jueves, 15 de julio de 2010

La homosexualidad / Declaración oficial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día

La Iglesia Adventista del Séptimo Día reconoce que cada ser humano es valioso a la vista de Dios, y por eso buscamos ministrar a todos los hombres y mujeres en el espíritu de Jesús. Creemos también que, por la gracia de Dios y con el ánimo de la comunidad de fe, una persona puede vivir en armonía con los principios de la Palabra de Dios.

Los adventistas creemos que la intimidad sexual es apropiada únicamente dentro de la relación marital de un hombre y una mujer. Ese fue el designio establecido por Dios en la creación. Las Escrituras declaran: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Gén. 2:24). Este patrón heterosexual es afirmado a través de todos las Escrituras. La Biblia no da cabida a la actividad o relación homosexual. Los actos sexuales realizados fuera del círculo de un matrimonio heterosexual están prohibidos (Lev. 20:7-21; Rom. 1:24-27; 1 Cor. 6:9-11). Jesucristo reafirmó el propósito de la creación divina cuando dijo: “¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne’’ (Mat. 19:4-6). Por estas razones los adventistas nos oponemos a las prácticas y relaciones homosexuales.

Los adventistas nos empeñamos en seguir la instrucción y el ejemplo de Jesús. Él afirmó la dignidad de todos los seres humanos y extendió la mano compasivamente a las personas y familias que sufrían las consecuencias del pecado. Él ofreció un ministerio solícito y palabras de consuelo a las personas que luchaban, aunque diferenciaba su amor por los pecadores de sus claras enseñanzas sobre las prácticas pecadoras.


Esta declaración fue votada durante el Concilio Anual de la Junta Directiva de la Asociación General el 3 de octubre de 1999 en Silver Spring, Maryland, EE.UU




Fuente: Seventh-day Adventist Position Statement on Homosexuality / Official Statements. General Conference of Seventh-day Adventists

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miércoles, 14 de julio de 2010

Afirmación del matrimonio / Declaración oficial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día

Las cuestiones relativas al matrimonio sólo pueden ser apreciadas en su verdadera dimensión cuando se las contempla en el contexto del ideal divino para el mismo. Dios estableció el matrimonio en el Edén, y Jesucristo afirmó su carácter monógamo y heterosexual, definiéndolo como una unión de amor y compañerismo para toda la vida entre un hombre y una mujer. Al culminar su actividad creadora, Dios formó a la humanidad como hombre y mujer hechos a su propia imagen; e instituyó el matrimonio como un pacto basado en la unión física, emocional y espiritual de dos géneros, a la que la Escritura llama “una sola carne”.

La unidad matrimonial, formada por la diversidad de los dos géneros humanos, refleja de un modo singular la unidad dentro de la diversidad de la propia Divinidad. A través de toda la Escritura, la unión heterosexual en el matrimonio es exaltada como un símbolo de los lazos entre Dios y la humanidad.

Es un testimonio humano del amor de un Dios que se da a sí mismo y de su alianza con su pueblo. La armoniosa vinculación de un hombre y una mujer en el matrimonio es el microcosmos de la unidad social que siempre ha sido reconocida como el ingrediente fundamental de las sociedades estables. Además, en la intención del Creador, la sexualidad matrimonial no estaba destinada a servir sólo a un fin cohesivo, debía también contribuir a la propagación y perpetuación de la familia humana. En el propósito divino, la procreación brota de, y se entrelaza con el mismo proceso mediante el cual el esposo y la esposa pueden encontrar alegría, placer e integridad física. Es precisamente a un marido y a una esposa, cuyo amor les ha permitido conocerse el uno al otro en un vínculo sexual profundo, a quienes un niño puede ser confiado. El hijo es la personificación viviente de su propia unidad. El niño en crecimiento se desarrolla idóneamente en la atmósfera de unidad y amor matrimonial en el cual fue concebido, y se beneficia de la relación con cada uno de sus padres naturales.

Se declara que la unión monógama de un hombre y una mujer es el fundamento divinamente ordenado de la familia y de la vida social, y que es el único ámbito moralmente apropiado para la expresión genital y las intimidades sexuales a ella asociadas. No obstante, el estado matrimonial no es el único plan de Dios para satisfacer las necesidades humanas de relación o para conocer la experiencia de la familia. Las personas que están solas en la vida y la amistad entre ellas están también dentro del plan de Dios. El compañerismo y el apoyo de los amigos aparecen de modo destacado en ambos testamentos de la Biblia. La confraternidad de la iglesia, la casa de Dios, está disponible para todos, independientemente de su estado civil. Sin embargo, la Escritura establece una clara demarcación social y sexual entre dichas relaciones de amistad y el matrimonio.

