirada por Dios" (2 Tim.3:16). La palabra griega theopneustos, traducida como "inspiración", literalmente significa "alentada de Dios". "Dios respiró" la palabra en las mentes de los hombres. Ellos a su vez, la expresaron en las palabras que se hallan en las Escrituras. Por lo tanto, la inspiración es el proceso mediante el cual Dios comunica sus verdades eternas.

El proceso de inspiración. La revelación divina fue dada por inspiración de Dios a "santos hombres de Dios" que eran "inspirados por el Espíritu Santo" (2 Ped.1:21). Estas revelaciones fueron incorporadas en el lenguaje humano como todas sus limitaciones e imperfecciones; sin embargo, permanecieron como el testimonio de Dios. Dios inspiró a los hombres, no las palabras.

¿Eran los profetas tan pasivos como las grabadoras que repiten lo que se ha grabado? En algunas ocasiones se mandó a los escritores a que expresaran las palabras exactas de Dios, pero en la mayoría de los casos Dios los instruyó a que describieran lo mejor que pudieran lo que habían visto y oído. En estos últimos casos, los escritores usaron sus propios estilos y palabras.

Pablo observó que "los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas" (1 Cor.14:32). La inspiración genuina no anula la individualidad ni la razón, integridad o personalidad del profeta.

En cierto modo, la relación entre Moisés y Aarón ilustra la que existe entre el Espíritu Santo y el escritor. Dios dijo a Moisés: "Yo te he constituido dios para Faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta" (Ex.7:1; 4:15,16). Moisés informó a Aarón los mensajes de Dios, y Aarón a su vez, los comunicó a Faraón en su propio estilo y vocabulario. De la misma forma los escritores de la Biblia comunicaron los divinos mandatos, pensamientos e ideas, en su propio estilo de expresión. Es porque Dios se comunica en esta forma que el vocabulario de los diversos libros de la Biblia es variado y refleja la educación y cultura de sus escritores.

La Biblia "no es la forma del pensamiento y de la expresión de Dios. Es la forma de la humanidad. Dios no está representado como escritor. Con frecuencia los hombres dicen que cierta expresión no parece de Dios. Pero Dios no se ha puesto a sí mismo a prueba en la Biblia por medio de palabras, de lógica, de retórica. Los escritores de la Biblia eran los escribientes de Dios, no su pluma".1 "La inspiración no obra en las palabras de los hombres ni en sus expresiones, sino en el hombre mismo, que está imbuido con pensamientos bajo la influencia del Espíritu Santo. Pero las palabras reciben la impresión de la mente individual. La mente divina es difundida. La mente y voluntad divinas se combinan con la mente y voluntad humanas. De ese modo, las declaraciones del hombre son la palabra de Dios".2

En una ocasión Dios mismo habló y escribió las palabras exactas: los Diez Mandamientos. Son composición divina, no humana (Exodo 20:1-17; 31:18; Deut.10:4,5), sin embargo, aun éstas tuvieron que se expresadas dentro de los límites del lenguaje humano.

La Biblia, entonces, es la verdad divina expresada en el idioma humano. Imaginémonos tratando de enseñar física cuántica a un bebé. Esta es la clase de dificultad que Dios enfrenta en sus intentos de comunicar las verdades divinas a la humanidad pecaminosa y limitada. Son nuestras limitaciones lo que restringe lo que él puede comunicarnos.

Existe un paralelo entre el Jesús encarnado y la Biblia: Jesús era Dios y hombre combinado, lo divino y lo humano hecho uno. De modo que la Biblia es lo divino y lo humano combinado. Como se dijo de Cristo, también se puede afirmar de la Biblia que "aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros" (Juan 1:14). Esta combinación divino-humana hace que la Biblia sea única entre toda la literatura.

La Biblia revela el plan de Dios en su interacción dinámica con la raza humana, no en una colección de doctrinas abstractas. Su revelación propia se origina en eventos reales que ocurrieron en lugares y épocas definidas. Los sucesos de confianza de la historia son de extremada importancia porque forman un marco para que podamos comprender el carácter de Dios y su propósito para nosotros. Una comprensión exacta nos conduce a la vida eterna, pero una interpretación incorrecta conduce a la confusión y a la muerte.

Dios ordenó a ciertos hombres que escribieran la historia de sus tratos con el pueblo de Israel. Estos relatos históricos, escritos desde un punto de vista diferente de la historia secular, comprenden una parte importante de la Biblia (Núm.33:1,2; Jos.24:25,26; Eze.24:2). Nos proporcionan una visión exacta y objetiva de la historia, desde una perspectiva divina. El Espíritu Santo otorgó a los escritores información especial para que ellos pudieran registrar los sucesos en la controversia entre el bien y el mal que demuestran el carácter de Dios y guían a la gente en la búsqueda de su salvación.

Los incidentes históricos son tipos o ejemplos, y están escritos "para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos" (1 Cor.10:11). Pablo dice: "Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza" (Rom.15:4). La destrucción de Sodoma y Gomorra sirve como ejemplo o advertencia (2 Ped.2:6; Judas 7). La experiencia de la justificación de Abrahán es un ejemplo para cada creyente (Romanos 4:1-25; Santiago 2:14-22). Aun las leyes civiles del Antiguo Testamento, llenas de profundo significado espiritual, fueron escritas para nuestro beneficio actual (1 Cor.9:8,9).

Lucas menciona que escribió su Evangelio porque deseaba relatar la vida de Jesús "para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido" (Lucas 1:4). El criterio que usó Juan al seleccionar cuáles incidentes en la vida de Jesús incluir en su Evangelio fue "para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre" (Juan 20:31). Dios condujo a los escritores de la Biblia a presentar la historia en una forma que nos guiara hacia la salvación.

Las biografías de los personajes bíblicos proveen otra evidencia de la inspiración divina. Esos registros trazan cuidadosamente tanto las debilidades como la fortaleza de sus caracteres. Cuidadosamente despliegan sus pecados, así como sus victorias.

En ninguna forma se encubre la falta de control propio de Noé o el engaño de Abrahán. Se registran fielmente las ocasiones cuando Moisés, Pablo, Santiago y Juan perdieron la paciencia. La Biblia expone los fracasos del rey más sabio de Israel, y las debilidades de los doce patriarcas y de los doce apóstoles. La Escritura no los justifica, ni trata de disminuir su culpabilidad. Los describe a todos tales como fueron y expresa lo que llegaron a ser por la gracia de Dios, o lo que podrían haber logrado por su intermedio. Sin la inspiración divina ningún biógrafo podría escribir un análisis tan perceptivo.

Los escritores de la Biblia consideraban todos los incidentes que contiene como registros históricos verídicos y no como mitos o símbolos. Muchos escépticos contemporáneos rechazan los relatos de Adán y Eva, de Jonás y del Diluvio. Sin embargo, Jesús aceptaba su exactitud histórica y su importancia espiritual (Mat.12:39-41; 19:4-6; 24:37-39).

La Biblia no enseña inspiración parcial o grados de inspiración. Estas teorías son especulaciones que le quitan su autoridad divina.

La exactitud de las Escrituras. Tal como Jesús "fue hecho carne y habitó entre nosotros" (Juan 1:14), para que pudiéramos comprender la verdad, la Biblia nos fue proporcionada en el lenguaje humano. La inspiración de las Escrituras garantiza su veracidad.

¿Hasta qué punto salvaguardó Dios la transmisión del texto para asegurarse que su mensaje es válido y verdadero? Es claro que, si bien es cierto que los manuscritos antiguos varían, las verdades esenciales han sido preservadas.3 Es muy posible que los escribas y los traductores de la Biblia hayan cometido pequeños errores. Sin embargo, la evidencia de la arqueología bíblica revela que muchos así llamados errores fueron solamente malentendidos de parte de los estudiosos. Algunas de estas dificultades se levantaron porque la gente estaba leyendo la historia y las costumbres bíblicas desde un punto de vista occidental. Debemos admitir que la capacidad humana de penetrar en las operaciones divinas es limitada.