La Iglesia Adventista del Séptimo Día adhiere sin reservas a esta visión bíblica del matrimonio, creyendo que cualquier atenuación de esa elevada perspectiva supone, en idéntica medida, una rebaja del ideal celestial. Debido a que el matrimonio ha sido corrompido por el pecado, la pureza y la belleza del mismo, tal y como fue concebido por Dios, necesitan ser restauradas.

Por medio de una adecuada valoración de la obra redentora de Cristo y de la acción de su Espíritu en los corazones humanos, puede recobrarse el propósito original del matrimonio y realizarse la deliciosa y benéfica experiencia del matrimonio de un hombre y una mujer que unen sus vidas en el compromiso conyugal.


Esta declaración fue aprobada y votada por la Comisión Administrativa del Asociación General (ADCOM) el 23 de abril de 1996.




Fuente: An Affirmation of Marriage / Official Statements. General Conference of Seventh-day Adventists

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Afirmación de la familia / Declaración oficial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día

El lazo familiar es el más íntimo, el más tierno y la más sagrada de todas las relaciones humanas sobre la Tierra. Dios instituyó la familia como la proveedora principal de las relaciones cálidas y preocupada por el bienestar que el corazón humano anhela.

En el círculo familiar se satisfacen en forma significativa la necesidad profunda y permanente de un sentido de pertenencia, del amor y de la intimidad.

Dios bendice a la familia y tiene la intención de que sus miembros se ayuden mutuamente a alcanzar la madurez y la integración. En la familia cristiana, el sentido de valor personal y de dignidad de cada miembro es afirmado y protegido en un ambiente de respeto, igualdad, sinceridad y amor. En este círculo íntimo se desarrollan las primeras actitudes y las que son las más duraderas como relaciones, y se trasmiten los valores de una generación a la siguiente.

Dios también deseaba que por las relaciones familiares se obtuviera una revelación de sí mismo y de sus caminos. El matrimonio debe estar sostenido con amor mutuo, honor, intimidad y una dedicación para toda la vida, pues son los materiales que lo constituyen. Esta unión refleja el amor, la santidad, la proximidad y la permanencia del lazo entre Cristo y su iglesia.

El adiestramiento y la corrección de los niños por sus padres, y la correspondiente respuesta de los hijos al afecto que les muestran, refleja la experiencia de los creyentes como hijos de Dios. Por la gracia de Dios, la familia puede ser una agencia poderosa para conducir a sus miembros a Cristo.

El pecado ha pervertido los ideales de Dios para el matrimonio y la familia. Además, la complejidad creciente de la sociedad y el enorme estrés que afecta a las relaciones lleva a que haya crisis en muchas familias actuales.

Los resultados son evidentes en las vidas con relaciones quebradas, que son disfuncionales, y caracterizadas por una falta de confianza, conflictos, hostilidad y separación. Muchos miembros de la familia, incluyendo a los padres y los abuelos, pero especialmente las esposas y los hijos, sufren de violencia familiar. El abuso, tanto emocional como físico, ha alcanzado proporciones epidémicas. El creciente número de divorcios es una señal de un lto grado de discordia e infelicidad matrimoniales.

Las familias necesitan experimentar una renovación y una reforma en sus relaciones. Esto les ayudará cambiar las actitudes y prácticas destructivas que prevalecen en muchos hogares de hoy. Mediante el poder del evangelio, los miembros de las familias son capacitados para reconocer su pecaminosidad individual, y para aceptar las necesidades de unos y otros, y recibir el efecto redentor de Cristo en sus vidas y sus relaciones. Aunque algunas relaciones familiares no llegan a ser las ideales, y el restablecimiento de las experiencias dañinas sufridas pueden no lograrse en forma completa, donde reina el amor de Cristo, su Espíritu promoverá la unidad y la armonía, haciendo de esos hogares canales de gozo y poder que den vida en la iglesia y la comunidad.


Esta declaración pública fue puesta en circulación por el presidente de la Asociación General, Neal C. Wilson, después de consultas con los 16 vicepresidentes mundiales de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, el 5 de julio de 1990 en el Congreso de la Asociación General realizado en Indianápolis, Indiana, EE.UU.




Fuente: An Affirmation of Family / Official Statements. General Conference of Seventh-day Adventists

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jueves, 24 de junio de 2010

Los Congresos de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día / Historia

91 delegados se reunieron para la 27º Congreso de la Asociación General en 1888 en Minneapolis, Minnesota.

¿Qué es la Congreso de la Asociación General?
La Congreso de la Asociación General es el foro para elegir a los oficiales de la iglesia y la votar los cambios a la Constitución de la iglesia. Los delegados también escucharan los informes de cada una de las 13 regiones administrativas de la iglesia. Los delegados con voto en el Congreso representan las regiones del mundo, tanto por la población de la iglesia o la autonomía financiera de las regiones administrativas. La Constitución establece que al menos el 50 por ciento de los delegados serán laicos, pastores, maestros, y empleados no administrativos de ambos sexos y que representan una gama de edades y nacionalidades. Los miembros de la Iglesia también tendrán la oportunidad de reconectarse con amigos de todo el mundo.

Cambios a través del tiempo

Mientras que los Congresos se celebran actualmente en estadios de fútbol, fotografías de los primeros Congresos muestran a los delegados alineados a lo largo de la entrada de una pequeña iglesia. En aquel entonces, los líderes del movimiento llegaban al Congreso en el estado de Michigan EE.UU. en su mayoría de la región central y noreste de Estados Unidos en tren o en caballo y carruajes. Hoy en día, alrededor de un tercio de los integrantes del movimiento reside ahora en África, con otra tercera que residen en América Central y América del Sur. Brasil cuenta actualmente con más adventistas que cualquier otro país, 1,3 millones.

Inicios de los Congresos

Los líderes adventistas del séptimo día se reunieron en Battle Creek, Michigan, en 1863 "con el propósito de organizar una Conferencia General", lo dice el acta de esa reunión. La reunión se inició en la tarde del 20 de mayo, durante la cual los delegados eligieron a un presidente y un secretario. Durante la reunión, los delegados redactaron una constitución y estatutos. También estableció el liderazgo de la Conferencia compuesto por un Presidente, Secretario y Tesorero. Hoy en día, la misma estructura oficial se mantiene en todos los niveles de administración de la iglesia.

Battle Creek fue el sitio de 26 de la primeros 31 Congresos de la Asociación General El primer Congreso celebrado, al oeste del río Mississippi fue en noviembre de 1887 en Oakland, California. El Congreso se ha celebrado fuera de los EE.UU en tres ocasiones: en 1975 en Austria, los Países Bajos en 1995 y en Canadá en 2000. Atlanta será el 59ª Congreso.

Frecuencia

El tiempo entre las sesiones ha alargado durante los años. Los Congresos se llevaron a cabo cada año hasta 1891. Los Congresos se celebraron a continuación, cada dos años hasta 1905. El Congreso se tomó un descanso de cuatro años, seguido por otra pausa durante la Primera Guerra Mundial, antes de reunirse de nuevo en 1918. Después, el Congreso se celebró cada cuatro años, hasta la Gran Depresión. El Congreso se celebró en 1930, pero no hasta 1936 y luego en 1941. Desde 1970, la sesión se ha llevado a cabo cada cinco años, como es asignado por mandato de la Constitución de la Iglesia Adventista.

Reunión lugares

Recientes Congresos de la Asociación General se han celebrado en estadios de béisbol y fútbol en los EE.UU., Canadá y Europa. Pocos lugares en el mundo ofrecen las comodidades necesarias para tal evento: asientos para 70.000 asistentes, personal de apoyo local que hablan inglés (el idioma oficial de servicios de la iglesia), transportes fiables y rentable, y seguridad alimentaria para una gran grupo.
Próxima sesión

Mientras los adventistas tenemos la esperanza que la segunda venida de Cristo tendrá lugar antes de la próxima Congreso de la Asociación General en 2015, la denominación ha reservado el Alamo Dome en San Antonio, Texas... por si acaso.

Los edificios de la Iglesia ya no podían contener los Congreso de la Asociación General al comienzo de 1900. Arriba, los delegados se reúnen en el Auditorio de Exposiciónes de San Francisco, California, en 1936. Congresos posteriores fueron movidos a grandes estadios. A continuación (foto), el Congreso en el Edward Jones Domo, de St. Louis, Missouri, en 2005.