De modo que las discrepancias que se perciban, no debieran despertar dudas acerca de las Escrituras; a menudo son producto de nuestras percepciones inexactas más bien que errores. ¿Está Dios a prueba cuando hay algún texto o frase que no podemos entender completamente? Quizás nunca podremos explicar cada texto de la Escritura, pero no es necesario. Las profecías que se han cumplido verifican su veracidad.

A pesar de los intentos de destruirla, la exactitud de la Biblia ha sido preservada en forma increíble y hasta milagrosa. La comparación de los rollos del Mar Muerto con los manuscritos posteriores del Antiguo Testamento demuestra el cuidado con que se ha transmitido.4 Confirman la veracidad y confianza de las Escrituras como una revelación infalible de la voluntad de Dios.


La Autoridad de las Escrituras

Las Escrituras tienen autoridad divina porque en ellas Dios habla mediante el Espíritu Santo. Por lo tanto, la Biblia es la Palabra de Dios escrita. ¿Dónde está la evidencia de ellos y cuáles son las implicaciones para nuestras vidas y el conocimiento que perseguimos?

• Los derechos de las Escrituras. Los escritores de la Biblia testifican que sus mensajes vienen directamente de Dios. Fue la palabra del Señor la que vino a Jeremías, Ezequiel, Oseas y otros (Jer.1:1,2,9; Eze.1:3; Ose.1:1; Joel 1:1; Jon.1:1). Como mensajeros del Señor (Ageo 1:13; 2 Crón.36:16), los profetas de Dios fueron instruidos para que hablaran en su nombre, diciendo: "Así dice Jehová" (Eze.2:4; Isa.7:7). Sus palabras constituyen sus credenciales y autoridad divinas.

A veces el agente humano que Dios usa queda en el trasfondo. Mateo menciona la autoridad que respaldaba al profeta del Antiguo Testamento en estas palabras: "Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta" (Mat.1:22). El mira al Señor como el agente directo, la autoridad; el profeta es el agente indirecto.

Pedro clasifica los escritos de Pablo como la Escritura (2 Pedro 3:15,16). Y Pablo testifica con relación a lo que escribe: "Yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo" (Gál.1:12). Los escritores del Nuevo Testamento aceptaron las palabras de Cristo como la Escritura y dijeron tener la misma autoridad de los escritores del Antiguo Testamento (1 Tim.5:18; Luc.10:7).

• Jesús y la autoridad de la Escritura. A través de todo su ministerio, Jesús destacó la autoridad de las Escrituras. Cuando Satanás lo tentaba o luchaba contra sus oponentes, las palabras "escrito está" eran su defensa y su ofensa (Mateo 4:4,7,10; Lucas 20:17). "No sólo de pan vivirá el hombre -dijo-. Sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mateo 4:4). Cuando le preguntaron cómo obtener la vida eterna, Jesús contestó: "¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?" (Lucas 10:26).

Jesús colocó la Biblia por sobre todas las tradiciones y opiniones humanas. Amonestó a los judíos por despreciar la autoridad de las Escrituras (Marcos 7:7-9), y los exhortó a que las estudiaran más cuidadosamente, diciendo: "¿Nunca leisteis en las Escrituras?" (Mateo 21:42; Marcos 12:10,26).

Jesús creía firmemente en la autoridad de la palabra profética y revelaba lo que señalaba hacia él. Refiriéndose a las Escrituras Jesús dijo: "Dan testimonio de mí". "Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él" (Juan 5:39,46). La afirmación más convincente de Jesús en cuanto a que tenía una misión divina surgió de su cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento (Lucas 24:25-27).

De modo que sin reservas Cristo aceptó las Sagradas Escrituras como la revelación autoritativa de la voluntad de Dios para la raza humana. Consideraba las Escrituras como un cuerpo de verdad, una revelación objetiva, otorgada para sacar a la humanidad de las tinieblas de las tradiciones y mitos a la luz verdadera de salvación y conocimiento.

• El Espíritu Santo y la autoridad de las Escrituras. Durante la vida de Jesús los dirigentes religiosos y la multitud descuidada no descubrieron su verdadera identidad. Algunos pensaban que era un profeta como Juan el Bautista, Elías o Jeremías, simplemente un hombre. Cuando Pablo confesó que Jesús era "el Hijo del Dios viviente", Jesús señaló que fue la iluminación divina lo que hizo posible esta confesión (Mat.16:13-17). Pablo enfatiza esta verdad diciendo: "Nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo" (1 Cor.12:3).

Así también sucede en el caso de la Palabra escrita de Dios. Sin la iluminación del Espíritu Santo nuestras mentes nunca podrían comprender correctamente la Biblia, ni tan sólo reconocerla como la autoridad divina.5 Porque "nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios" (1 Cor.2:11). "El hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente" (1 Cor.2:14). Por consiguiente "la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios" (1 Cor.1:18).

Unicamente con la ayuda del Espíritu Santo, que discierne "lo profundo de Dios" (1 Cor.2:10), podemos convencernos de la autoridad que le corresponde a la Biblia en su calidad de revelación de Dios y de su voluntad. Es sólo así como la cruz se convierte en "poder de Dios" (1 Cor.1:18), y podemos unirnos al testimonio de Pablo: "Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido" (1 Cor.2:12).

Las Sagradas Escrituras y el Espíritu Santo nunca pueden estar separados. El Espíritu Santo es tanto el autor como el revelador de las verdades bíblicas.

La autoridad de la Escritura en nuestras vidas aumenta o disminuye según sea nuestro concepto de inspiración. Si percibimos la Biblia como una simple colección de testimonios humanos o si la autoridad que le damos en alguna forma depende de cómo conduce nuestros sentimientos y emociones, socavamos su autoridad en nuestras vidas. Pero cuando discernimos la voz de Dios que nos habla mediante los escritores, no importa cuán débiles y humanos hayan sido, la Escritura viene a ser la autoridad absoluta en lo que a doctrina, impugnación, corrección e instrucción en justicia se refiere (2 Tim.3:16).

• Cuánto abarca la autoridad de la Escritura. Con frecuencia las contradicciones entre la Escritura y la ciencia son el resultado de la especulación. Cuando no podemos armonizar la ciencia con la Escritura, es porque tenemos una "comprensión imperfecta de ya sea la ciencia o la revelación... pero cuando se comprenden en forma correcta, están en armonía perfecta".6

Toda la sabiduría humana debe estar sujeta a la autoridad de la Escritura. Las verdades bíblicas son la norma por la cual todas las demás ideas deben ser probadas. Al juzgar la Palabra de Dios con normas humanas perecederas es como si tratáramos de medir las estrellas con una vara de medir. La Biblia no debe estar sujeta a las normas humanas. Es superior a toda sabiduría y literatura humana. Más bien, en vez de juzgar la Biblia, todos seremos juzgados por ella, porque es la norma de carácter y la prueba de toda experiencia y pensamiento.

Finalmente, las Escrituras ejercen autoridad aun sobre los dones que vienen del Espíritu Santo, incluyendo la glosolalia y la conducción que provee el don de profecía (1 Cor.12; 14:1; Efe.4:7-16). Los dones del Espíritu no son superiores a la Biblia; lo cierto es que deben probarse por la Biblia, y si no están de acuerdo con ella, deben descartarse: "¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido" (Isa.8:20; compárese con el cap.17).


• La Unidad de las Escrituras

La lectura superficial de la Escritura producirá una comprensión superficial de la misma. Cuando así se lee, la Biblia resulta ser un conjunto de relatos, sermones e historia. Sin embargo, los que la abren para obtener iluminación del Espíritu de Dios, los que están dispuestos a buscar con paciencia y oración las verdades ocultas, descubren que la Biblia expone una unidad fundamental en la que enseña acerca de los principios de salvación. La Biblia no es monótona. Más bien, reúne una rica y colorida variedad de testimonios armoniosos de rara y distinguida belleza. Y debido a su variedad de perspectivas, está perfectamente capacitada en forma mejor para enfrentar las necesidades humanas de todas las épocas.

Dios no se ha revelado a sí mismo a la humanidad en una cadena continua de declaraciones, sino poco a poco, a través de generaciones sucesivas. Ya sea mediante Moisés que escribiera desde los campos madianitas, o mediante Pablo desde una prisión romana, sus libros revelan la misma comunicación inspirada por el Espíritu. La comprensión de sus "revelaciones progresivas" contribuye a la comprensión de la Biblia y su unidad.