Fuente: General Conference of Seventh-day Adventists
Traducción: MF / OjoAdventista.com
Fotografías: General Conference of Seventh-day Adventists

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viernes, 4 de junio de 2010

1+1+1=Uno: la piedra angular de la teología bíblica. Por Norman R. Gulley

«Yo no creo en la Trinidad!» A esa conclusión llegaron algunos de los pioneros adventistas. Los cuestionamientos hacia el tema continuaron durante 87 años y hoy esos debates han regresado. ¿Se está repitiendo la historia? «¿Es Dios una Trinidad?» «¿Es realmente importante?» «¿No dice la Escritura acaso: “Oye, Israel: Jehová, nuestro Dios, Jehová uno es”?» (Deut. 6:4, cf. 4-9; 11:13-21; Núm. 15:37-41).

¿Qué perdemos si Dios es realmente una persona? En primer lugar, Cristo no podría ser nuestro Salvador. Fue el Espíritu Santo el que trajo a Cristo hasta María. Fue el Padre el que respondió las oraciones de Cristo y le dio la ayuda que necesitaba. La Trinidad es importante. Nuestra vida eterna depende de esta verdad.

El Señor nuestro Dios es uno

¿Por qué dijo Dios entonces: «Jehová, nuestro Dios, Jehová uno es»? En el Antiguo Cercano Oriente, numerosas deidades rodeaban y ponían en peligro a Israel. Dios sabía que su pueblo se sentiría atraído por esos dioses y lo abandonarían. En ese contexto dijo: «Solo yo soy Dios» («no hay otro», Deut. 4:39). Es por ello que el prólogo de los Diez Mandamientos expresa: «Yo soy Jehová, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto […]. No tendrás dioses ajenos delante de mí». (Éxo. 20:2, 3). Solo el verdadero Dios podía mostrar su poder salvador en el Mar Rojo. La palabra «uno» expresa el carácter único de Dios, y no que esté solo.

La palabra «uno» es utilizada como traducción de dos términos del hebreo bíblico: yahîd (hijo único, Gén. 22:2) y ’ehad (los que se casan «llegan a ser una sola carne», Gén. 2:24). «Jehová uno es» usa el término ’ehad, lo que significa que Dios no está solo aunque es un Dios único. Expresa que Dios está unido, o que es más que una Persona. Las Escrituras declaran que Dios es amor (1 Juan 4:8-16). Antes del comienzo de toda creación hubo una eternidad donde Dios era amor. No podía ser amor si estaba solo. ¿A quién podía amar? Se necesita más de uno para amar. Por ello, la naturaleza de Dios requería que hubiera más de una Persona.

Vestigios de la Trinidad en el Antiguo Testamento

Las Escrituras indican a menudo que Dios es más que uno. La pluralidad es señalada en las siguientes instancias: «Dios dijo [singular]: “Hagamos [plural] al hombre”» (Gén. 1:26). Después de la entrada del pecado al mundo, «el Señor Dios dijo [singular]: “El hombre ha venido a ser como uno de nosotros [plural]”» (Gén. 3:22). En respuesta a los constructores de la Torre de Babel, Dios [singular] dijo: «Descendamos y confundamos [plural] allí su lengua» (Gén. 11:7). Isaías dijo: «Oí la voz del Señor [singular] que decía: “¿A quién enviaré y quién irá por nosotros [plural]?”» (Isa. 6:8). Aunque enfatizó el Dios único para guardar a su pueblo de los muchos dioses, Dios permitió que Israel tuviera vislumbres de que la Deidad es más que una Persona. Esto se refiere en realidad a una dimensión diferente. Si Dios hubiera sido solo una Persona, ¿quién se habría hecho cargo del universo mientras Cristo estuvo en la tierra, y dónde habría estado Dios cuando Cristo estuvo en la tumba?

Las Escrituras designan al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo como Dios. Permítanme enumerar algunos poderosos ejemplos: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra» (Gén. 1:1), y él creó el universo por medio de su Hijo (Heb. 1:1, 2). Después de su muerte, Cristo «se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas» (Heb. 1:3). El Padre le dijo: «Tu trono, Dios, por los siglos de los siglos» (vers. 8). El Padre llamó Dios a Cristo (cf. Juan 1:1-3, 14). Pablo dijo a los efesios: «No entristezcáis al Espíritu Santo de Dios» (Efe. 4:30). Pedro le dijo a Ananías que había mentido al Espíritu Santo (Hech. 5:3) y que, al hacerlo, no había mentido «a los hombres, sino a Dios» (vers. 4).