Las verdades del Antiguo y Nuevo Testamento, a pesar de haber sido escritas a través de muchas generaciones, permanecen inseparables; no se contradicen unas a otras. Los dos Testamentos son uno, tal como Dios es uno. El Antiguo Testamento, mediante profecías y símbolos, revela el Evangelio del Salvador que vendría; el Nuevo Testamento, mediante la vida de Jesús, revela al Salvador que vino -la realidad del Evangelio. Ambos revelan al mismo Dios. El Antiguo Testamento sirve como fundación al Nuevo. Provee la clave para abrir el Nuevo mientras que el Nuevo explica los misterios del Antiguo.

Dios bondadosamente nos llama para que le conozcamos mediante su Palabra. En ella podemos encontrar la rica bendición de la seguridad de nuestra salvación. Podemos descubrir por nosotros mismos que "toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redarguir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra" (2 Tim.3:16,17).





Fuente: Creencias de los Adventistas del Séptimo Día / Capítulo 1 de la serie. Editado por la Asociación Ministerial de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día.
Referencias: 1. Elena G. De White, Mensajes selectos, tomo 1, pág.24 (Mountain View, CA: Pacific Press Pub. Assn., 1966). 2. Ibíd. 3. Véase Primeros Escritos, págs.220, 221 (Mountain View, CA: Pacific Press Pub. Assn., 1962). 4. Siegfried H. Horn, The Spade Confirms the Book, [La azada confirma el Libro, ed. Rev.] (Washington, D.C: Review and Herald, 1980). 5. Para el estudio de la posición general adventista acerca de la interpretación bíblica, véase el Informe del Comité Anual de la Asociación General, 12 de Oct., 1986, "Methods of Bible Study" [Métodos para estudiar la Biblia], distribuido por Biblical Research Institute, Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día, 6840 Eastern Ave., N.W., Washington, D.C. 20012. A Symposium on Biblical Hermeneutics, [Simposio sobre hermenéutica bíblica], ed. G.M. Hyde (Washington, D.C: Review and Herald, 1974); Gerhard F. Hasel, Understanding the Living Word of God [Cómo comprender la Palabra de Dios] (Mountanin View, CA: Pacific Press, 1980). Véase también P. Gerard Damsteegt, "Interpreting the Bible" [La interpretación de la Biblia] (Publicación preparada por el Comité de Investigaciones Bíblicas de la División del Lejano Oriente, Singapore, mayo de 1986). 6. White, The Story of Patriarchs and Prophets [La historia de los patriarcas y profetas] (Mountain View, CA: Pacific Press, 1958), pág.114.
Nota: Originalmente publicado el 24 de agosto de 2008 por uno de los blogs que posteriormente conformaron Ojo Adventista.




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miércoles, 14 de julio de 2010

Afirmación de la familia / Declaración oficial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día

El lazo familiar es el más íntimo, el más tierno y la más sagrada de todas las relaciones humanas sobre la Tierra. Dios instituyó la familia como la proveedora principal de las relaciones cálidas y preocupada por el bienestar que el corazón humano anhela.

En el círculo familiar se satisfacen en forma significativa la necesidad profunda y permanente de un sentido de pertenencia, del amor y de la intimidad.

Dios bendice a la familia y tiene la intención de que sus miembros se ayuden mutuamente a alcanzar la madurez y la integración. En la familia cristiana, el sentido de valor personal y de dignidad de cada miembro es afirmado y protegido en un ambiente de respeto, igualdad, sinceridad y amor. En este círculo íntimo se desarrollan las primeras actitudes y las que son las más duraderas como relaciones, y se trasmiten los valores de una generación a la siguiente.

Dios también deseaba que por las relaciones familiares se obtuviera una revelación de sí mismo y de sus caminos. El matrimonio debe estar sostenido con amor mutuo, honor, intimidad y una dedicación para toda la vida, pues son los materiales que lo constituyen. Esta unión refleja el amor, la santidad, la proximidad y la permanencia del lazo entre Cristo y su iglesia.

El adiestramiento y la corrección de los niños por sus padres, y la correspondiente respuesta de los hijos al afecto que les muestran, refleja la experiencia de los creyentes como hijos de Dios. Por la gracia de Dios, la familia puede ser una agencia poderosa para conducir a sus miembros a Cristo.

El pecado ha pervertido los ideales de Dios para el matrimonio y la familia. Además, la complejidad creciente de la sociedad y el enorme estrés que afecta a las relaciones lleva a que haya crisis en muchas familias actuales.

Los resultados son evidentes en las vidas con relaciones quebradas, que son disfuncionales, y caracterizadas por una falta de confianza, conflictos, hostilidad y separación. Muchos miembros de la familia, incluyendo a los padres y los abuelos, pero especialmente las esposas y los hijos, sufren de violencia familiar. El abuso, tanto emocional como físico, ha alcanzado proporciones epidémicas. El creciente número de divorcios es una señal de un lto grado de discordia e infelicidad matrimoniales.

Las familias necesitan experimentar una renovación y una reforma en sus relaciones. Esto les ayudará cambiar las actitudes y prácticas destructivas que prevalecen en muchos hogares de hoy. Mediante el poder del evangelio, los miembros de las familias son capacitados para reconocer su pecaminosidad individual, y para aceptar las necesidades de unos y otros, y recibir el efecto redentor de Cristo en sus vidas y sus relaciones. Aunque algunas relaciones familiares no llegan a ser las ideales, y el restablecimiento de las experiencias dañinas sufridas pueden no lograrse en forma completa, donde reina el amor de Cristo, su Espíritu promoverá la unidad y la armonía, haciendo de esos hogares canales de gozo y poder que den vida en la iglesia y la comunidad.


Esta declaración pública fue puesta en circulación por el presidente de la Asociación General, Neal C. Wilson, después de consultas con los 16 vicepresidentes mundiales de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, el 5 de julio de 1990 en el Congreso de la Asociación General realizado en Indianápolis, Indiana, EE.UU.




Fuente: An Affirmation of Family / Official Statements. General Conference of Seventh-day Adventists

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viernes, 4 de junio de 2010

1+1+1=Uno: la piedra angular de la teología bíblica. Por Norman R. Gulley

«Yo no creo en la Trinidad!» A esa conclusión llegaron algunos de los pioneros adventistas. Los cuestionamientos hacia el tema continuaron durante 87 años y hoy esos debates han regresado. ¿Se está repitiendo la historia? «¿Es Dios una Trinidad?» «¿Es realmente importante?» «¿No dice la Escritura acaso: “Oye, Israel: Jehová, nuestro Dios, Jehová uno es”?» (Deut. 6:4, cf. 4-9; 11:13-21; Núm. 15:37-41).

¿Qué perdemos si Dios es realmente una persona? En primer lugar, Cristo no podría ser nuestro Salvador. Fue el Espíritu Santo el que trajo a Cristo hasta María. Fue el Padre el que respondió las oraciones de Cristo y le dio la ayuda que necesitaba. La Trinidad es importante. Nuestra vida eterna depende de esta verdad.

El Señor nuestro Dios es uno

¿Por qué dijo Dios entonces: «Jehová, nuestro Dios, Jehová uno es»? En el Antiguo Cercano Oriente, numerosas deidades rodeaban y ponían en peligro a Israel. Dios sabía que su pueblo se sentiría atraído por esos dioses y lo abandonarían. En ese contexto dijo: «Solo yo soy Dios» («no hay otro», Deut. 4:39). Es por ello que el prólogo de los Diez Mandamientos expresa: «Yo soy Jehová, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto […]. No tendrás dioses ajenos delante de mí». (Éxo. 20:2, 3). Solo el verdadero Dios podía mostrar su poder salvador en el Mar Rojo. La palabra «uno» expresa el carácter único de Dios, y no que esté solo.

La palabra «uno» es utilizada como traducción de dos términos del hebreo bíblico: yahîd (hijo único, Gén. 22:2) y ’ehad (los que se casan «llegan a ser una sola carne», Gén. 2:24). «Jehová uno es» usa el término ’ehad, lo que significa que Dios no está solo aunque es un Dios único. Expresa que Dios está unido, o que es más que una Persona. Las Escrituras declaran que Dios es amor (1 Juan 4:8-16). Antes del comienzo de toda creación hubo una eternidad donde Dios era amor. No podía ser amor si estaba solo. ¿A quién podía amar? Se necesita más de uno para amar. Por ello, la naturaleza de Dios requería que hubiera más de una Persona.

Vestigios de la Trinidad en el Antiguo Testamento

Las Escrituras indican a menudo que Dios es más que uno. La pluralidad es señalada en las siguientes instancias: «Dios dijo [singular]: “Hagamos [plural] al hombre”» (Gén. 1:26). Después de la entrada del pecado al mundo, «el Señor Dios dijo [singular]: “El hombre ha venido a ser como uno de nosotros [plural]”» (Gén. 3:22). En respuesta a los constructores de la Torre de Babel, Dios [singular] dijo: «Descendamos y confundamos [plural] allí su lengua» (Gén. 11:7). Isaías dijo: «Oí la voz del Señor [singular] que decía: “¿A quién enviaré y quién irá por nosotros [plural]?”» (Isa. 6:8). Aunque enfatizó el Dios único para guardar a su pueblo de los muchos dioses, Dios permitió que Israel tuviera vislumbres de que la Deidad es más que una Persona. Esto se refiere en realidad a una dimensión diferente. Si Dios hubiera sido solo una Persona, ¿quién se habría hecho cargo del universo mientras Cristo estuvo en la tierra, y dónde habría estado Dios cuando Cristo estuvo en la tumba?

Las Escrituras designan al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo como Dios. Permítanme enumerar algunos poderosos ejemplos: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra» (Gén. 1:1), y él creó el universo por medio de su Hijo (Heb. 1:1, 2). Después de su muerte, Cristo «se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas» (Heb. 1:3). El Padre le dijo: «Tu trono, Dios, por los siglos de los siglos» (vers. 8). El Padre llamó Dios a Cristo (cf. Juan 1:1-3, 14). Pablo dijo a los efesios: «No entristezcáis al Espíritu Santo de Dios» (Efe. 4:30). Pedro le dijo a Ananías que había mentido al Espíritu Santo (Hech. 5:3) y que, al hacerlo, no había mentido «a los hombres, sino a Dios» (vers. 4).

La Escritura interpreta a la Escritura

Algunos dicen que la Trinidad aparece solo explícita en el Nuevo Testamento. Un buen ejemplo es cuando el Padre le habla a Cristo en su bautismo y el Espíritu Santo desciende sobre este como paloma (Mat. 3:16, 17). Otro ejemplo es la comisión evangélica, donde Cristo envía a sus hijos a bautizar en el nombre de los tres (Mat. 28:19). Un tercer ejemplo son las últimas palabras de Pablo en su segunda epístola a los corintios: «La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros» (2 Cor. 13:14). De manera que el Nuevo Testamento enseña claramente la Trinidad.

En el Antiguo Testamento, sin embargo, la Trinidad aparece más de lo que muchos creen. Cuando la Escritura interpreta a la Escritura, descubrimos que el Antiguo Testamento tiene qué decir sobre el tema. En Lucas 4:18 y 19, Cristo cita a Isaías 61:1 y 2 y, al hacerlo, reconoce que los versículos hablan de su misión. En otras palabras, Cristo comentó esos versículos de Isaías destacando que hablan de la Trinidad, de la siguiente manera: «El Espíritu [Espíritu Santo] de Jehová, el Señor [el Padre], está sobre mí [el Hijo]» (Isa. 61:1).

En varios lugares de Isaías, la Trinidad aparece de manera explícita. He aquí tres ejemplos adicionales: En primer lugar, Isaías 42:1 dice: «Este es mi siervo, yo lo sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento. He puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones». Dios el Padre habla de su Hijo, a quien le dio su Santo Espíritu. El Nuevo Testamento corrobora que este pasaje de Isaías se cumplió en el ministerio de sanidad de Jesús (Mat. 12:15-21), quien fue enviado por el Padre (Juan 3:16, 17) y capacitado por el Espíritu Santo (Mat. 3:16, 17; Luc. 4:18). En segundo término, Isaías 48:16 declara: «Acercaos a mí, oíd esto […]. Y ahora me envió [a Cristo] Jehová el Señor [el Padre], y su Espíritu [Espíritu Santo]». En tercer lugar, en Isaías 63:7-16, se hace una referencia al «ángel de su faz» que «los salvó» (vers. 9, Cristo), al Espíritu Santo (vers. 10), y al Padre (vers. 16).

Si fuera abandonado en una isla desierta y solo pudiera llevar un libro del Antiguo Testamento y otro del Nuevo Testamento, elegiría a Isaías y a Juan. En ambos se halla la Trinidad. Tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo nos hablan del amor de Dios. Isaías 53 es uno de los mejores capítulos bíblicos del amor del Salvador por todos nosotros. El profeta Isaías presenta a la Trinidad con mayor especificidad que cualquier otro escritor del Antiguo Testamento. En el Antiguo Testamento se nos dice que Dios no cambia (Mal. 3:6), un concepto que es repetido en el Nuevo Testamento: «Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos» (Heb. 13:8).

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se aman mutuamente; o sea que cada uno ama a Dios y a sus prójimos (cf. Mat. 22:37-40). Ese amor es eterno y recíproco, y fluye hasta entrar a las vidas humanas de manera que en cierta medida reflejen el amor por Dios y por los demás. Un Dios solitario no podría ser un Dios de amor. ¡Qué maravillosa Trinidad!



Fuente: Adventist World
Autor: Norman R. Gulley es profesor de investigación en Teología Sistemática en la Southern Adventist University, en Collegedale, Tennessee, Estados Unidos. Actualmente trabaja en el cuarto y último volumen de su teología sistemática (Systematic Theology), publicada por Andrews University Press.

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sábado, 12 de diciembre de 2009

Creencias Fundamentales de los Adventistas del Septimo Día

Los Adventistas del Séptimo Día aceptan la Biblia como su único credo y sostienen que ciertas creencias fundamentales son enseñanzas de las Santas Escrituras. Estas creencias, así como están presentadas aquí, constituyen el entendimiento y la expresión de la Iglesia sobre las enseñanzas de las Escrituras. Una revisión de estas declaraciones se podrían llevar a cabo en una sesión de la Conferencia General cuando la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, sea llevada a un entendimiento mas completo de la verdad Bíblica o encuentre palabras mas adecuadas en las cuales expresar las enseñanzas de la Santa Palabra de Dios.

Las 28 creencias fundamentales de los Adventistas del Séptimo Día:

1. Las Santas Escrituras
2. La Trinidad
3. Dios Padre
4. Dios El Hijo
5. Dios El Espíritu Santo
6. La Creación
7. La Naturaleza del Hombre
8. La Gran Controversia
9. La Vida, Muerte, y la Resurrección de Cristo
10. La Experiencia de la Salvación
11. Crecimiento en Cristo
12. La Iglesia
13. El Remanente y su Misión
14. Unidad en el Cuerpo de Cristo
15. El Bautismo
16. La Santa Cena del Señor
17. Dones Espirituales y Ministerios
18. El Don de la Profecía
19. La Ley de Dios
20. El Día de Reposo
21. La Mayordomía
22. Comportamiento Cristiano
23. El Matrimonio y la Familia
24. El Ministerio de Cristo en el Santuario Celestial
25. La Segunda Venida de Cristo
26. La Muerte y la Resurrección
27. El Milenio y el Fin del Pecado
28. La Tierra Nueva

1. Las Santas Escrituras

Las Santas Escrituras, el Antiguo y el Nuevo Testamento son la Palabra escrita de Dios, dadas a los hombres santos por divina inspiración de Dios quienes hablaron y escribieron así como fueren movidos por el Espíritu Santo. En Su Palabra Dios ha entregado al hombre el conocimiento necesario para la salvación. Las Santas Escrituras son la infalible revelación de Su voluntad. Ellas son el estandarte de su carácter, la prueba de experiencia, el revelador autoritario de doctrinas, y el confiable anotación de los hechos de Dios en la historia.