La Escritura interpreta a la Escritura

Algunos dicen que la Trinidad aparece solo explícita en el Nuevo Testamento. Un buen ejemplo es cuando el Padre le habla a Cristo en su bautismo y el Espíritu Santo desciende sobre este como paloma (Mat. 3:16, 17). Otro ejemplo es la comisión evangélica, donde Cristo envía a sus hijos a bautizar en el nombre de los tres (Mat. 28:19). Un tercer ejemplo son las últimas palabras de Pablo en su segunda epístola a los corintios: «La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros» (2 Cor. 13:14). De manera que el Nuevo Testamento enseña claramente la Trinidad.

En el Antiguo Testamento, sin embargo, la Trinidad aparece más de lo que muchos creen. Cuando la Escritura interpreta a la Escritura, descubrimos que el Antiguo Testamento tiene qué decir sobre el tema. En Lucas 4:18 y 19, Cristo cita a Isaías 61:1 y 2 y, al hacerlo, reconoce que los versículos hablan de su misión. En otras palabras, Cristo comentó esos versículos de Isaías destacando que hablan de la Trinidad, de la siguiente manera: «El Espíritu [Espíritu Santo] de Jehová, el Señor [el Padre], está sobre mí [el Hijo]» (Isa. 61:1).

En varios lugares de Isaías, la Trinidad aparece de manera explícita. He aquí tres ejemplos adicionales: En primer lugar, Isaías 42:1 dice: «Este es mi siervo, yo lo sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento. He puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones». Dios el Padre habla de su Hijo, a quien le dio su Santo Espíritu. El Nuevo Testamento corrobora que este pasaje de Isaías se cumplió en el ministerio de sanidad de Jesús (Mat. 12:15-21), quien fue enviado por el Padre (Juan 3:16, 17) y capacitado por el Espíritu Santo (Mat. 3:16, 17; Luc. 4:18). En segundo término, Isaías 48:16 declara: «Acercaos a mí, oíd esto […]. Y ahora me envió [a Cristo] Jehová el Señor [el Padre], y su Espíritu [Espíritu Santo]». En tercer lugar, en Isaías 63:7-16, se hace una referencia al «ángel de su faz» que «los salvó» (vers. 9, Cristo), al Espíritu Santo (vers. 10), y al Padre (vers. 16).

Si fuera abandonado en una isla desierta y solo pudiera llevar un libro del Antiguo Testamento y otro del Nuevo Testamento, elegiría a Isaías y a Juan. En ambos se halla la Trinidad. Tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo nos hablan del amor de Dios. Isaías 53 es uno de los mejores capítulos bíblicos del amor del Salvador por todos nosotros. El profeta Isaías presenta a la Trinidad con mayor especificidad que cualquier otro escritor del Antiguo Testamento. En el Antiguo Testamento se nos dice que Dios no cambia (Mal. 3:6), un concepto que es repetido en el Nuevo Testamento: «Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos» (Heb. 13:8).

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se aman mutuamente; o sea que cada uno ama a Dios y a sus prójimos (cf. Mat. 22:37-40). Ese amor es eterno y recíproco, y fluye hasta entrar a las vidas humanas de manera que en cierta medida reflejen el amor por Dios y por los demás. Un Dios solitario no podría ser un Dios de amor. ¡Qué maravillosa Trinidad!



Fuente: Adventist World
Autor: Norman R. Gulley es profesor de investigación en Teología Sistemática en la Southern Adventist University, en Collegedale, Tennessee, Estados Unidos. Actualmente trabaja en el cuarto y último volumen de su teología sistemática (Systematic Theology), publicada por Andrews University Press.

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lunes, 10 de mayo de 2010

Estilos adventistas de adoración. Por Bert B. Beach

A medida que conozco otras culturas, me siento intrigado por la amplia gama de estilos adventistas de adoración. Creo que esta diversidad irá en aumento a medida que la Iglesia Adventista crezca de manera sostenida en todo el mundo. ¿Existe algún principio que pueda guiarnos para conectar la cultura con la adoración?

La historia muestra que la cultura influye decididamente en la forma de celebrar el culto de adoración. Si bien el pueblo de Dios no debe ser del mundo, la iglesia existe en el mundo y por lo tanto la adoración se desarrolla dentro del marco cultural. En ese contexto, podemos tener en cuenta estos cinco principios relacionados con la adoración y la cultura:

1. La adoración adventista es transcultural. Cristo y el evangelio eterno trascienden la cultura. Aunque el mensaje cristiano se predica dentro de un marco cultural, debe superar ese marco y trascender las limitaciones culturales. El evangelio es eterno, pero la cultura está ligada al tiempo. El evangelio es “ecuménico”; es decir, debe alcanzar a todo el mundo.