Apoyo se encuentra en estos pasajes Bíblicos: 2 Pedro 1:20,21; 2 Timoteo 3:16,17; Salmos 119:105; Proverbios 30:5,6; Isaías 8:20; Juan 17:17; 1 Tesalonicenses 2:13; Hebreos 4:12.

2. La Trinidad


Hay un solo Dios: Padre, Hijo, y Espíritu Santo, una unidad de tres Personas co-eternales. Dios es inmortal, todo poderoso, conociendo todo, sobre todo, y omnipresente. El es infinito y más allá de comprensión humana, pero conocido por Su auto revelación. El es siempre digno de alabanza, adoración, y servicio por toda la creación.

Apoyo se encuentra en estos pasajes Bíblicos: Deuteronomio 6:4; Mateo 28:19; 2 Corintios 13:14; Efesios 4:4-6: 1 Pedro 1:2; 1Timoteo 1:17; Apocalipsis 14:7.

3. El Padre

Dios el eterno Padre es el Creador, la Fuente, el Sustentador, y el Soberano de toda la creación. Él es justo y santo, misericordioso y graciable, lento con la ira, y abundante en constante amor y fidelidad. Las cualidades y los poderes exhibidos en el Hijo y el Espíritu Santo también son revelaciones del Padre.

Apoyo se encuentra en estos pasajes Bíblicos: Génesis 1:1; Apocalipsis 4:11; 1 Corintios 15:28; Juan 3:16; 1 Juan 4:8; 1 Timoteo 1:17; Éxodo 34:6,7; Juan 14:9.

4. El Hijo


Dios el eterno Hijo fue encarnado en Cristo Jesús. Por Él todas las cosas fueron creadas, el carácter de Dios es revelado, la salvación de la humanidad es realizada, y el mundo es juzgado. Siempre Dios verdadero, Él se convirtió verdaderamente hombre, Jesús el Cristo, fue concebido del Espíritu Santo y nacido de la virgen María. Él vivió y paso la tentación como todo ser humano pero ejemplifico perfectamente la rectitud y el amor de Dios. Por Sus milagros Él manifestó el poder de Dios y fue demostrado como el Mesías prometido de Dios. Él sufrió y murió voluntariamente en la cruz por nuestros pecados y de nuestra parte. Él volverá de nuevo en gloria para la ultimo liberación de Su pueblo y la restauración de todas las cosas.

Apoyo se encuentra en estos pasajes Bíblicos: Juan 1:1-3; S. Juan 1:14; Colosenses 1:15-19; Juan 10:30; Juan 14:9; Romanos 6:23; 2 Corintios 5:17-19; Juan 5:22; Lucas 1:35; Filipenses 2:5-11; Hebreos 2:9-18; 1 Corintios 15:3,4; Hebreos 8:1, 2; Juan 14:1-3.

5. El Espíritu Santo


Dios el eterno Espíritu fue activo con el Padre e Hijo en la creación, la encarnación, y la redención. Él inspiro a los escritores de las Escrituras. Él lleno la vida de Cristo con poder. Él llama y convence al ser humano y aquellos quienes responden, Él los renueva y transforma en la imagen de Dios. Enviado por Dios y el Hijo para estar siempre con Sus hijos, Él extiende dones espirituales a la iglesia, la encomienda para ser testigo de Cristo y, en armonía con las Escrituras, la lleva a toda verdad.

Apoyo se encuentra en estos pasajes Bíblicos: Génesis 1:1,2; Lucas 1:35; Lucas 4:18; Hechos 10:38; 2 Pedro 1:21; 2 Corintios 3:18; Efesios 4:11,12; Hechos 1:8; Juan 14:16-18; Juan 14:2; Juan 15:26,27, Juan 16:7-13.

6. La Creación

Dios es Creador de todas las cosas, y ha revelado en la Escritura el relato autentico de Su actividad creativa. En seis días el Señor hizo los cielos y la tierra y a todo ser viviente sobre la tierra, y descanso el séptimo día de esa primera semana. Él de tal manera estableció el Sábado como perpetuo conmemorativo de Su obra creativa completada. El primer hombre y mujer fueron hechos en la imagen de Dios como la obra coronadora de la Creación, fueron dados dominio sobre la tierra, y dados la responsabilidad de cuidarla. Cuando el mundo fue acabado era muy bueno declarando la gloria de Dios.

Apoyo se encuentra en estos pasajes Bíblicos: Génesis 1 & 2; Éxodo 20:8-11; Salmos 19:1-6; Salmos 33:6; Salmos 33:9; Salmos 104; Hebreos 11:3.

7. La Naturaleza del Hombre

El hombre y la mujer fueron hechos en la imagen de Dios con individualidad, y el poder y la libertad de pensar y actuar. Aunque creados seres libres, cada uno es una unidad inseparable del cuerpo, la mente, y el alma, dependiendo sobre Dios para vida el suspiro y toda otra cosa. Cuando nuestros primeros padres desobedecieron a Dios, ellos negaron su dependencia sobre Él y cayeron de su alta posición bajo Dios. La imagen de Dios en ellos fue desfigurada y ellos fueron sujetos a la muerte. Su descendencia sufre también de su naturaleza caída y de sus consecuencias. Ellos son nacidos con debilidades y con tendencias al mal. Pero Dios en Cristo reconcilia al mundo a Él mismo y por medio de Su Espíritu restaura en los penitentes mortales la imagen de su Creador. Creados para la gloria de Dios, ellos son llamados a amarle a Él y a unos a otros cuidando también de su ambiente.

Apoyo se encuentra en estos pasajes Bíblicos: Génesis 1:26-28; Génesis 2:7; Salmos 8:4-8; Hechos 17:24-28; Génesis 3; Salmos 51:5; Romanos 5:12-17; 2 Corintios 5:19,20; Salmos 51:10; 1 Juan 4:7,8; 1 Juan 4:11; 1 Juan 4:20; Génesis 2:15.

8. El Gran Conflicto

Toda la humanidad esta envuelta hoy en el gran conflicto entre Cristo y Satanás respecto al carácter de Dios, Su ley, y Su soberanía sobre el universo. Este conflicto tuvo origen en el cielo cuando un ser creado, dotado con el libre albedrío, en exaltación propia se convirtió en Satanás, el adversario de Dios y condujo a una porción de los ángeles a la rebelión._ Él introdujo el espíritu de rebelión a este mundo cuando llevo a Adán y a Eva al pecado. Esta trasgresión humana resulto en la desfiguración de la imagen de Dios en la humanidad, en el desorden en el mundo creado, y en su devastación eventual como en la instancia del diluvio mundial. Observado por toda la demás creación, este mundo se volvió en el tribunal del conflicto universal, del cual el amor de Dios será_ últimamente vindicado. Para asistir a Su pueblo en este conflicto Cristo envía al Espíritu Santo y a su fieles ángeles para guiar, proteger, y sostener a los suyos en el camino a la salvación.

Apoyo se encuentra en estos pasajes Bíblicos: Apocalipsis 12:4-9; Isaías 14:12-14; Ezequiel 28:12-18; Génesis 3; Romanos 1:19-32; Romanos 5:12-21; Romanos 8:19-22; Génesis 6:8; 2 Pedro 3:6; 1 Corintios 4:9; Hebreos 1:14.

9. La Vida, La Muerte, y la Resurrección de Cristo


En la vida de Cristo de perfecta obediencia a la voluntad de Dios, en Su sufrimiento, en Su muerte, y en Su resurrección , Dios proveo la única manera de expiación para el pecado humano. Así que aquellos quienes aceptaran esta sacrificio tuvieran vida eterna, y la creación entera entendiera mejor el infinito y santo amor del Creador. Esta expiación perfecta vindica la virtuosidad de la ley de Dios y la misericordia de Su carácter de manera que aun que condena nuestros pecados provee por nuestro perdón. La muerte de Cristo es substitutoria y expiatoria, reconciliadora y transformadora. La resurrección de Cristo proclama el triunfo de Dios sobres las fuerzas del mal y para aquellos quienes aceptan su expiación les asegura victoria final sobre el pecado y la muerte. Ésta declara el Señorío de Cristo Jesús ante el cual toda rodilla del cielo y la tierra se doblara.