2. La adoración adventista es contextual. La adoración adoptada en un lugar particular incorporará componentes de la cultura local. Sin embargo, se debe ejercer gran cuidado para asegurarse de que esta contextualización no incluya elementos que sean incongruentes con el evangelio de salvación. Al mismo tiempo, es importante colocar el evangelio y la adoración cristiana en el contexto de la cultura local. Algunos teólogos utilizan el término encarnación para describir este proceso. Más allá del término, la adoración no se debería adaptar a la cultura, pero debería adoptar elementos culturales que ayuden a comunicar el evangelio.

3. La adoración adventista es “contracultural”. Esto significa que la adoración no se debe conformar al mundo, sino transformar a los adoradores y su cultura. Aunque la adoración no está necesariamente en contra de la cultura, se debe reconocer que existen componentes culturales que son contrarios a las normas cristianas, y deben por lo tanto ser rechazados. En tales casos, la iglesia debe hablar en contra de ciertas prácticas culturales y efectuar un llamado a “salir” de la Babilonia cultural.

4. La adoración adventista es intercultural. El cristianismo no puede limitarse a una cultura, nación, grupo étnico o idioma. Es contraproducente referirse a la iglesia como “norteamericana”, “suburbana”, “latina” o con cualquier otro adjetivo restrictivo. La cultura está limitada por el espacio, pero el evangelio de la adoración no conoce latitudes o longitudes.

5. La adoración adventista es multicultural. Aun en el marco local, la iglesia no necesita identificarse con una cultura, idioma, o estrato económico. La iglesia debe ser multicultural y proporcionar una adoración que sirva a las diversas culturas. Cuanto mejor lo haga, más eficaces serán su evangelismo y su servicio. Después de todo, el Señor de la iglesia enfatizó que su iglesia tiene que ser “una casa de oración para todos los pueblos” (Isaías 56:7).



Fuente: Diálogo Universitario
Autor: Bert B. Beach (Ph.D., Université de Paris, Sorbonne) fue director de Relaciones entre Iglesias y Libertad Religiosa de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día.

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lunes, 12 de abril de 2010

Decidida a servir. Por Adriel D. Chilson

La primera médica adventista nos enseñó una lección de determinación.

“¡Thomas! ¡Los perros están ladrando! ¡Hay un lobo! ¡Mi bebé!”, exclamó Katherine. Con una horquilla, Thomas corrió hasta donde dormía su hijita.
Esa mañana, el matrimonio había envuelto a la pequeña Katie y la habían colocado sobre el césped, a la vez que ordenaban a sus dos fieles perros que la cuidaran mientras aventaban heno a cierta distancia. Un lobo enorme había surgido del bosque, pero los perros lo habían ahuyentado.

“¡Gracias a Dios! ¡El lobo se la podría haber llevado!”, exclamó la madre.

La familia Lindsay acababa de emigrar de Escocia y se había establecido en una propiedad boscosa de Wisconsin, cerca del Lago Mendota en Estados Unidos. Allí construyeron una cabaña de troncos para protegerse de los lobos, los osos y el invierno. Cuando Katie creció no solo ayudó a cuidar de sus siete hermanos menores sino que también comenzó a colaborar en las tareas de la granja.

Cuando aprendió a leer, desarrolló un apetito insaciable por los libros. Para asistir a la escuela tenía que caminar más de seis kilómetros por el bosque lleno de sonidos salvajes. Pero los libros y la escuela eran su vida. Su pupitre había sido hecho con un tronco cortado a la mitad y Katie usaba un largo palito para escribir en la tierra alisada al frente de la escuela.

Después de leer un libro sobre Florencia Nightingale, comenzó a pensar que podía estudiar enfermería. “La dama de la lámpara”, como se conocía a Florencia, había pasado incontables horas cuidando a los soldados heridos en la guerra de Crimea. Kate recordaba las muertes de cuatro de sus hermanitos como resultado de enfermedades de la niñez. ¡Si tan solo hubiera sabido qué hacer para salvarlos!

En noviembre de 1859, Isaac Sanborn se dirigió hacia Hundred Mile Grove, al noreste de Madison, para dar conferencias bíblicas. Cuando el tren en el que viajaba quedó atascado en la nieve, Sanborn tomó sus maletas y caminó hasta el pueblo. Preguntó por una escuela, y entonces anunció reuniones vespertinas. Entre los asistentes estaba la familia Lindsay y sus vecinos los Rankin, con sus ocho hijas pelirrojas. Kate y su familia aceptaron allí las enseñanzas bíblicas adventistas.