Apoyo se encuentra en estos pasajes Bíblicos: Juan 3:16; Isaías 53; 1 Pedro 2:21,22; 1 Corintios 15:3,4; 1Corintios 15:20-22; 2 Corintios 5:14,15; 2 Corinthios 5:19-21; Romanos 1:4; Romanos 3:25; Romanos 4:25; Romanos 8:3,4; 1 Juan 2:2; 1 Juan 4:10; Colosenses 2:15; Filipenses. 2:6-11.

10. La Experiencia de la Salvación


En infinito amor y misericordia Dios dejo que Cristo quien no tenia pecado, llevara pecado por nosotros para que en Él pudiéramos ser hechos rectos ante Dios. Guiados por el Espíritu Santo sentimos nuestra necesidad, reconocemos nuestra manera pecaminosa, nos arrepentimos de nuestras transgresiones, y ejercemos fe en Jesús como Señor, Cristo, como Substituto y Ejemplo. Esta fe la cual recibe salvación viene por medio del poder divino del Verbo y recibe el don de la gracia de Dios. Por medio de Cristo somos justificados, adoptados como hijo e hijas de Dios y libertados del dominio del pecado. Por medio del Espíritu somos nacidos de nuevo y santificados. El Espíritu renueva nuestras mentes, escribiendo la ley de Dios en nuestros corazones y nos es dado poder para vivir una vida santa. Permaneciendo en Él somos hechos copartícipes de la naturaleza divina y tenemos la seguridad de la salvación hoy en el juicio final.

Apoyo se encuentra en estos pasajes Bíblicos: 2 Corintios 5:17-21; Juan 3:16; Gálatas 1:4; Gálatas 4:4-7; Tito 3:3-7; Juan 16:8; Gálatas 3:13,14; 1 Pedro 2:21,22; Romanos 10:17; Lucas 17:5; Marcos 9:23,24; Efesios 2:5-10; Romanos 3:21-26; Colosenses 1:13,14; Romanos 8:14-17; Gálatas 3:26; Juan 3:3-8; 1 Pedro 1:23; Romanos 12:2; Hebreos 8:7-12; Ezequiel 36:25-27; 2 Pedro 1:3,4; Romanos 8:1-4; Romanos 5:6-10.

11. Crecimiento en Cristo

Por su muerte en la cruz, Jesús triunfó sobre las fuerzas del mal. Él, que durante su ministerio terrenal subyugó los espíritus demoníacos, ha quebrantado su poder y asegurado su condenación final. La victoria de Jesús nos da la victoria sobre las fuerzas del mal que aún tratan de dominarnos, mientras caminamos con él en paz, gozo y en la seguridad de su amor. Ahora, el Espíritu Santo mora en nosotros y nos capacita con poder. Entregados continuamente a Jesús como nuestro Salvador y Señor, somos libres de la carga de nuestras acciones pasadas. Ya no vivimos en las tinieblas, ni en el temor de los poderes malignos, ni en la ignorancia y falta de sentido de nuestro antiguo estilo de vida. En esta nueva libertad en Jesús, somos llamados a crecer a la semejanza de su carácter, manteniendo diariamente comunión con él en oración, alimentándonos de su Palabra, meditando en ella y en su providencia, cantando sus alabanzas, reuniéndonos juntos para adorar, y participando en la misión de la iglesia. Al darnos en amoroso servicio a aquellos que nos rodean y al dar testimonio de su salvación, Cristo, en virtud de su presencia constante con nosotros por medio del Espíritu, transforma cada uno de nuestros momentos y cada una de nuestras tareas en una experiencia espiritual

Apoyo se encuentra en estos pasajes Bíblicos: Salmo 1:1, 2; 23:4; 77:11, 12; Colosenses 1:13, 14: 2:6, 14, 15; Lucas 10:17-20; Efesios. 5:19, 20; 6:12-18; 1 Tesalonicenses 5:23; 2 Pedro 2:9; 3:18; 2 Corintios 3:17, 18; Filipenses. 3:7-14; 1; 1 Tesalonicenses 5:16-18; Mateo 20:25-28; Juan 20:21; Gálatas 5:22-25; Romanos 8:38, 39; 1 Juan 4:4; Hebreos 10:25.

12. La Iglesia

La iglesia es la comunidad de creyentes quienes confiesan a Cristo Jesús como Señor y Salvador. Así como con el pueblo de Dios en los tiempos del Antiguo Testamento somos llamados fuera del mundo. Nos reunimos juntos para alabar, para el compañerismo, para la instrucción en la Palabra, para la celebración de la Cena del Señor, para servicio a la humanidad, y para la proclamación mundial del evangelio. La iglesia deriva su autoridad en Cristo quien es el Verbo encarnado, y en las Escrituras que son la Palabra escrita. La iglesia es la familia de Dios adoptada por Él como hijos e hijas, sus miembros viven por acabo del nuevo pacto. La iglesia es la novia por quien Cristo murió con tal de santificarla y limpiarla. En Su regreso triunfante, Él presentara una gloriosa iglesia, cuyos fieles de todas las edades, han sido comprados con Su sangre, no teniendo falla o arruga, sino que santa y sin mancha.

Apoyo se encuentra en estos pasajes Bíblicos: Génesis 12:3; Hechos 7:38; Efesios 4:11-15; Efesios 3:8-11; Mateo 28:19,20; Mateo 16:13-20; Mateo 18:18; Efesios 2:19-22; Efesios 1:22,23; Efesios 5:23-27; Colosenses 1:17,18.

13. El Remanente y Su Misión

La iglesia universal es compuesta de todos aquellos quienes verdaderamente creen en Cristo. En los últimos días de apostasía difundida, un remanente ha sido llamado fuera para guardar los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. Este remanente anuncia la llegada de la hora del juicio, proclama la salvación por medio de Cristo, y da voz del pronto advenimiento de Él. Esta proclamación es simbolizada por los tres ángeles de Apocalipsis 14. Coincide con el juicio investigador en el cielo y resulta en una obra de arrepentimiento y reforma en la tierra. Todo creyente es llamado a tener una parte personal en esta testificación mundial.

Apoyo se encuentra en estos pasajes Bíblicos: Apocalipsis 12:17; Apocalipsis14:6-12; Apocalipsis 18:1-4; 2 Corintios 5:10; Judas 3; Judas 14; 1 Pedro 1:16-19; 2 Pedro 3:10-14; Apocalipsis 21:1-14.

14. Unidad en el Cuerpo de Cristo

La iglesia es un cuerpo con muchos miembros, llamados de toda nación, lengua y pueblo. En Cristo somos nuevas criaturas, sin distinciones de raza, cultura, educación, y nacionalidad; sin diferencias entre alto y bajo, rico y pobre, hombre y mujer; no debe haber división entre nosotros. Somos todos iguales en Cristo, quien por su Espíritu nos ha enlazado en compañerismo con Él, y con los hombres. Estamos para servir y ser servidos sin parcialidad o reservaciones. Por medio de las revelación de Cristo Jesús en las Escrituras compartimos la misma fe, igual esperanza y hacemos un alcance en testificar a todos. Esta unidad tiene su fuente en la perfecta unión de los Miembros de la Deidad, que nos han adoptado como Sus hijos.

Apoyo se encuentra en estos pasajes Bíblicos: Romanos 12:4,5; 1 Corintios 12:12-14; Mateo 28:19,20; Salmos 133:1,2; 2 Corintios 5:16,17; Hechos 17:26,27; Gálatas 3:27,29; Colosenses 3:10-15; Efesios 4:14-16; 4:1-6; Juan 17:20-23.