Cuando se hizo imperiosa la necesidad de un templo, Thomas Lindsay ofreció una porción de su terreno y su vecino Alexander Rankin hizo lo mismo. Pronto se construyó una iglesia que llegó a ser conocida como la Iglesia de Hundred Mile y estuvo en pie durante casi cien años.

Un día Kate entró corriendo a la casa con el último número del Second Advent Review and Sabbath Herald, el órgano oficial de la iglesia. “¡Miren! Dice que en Battle Creek han abierto un pequeño hospital llamado Instituto Occidental de Reforma Pro Salud. Tengo que ir allí y aprender a ayudar a los enfermos. Me gustaría realmente hacer ese trabajo. ¡Podría llegar a ser una enfermera e inclusive una doctora!”

Kate estaba decidida. De alguna forma iría a Battle Creek; nadie podría quitarle sus aspiraciones de ayudar a los enfermos. Pocos meses después, Kate Lindsay dejó su hogar y se dirigió al Instituto de Battle Creek.

Sus primeras tareas no fueron tan agradables; tuvo que limpiar, cepillar y fregar. Pero Kate sabía lo que quería. En el hospital había pacientes a quienes podía ayudar y un médico del que podía aprender mucho. Lo extraño es que no había ni siquiera una enfermera preparada. Decidió que ella sería enfermera, y que seguiría estudiando.

Kate había oído hablar del creciente número de instituciones que utilizaban la hidroterapia en reemplazo de medicinas que a menudo constituían un veneno. Una de las más reconocidas estaba dirigida por el Dr. Thatcher Trail, de Florence Heights, New Jersey. Tan pronto como pudo ahorrar unos dólares, viajó a esa institución para realizar el curso de dos años en enfermería.

Al regresar a Battle Creek en el otoño de 1869, trabajó fielmente como enfermera, pero nunca perdió de vista su objetivo de ser doctora. Cuando la Facultad de Medicina de la Universidad de Michigan, en Ann Arbor, abrió sus puertas al sexo femenino, Kate se matriculó en la carrera.

La aceptación de mujeres no se logró sin recelos. El hecho fue catalogado como “un dudoso experimento”. Los habitantes de esta pequeña ciudad observaban a estas damas con curiosidad. Se las señalaba y ridiculizaba; eran objeto de burlas y en las residencias para estudiantes dudaban en admitirlas. En la calle, Kate y sus compañeras escuchaban comentarios como éstos: “La mente femenina no puede captar la enseñanza de disciplinas profesionales”. “Su salud no podrá soportar la tensión”. “Es un tremendo disparate”. “Arruinará a la institución porque la opinión pública hará que den marcha atrás”.

Finalmente, en 1875, llegó el glorioso día cuando Kate recibió su título de médica de la Universidad de Michigan. Regresó a Battle Creek, a lo que ahora se llamaba Sanatorio Médico y Quirúrgico de Battle Creek, para trabajar como doctora bajo las órdenes del Dr. J. H. Kellogg.

La Dra. Lindsay fue asignada como directora del Departamento de Obstetricia y Pediatría. En ese puesto, dejó de lado las comodidades de un hogar y decidió dormir en una habitación contigua a su consultorio, para estar disponible a toda hora. Casi nunca usaba el ascensor, porque creía que era más saludable subir y bajar por las escaleras. Kate enfatizó mucho el uso de remedios naturales y fue una firme defensora del aire puro y de mantener las ventanas abiertas, además de beber mucha agua y bañarse con frecuencia.

Gracias a sus persistentes esfuerzos se inauguró una escuela de enfermería. Los libros de texto eran folletos donde había compilado sus copiosas anotaciones. Era sumamente puntual, y esperaba que todos sus estudiantes lo fueran. A menudo se la veía caminar de una clase a la otra con un enorme reloj despertador y la lista de asistencia.

La Dra. Lindsay expresó su filosofía de la enfermería al dirigirse a la clase de graduandos el 9 de noviembre de 1891: “Es desafortunado que el mundo no consideró antes que esta obra requiere estudios y preparación adecuados. Así como se pensaba que una mujer sabe por instinto lo que precisa hacer para cumplir sus deberes de madre, se pensaba que se podía ser enfermera por intuición. Recién hace poco se ha descubierto que la enfermería precisa educación y dedicación cuidadosos de modo que requiere que aun las mentes más cultivadas utilicen todas sus facultades…