15. El Bautismo

Con el bautismo confesamos nuestra fe en la muerte y resurrección de Cristo Jesús, y testificamos de nuestra muerte al pecado y de nuestra intención de caminar en una vida nueva. Así reconocemos a Cristo como Señor y Salvador, nos convertimos en Sus criaturas, y somos recibidos como miembros en Su iglesia. El bautismo es símbolo de nuestra unión con Cristo, del perdón de nuestros pecados, y de nuestra recepción del Espíritu Santo. Es por inmersión en agua, contingente sobre una afirmación de fe en Jesús y, en el arrepentimiento de los pecados. Sigue la instrucción en las Santas Escrituras y aceptación en sus enseñanzas.

Apoyo se encuentra en estos pasajes Bíblicos: Romanos 6:1-6; Colosenses 2:12,13; Hechos 16:30-33; Hechos 22:16; Hechos 2:38; Mateo 28:19,20.

16. La Cena del Señor

La Cena del Señor es una participación en los emblemas del cuerpo y sangre de Jesús como expresión de fe en Él, nuestro Señor y Salvador. En esta experiencia de comunión, Cristo esta presente para reunirse y fortificar a los suyos. Al tomar parte alegremente proclamamos la muerte del Señor hasta su próxima venida. La preparación para la Santa Cena incluye una introspección, arrepentimiento y confesión. El Maestro ordenó el servicio del rito de humildad para significar renovación y limpieza, para expresar buena voluntad para servir uno al otro en humildad semejante a la de Él, y para unir nuestros corazones en amor. El servicio de comunión es abierta a todo creyente Cristiano.

Apoyo se encuentra en estos pasajes Bíblicos: 1 Corintios 10:16,17; 1 Corintios 11:23-30; Mateo 26:17-30; Apocalipsis 3:20; Juan 6:48-63; Juan 13:1-17.

17. Dones Espirituales y Ministerios

Dios otorga sobre cada miembro de Su iglesia en cada época dones espirituales con los cuales cada miembro es de utilizarlos en ministerio amoroso para el beneficio de la iglesia y la humanidad. Guiados por la agencia del Espíritu Santo, proporciona a cada miembro la revelación de Su voluntad. Los dones proveen toda habilidad y ministerios necesitados por la iglesia para cumplir su divina misión. De acuerdo a las Escrituras, estos dones incluyen tales ministerios como el de la fe, sanación, profecía, proclamación, enseñanza, administración, reconciliación, compasión, servicio y caridad para el bien de la gente. Unos miembros son llamados por Dios y dotados por el Espíritu para funciones reconocidas por la iglesia como pastorales, evangelísticas, apostólicas, y de enseñanza del ministerio, particularmente necesitados para equipar a los miembros al servicio, para levantar a la iglesia a una madurez espiritual, y para fomentar unidad de la fe y conocimiento de Dios. Cuando los miembros emplean estos dones espirituales como fieles mayordomos de la gracia de Dios, la iglesia es protegida de la influencia destructiva de la falsa doctrina y crece en fe y en amor.

Apoyo se encuentra en estos pasajes Bíblicos: Romanos 12:4-8; 1 Corintios 2:9-11 & 27-28; Efesios 4:8 & 11-16; Hechos 6:1-7; 1 Timoteo 2:1-3; 1 Pedro 4:10,11.

18. El Don de la Profecía

Unos de los dones del Espíritu Santo es la profecía. Este don es una marca identificatoria de la iglesia remanente y fue manifestada en el ministro de Elena G. de White. Como la mensajera de Dios, sus escritos son fuente autorizada de verdad, la cual provee para la iglesia comodidad, dirección, instrucción, y corrección. También, deja en claro que la Biblia es el único estandarte por la cual toda enseñanza y experiencia debe ser probada.

Apoyo se encuentra en estos pasajes Bíblicos: Joel 2:28,29; Hechos 2:14-21; Hebreos 1:1-3; Apocalipsis 12:17; Apocalipsis 19:10.

19. La Ley de Dios

Los gran principios de la ley de Dios son incorporados en los Diez Mandamientos y ejemplificados en la vida de Cristo. Ellos expresan el amor de Dios, su voluntad, y propósito concerniente a la conducta humana y sus relaciones. Son vigentes para toda persona, en toda época. Estos preceptos son la base del pacto de Dios con su pueblo y es el estandarte de los juicios de Dios. Por medio de la agencia del Espíritu Santo estos señalan el pecado y despiertan el sentido de necesidad de un Salvador. La Salvación es completamente por gracia y no por obras, pero su fruto es la obediencia a los Mandamientos. Esta obediencia desarrolla el carácter Cristiano y resulta en el sentido de bien estar. Es una evidencia de nuestro amor por el Señor y nuestra condescendencia por nuestros semejantes. La obediencia por fe demuestra el poder de Cristo para transformar vidas y para fortalecer la testificación Cristiana.

Apoyo se encuentra en estos pasajes Bíblicos: Éxodo 20:1-17; Salmos 40:7,8; Mateo 22:36-40; Deuteronomio 28:1-14; Mateo 5:17-20; Hebreos 8:8-10; Juan 16:7-10; Efesios 2:8-10; 1 Juan 5:3; Romanos 8:3,4; Salmos 19:7-14.

20. El Sábado


El Creador bienhechor, después de los seis días de la Creación, descanso el séptimo día y lo instituyo Sábado para toda persona como memorial de la Creación. El cuarto mandamiento de la incambiable ley de Dios requiere la observancia del séptimo día Sábado como día de descanso, alabanza, y ministerio en armonía con la enseñanza y observancia de Jesús, el Señor del Sábado. El Sábado es un día de comunión deleitosa con Dios y de uno con los otros. Es símbolo de nuestra redención en Cristo, una señal de nuestra santificación, una prenda de nuestra fidelidad, y un goce anticipador de nuestro eterno futuro en el reino de Dios. El Sábado es la perpetua señal de Dios de su pacto entre Él y su pueblo. Observancia gozosa de este tiempo santo de tarde a tarde, de puesta de sol a puesta de sol, es celebración de los hechos creativos y redentivos de Dios.

Apoyo se encuentra en estos pasajes Bíblicos: Génesis 2:1-3; Éxodo 20:8-11; Lucas 4:16; Isaías 56:5,6; Isaías 58:13,14; Mateo 12:1-12; Éxodo 31:13-17; Ezequiel 20:12 & 20:20; Deuteronomio 5:12-15; Hebreos 4:1-11; Levítico 23:32; Marcos 1:32.

21. La Mayordomía

Somos los mayordomos de Dios confiados con tiempo y oportunidades, habilidades y posesiones, y la bendición de la tierra y sus recursos. Somos responsables a Él por su uso apropiado. Reconocemos que Él es dueño por medio de nuestro servicio fiel a Él y a nuestro prójimo, por devolución el diezmo y dando ofrendas para la proclamación de su Evangelio y el sostén y crecimiento de su Iglesia. La mayordomía es un privilegio dado por Dios para nutrirnos en amor y para la victoria sobre el egoísmo y la codicia. El mayordomo se regocija en las bendiciones que vienen a otros como el resultado de su fidelidad.

Apoyo se encuentra estos los siguientes pasajes Bíblicos: Génesis 1:26-28; Génesis 2:15; 1 Crónicas 29:14; Hageo 1:3-11; Malaquías 3:8-12; 1 Corintios 9:9-14; Mateo 23:23; Romanos 15:26,27; 2 Corintios 8:1-15.

22. El Comportamiento Cristiano


Somos llamados a ser personas devotas quienes piensan, sienten, y actúan en armonía con los principios celestiales. Para que el Espíritu pueda recrearnos en el carácter de nuestro Señor debemos envolvernos en esas cosas que producirán la pureza, salud, y gozo Cristiano en nuestras vidas. Esto significa que nuestro recreo y entretenimiento debe de cumplir los estandartes mas altos del paladar y la belleza Cristiana. Mientras reconocemos las diferencias culturales nuestra vestimenta ha de ser simple, modesta, y primorosa, conveniente de cuales la verdadera belleza no consiste de un adorno superficial sino en la ornamentación imperecedera de un espíritu manso y quieto. Esto también significa que porque nuestros cuerpos son templos del Espíritu Santo debemos de cuidarlos sabiamente. Junto con ejercicio y descanso adecuado debemos de adoptar la dieta mas saludable posible y abstenerse de comidas inmundas identificadas en las Escrituras. Ya que las bebidas alcohólicas, el tabaco, y el abuso de las drogas y narcóticos son dañinas a nuestros cuerpos debemos abstenernos de ellas; también. debemos ocuparnos en todo lo que traiga a nuestras mentes y cuerpos la disciplina de Cristo, quien desea nuestra gozo y bienestar.

Apoyo se encuentra en los siguientes pasajes Bíblicos: Romanos 12:1,2; 1 Juan2:6; Efesios 5:1-21; Filipenses 4:8; 2 Corintios 10:5; 2 Corintios 6:14-7:1; 1 Pedro 3:1-4; 1 Corintios 6:19,20; 1 Corintios 10:31; Levítico 11:1-47; 3 Juan 2.

23. El Matrimonio y la Familia

El matrimonio fue divinamente establecido en el Edén y afirmado por Jesús a ser una unión de por vida en compañerismo amoroso entre un hombre y una mujer. Para el Cristiano el compromiso de matrimonio es a Dios así como al cónyuge, y debería ser emprendida por parejas quienes comparten la misma fe. Amor mutuo, el honor, el respeto, y la responsabilidad son la fábrica de esta relación la cual ha de reflejar el amor, la santidad, intimidad, y permanencia de la relación entre Cristo y su Iglesia. Sobre el divorcio, Jesús enseño que la persona quien divorcia a su cónyuge sino fuera a causa de la fornicación, que se casare con otra, comete adulterio. Aunque algunas relaciones familiares pueden caer corto de lo ideal, los matrimonios quienes se someten completamente uno al otro en Cristo pueden realizar una unidad amorosa por medio de la dirección del Espíritu y nutrimento de la iglesia. Dios bendice a la familia y intenta que su membresía asista el uno al otro hacia la madurez completa. Los padres deben criar a sus hijos para amar y obedecer al Señor. Por su ejemplo y sus palabras ellos han de enseñarles que Cristo es un disciplinario amoroso, siempre haciendo y cuidando, quien quiere que ellos sean miembros se su Cuerpo, la familia de Dios. La unidad familiar es un distintivo testimonio de este mensaje evangelístico final.

Apoyo se encuentra en estos pasajes Bíblicos: Génesis 2:18-25; Mateo 19:3-9; Juan 2:1-11; 2 Corintios 6:14; Efesios 5:21-33; Mateo 5:31,32; Marcos 10:11,12; Lucas 16:18, 1 Corintios 7:10,11; Éxodo 20:12; Efesios 6:1-4; Deuteronomio 6:5-9; Proverbios 22:6; Malaquías 4:5,6.

24. El Ministerio de Cristo en el Santuario Celestial

Hay un santuario en el cielo, el verdadero tabernáculo el cual el Señor levanto y no el hombre. En él, Cristo intercede por nuestra parte haciendo disponible a todos los creyentes el beneficio de su sacrificio expíador ofrecido para todos en la cruz. Fue instaurado como nuestro Sumo Sacerdote y comenzó su ministerio intercesor al tiempo de su ascensión. En 1844 al final de los 2.300 días proféticos, Él entro a la segunda y última fase de su ministerio expíador. Este es una obra del juicio investigador la cual es parte de la última disposición de todo pecado, tipificado por lavamiento en el antiguo santuario Hebreo en el Día de Expiación. En ese típico servicio el santuario era lavado con la sangre de los animales sacrificados, pero lo celestial es purificado con el perfecto sacrificio de la sangre de Jesús. El juicio investigador revela a los seres celestiales quienes de los que duermen con los muertos son de Cristo y así en Él, son juzgados dignos de tener parte en la primera resurrección. También manifiesta quienes de los vivos cumplen con Cristo, guardando los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. Así en Él están preparados para el traslado a su Reino eterno. Este juicio vindica la justicia de Dios con salvar aquellos quienes creen en Jesús. Declara que aquellos quienes han permanecido fieles a Dios recibirán el reino celestial. La realización del ministerio de Cristo marcara el cierre del tiempo de gracia para el hombre y señala su Segunda Venida.

Apoyo se encuentra en estos pasajes Bíblicos: Hebreos 8:1-5; Hebreos 4:14-16; Hebreos 9:11-28; Hebreos 10:19-22; Hebreos 1:3; Hebreos 2:16,17; Daniel 7:9-27; Daniel 8:13,14; Daniel 9:24-27; Números 14:34; Ezequiel 4:6; Levítico 16; Apocalipsis 14:6,7; Apocalipsis 20:12; Apocalipsis 14:12; Apocalipsis 22:12.

25. La Segunda Venida de Cristo

La segunda venida de Cristo es la es la esperanza bendita de la iglesia, el colmo del evangelio. La venida del Salvador será literal, personal, visible, y mundial. Cuando Él regrese, los muertos justos serán resucitados y juntos con los vivos justos serán glorificados y llevados al cielo, pero los impíos vivos morirán. Las líneas proféticas por poco cumplidas a su final, juntos con la condición hoy día del mundo, indican que la venida de Cristo es inminente. La hora y el tiempo de ese evento no han sido revelados, pero somos exhortados a estar listos a todo tiempo.

Apoyo se encuentra en los siguientes pasajes Bíblicos: Tito 2:13; Hebreos 9:28; Juan 14:1-3; Hechos 1:9-11; Mateo 24:14; Apocalipsis 1:7; Mateo 24:43,44; Mateo 26:64; 1 Tesalonicenses 4:13-18; 1 Corintios 15:51-54; 1 Tesalonicenses 1:7-10; 1Tesalonicenses2:8; Apocalipsis 14:14-20; Apocalipsis 19:11-21; Mateo 24; Marcos 13; Lucas 21; 2 Timoteo 3:1-5; 1 Tesalonicenses 5:1-6.

26. La Muerte y la Resurrección

La paga del pecado es muerte. Pero Dios quien solo es inmortal concederá la vida eterna a sus redimidos. Hasta ese día la muerte es un estado de inconciencia para toda persona. Cuando Cristo, quien es nuestra vida aparezca, los justos resucitados y los justos vivos serán glorificados y recibidos a encontrarse con su Señor. La segunda resurrección, la resurrección de los impíos tomara lugar mil años después.

Apoyo se encuentra en estos pasajes Bíblicos: Romanos 6:23, 1 Timoteo 6:15,16; Eclesiastés 9:5,6; Salmos 146:3,4; Juan 11:11-14; Colosenses 3:4; 1 Corintios 15:51-54; 1 Tesalonicenses 4:13-17; Juan 5:28,29; Apocalipsis 20:1-20.

27. El Milenio y el Fin del Pecado

El milenio es el reinado de mil años de Cristo con sus santos en el cielo entre la primera y la segunda resurrección. Durante este tiempo los impíos muertos serán juzgados. La tierra será sumamente desolada, sin habitantes humanos vivos, pero ocupado por Satanás y sus ángeles. Al cierre, Cristo y sus santos y la Santa Ciudad, descenderá del cielo a la tierra. Los impíos muertos serán resucitados y Satanás y sus ángeles circundarán la ciudad pero el fuego de Dios los consumirá y limpiara la tierra. El universo así será librado del pecado y los impíos para siempre.

Apoyo se encuentra en estos pasajes Bíblicos: Apocalipsis 20; 1 Corintios 6:2,3; Jeremías 4:23-26; Apocalipsis 21:1-5; Malaquías 4:1; Ezequiel 28:18,19.

28. La Tierra Nueva

En la tierra nueva en la cual los justos vivirán, Dios proveerá un hogar eterno para los redimidos y un perfecto ambiente para vida, amor, gozo, e instrucción eterna en su Presencia. Es aquí donde Dios mismo morara con su pueblo y el dolor y la muerte dejarán de ser. El gran conflicto habrá terminado y el pecado no será mas. Todas las cosas vivientes e inanimadas declararán que Dios es amor y Él reinará para siempre. Amén.

Apoyo se encuentra en estos pasajes Bíblicos: 2 Pedro 3:13; Isaías 35; Isaías 65:17-25; Mateo 5:5; Apocalipsis 21:1-7; Apocalipsis 22:1-5; Apocalipsis 11:15.


Nota: originalmente publicado el 28 de setiembre de 2007.

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