“La enfermera necesita recordar que cada habitación del hospital es un campo misionero. El consuelo de la religión jamás es tan precioso como en el momento de la enfermedad y el sufrimiento, cuando acaso las cosas de esta vida se desvanecen. Nadie se encuentra en ese momento, tan aliado al sufriente, como la enfermera. El ministro y el médico pueden hacer visitas periódicas, pero no pueden estar en una relación tan estrecha y confidencial con el paciente, como una enfermera.
“Recordad que vuestra misión es hacer el bien al prójimo, sanar a los enfermos y aliviar el sufrimiento. Al hacerlo así, estaréis caminando directamente en las huellas del Maestro”.*

En 1895 la Dra. Lindsay aceptó un llamado para colaborar con el personal médico y de enfermería en el Sanatorio Claremont, en Sudáfrica. Los mejores médicos de Ciudad del Cabo pronto reconocieron sus habilidades y conocimientos, y a menudo la consultaban.

Cuando regresó a los Estados Unidos cuatro años más tarde, trabajó en el Sanatorio de Colorado, en Boulder.

Kate Lindsay pasó al descanso en marzo de 1923, en el corazón de las Montañas Rocallosas que tanto amaba.



Fuente: AdventistWorld.org / Este artículo ha sido adaptado del libro They Had a World to Win (Un mundo que ganar - Copyright © 2001 de la Review and Herald Publishing Association. Usado con permiso).
Autor: Adriel D. Chilson, descendiente de Elena y Jaime White, fue pastor y evangelista adventista por más de cincuenta años.
Referencia: * Kathryn Jensen Nelson, Kate Lindsay, M.D., pp. 111, 112.

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jueves, 11 de marzo de 2010

John Nevins Andrews, el primer misionero al extranjero


John Nevins Andrews

Julio 22, 1829 - Octubre 21, 1883

J.N. Andrews por lo general representa una cosa para los adventistas del séptimo día: fue el primer misionero adventista que viajó a Europa Occidental en 1874, para establecer la obra en Suiza. Pero no debemos olvidar que él también fue el autor del libro histórico History of the Sabbath (Historia del Sábado). Pocos de nosotros conocemos a J. N. Andrews como el tercer presidente de la Asociación General, del 14 de mayo de 1867 al 18 de mayo de 1869. Pero eso es lo que fue él, precedido solamente por John Byington y Jaime White. El gigante literario y acucioso erudito, fue también una vez el editor de nuestra venerable revista de la iglesia, la Review and Herald. Aunque vivió solamente cincuenta y cuatro años, se distinguió como uno de los mejores escritores que jamás hayamos tenido. Estuvo estrechamente asociado con el pastor Jaime White y su esposa en el liderazgo pionero y la obra evangelizadora de la naciente iglesia.

Andrews hizo labor sólida en su servicio pionero en Europa Occidental. En muchos aspectos, él estaba calificado para la obra de misión en el extranjero. En otros, lo hubiera hecho mejor en su propia tierra. Sin embargo, Dios lo usó para reunir a los grupos esparcidos de observadores del sábado en Inglaterra y en el Continente, y para organizar la obra con sede en Basilea, Suiza. Él murió al pie del arado, como un sacrificado misionero pionero.

(Ver: Footprints of the Pioneers, pp. 91-98; Pioneer Stories Retold, pp. 101- 114.)

Una Historia acerca de John. N. Andrews

De muchacho, J. N. Andrews deseaba ser congresista en Washington, D.C. Soñaba con su futuro, y juzgando por su floreciente vigor intelectual y sus habilidades literarias, podría haberlo logrado. Su tío Charles fue congresista y un hombre de importancia política en Maine, pero Dios tenía otros planes mayores para John.

En la primavera de 1844, un folleto llegó a las manos de una familia de apellido Stowell, en Paris, Maine. Este folleto era una reimpresión de un artículo que apareció en un periódico adventista de Portland conocido como The Hope of Israel (La Esperanza de Israel). El propósito de este folleto era convencer a la gente de que el séptimo día era el sábado cristiano y que debería ser guardado en lugar del domingo. Stowell tomó el folleto y lo puso a un lado, pero su hija Marian de quince años de edad lo recogió y lo leyó. Ella se convenció Y asimismo su hermano Oswaldo después de haberlo leído. Luego Marian compartió el folleto con John Andrews, entonces sólo de quince años de edad. Él lo leyó, se lo devolvió, y preguntó: “¿Han leído esto tu papá y tu mamá?”

“No”, dijo Marian, “pero yo sí, y encuentro que nosotros no observamos correctamente el sábado. ¿Qué piensas, John?”

“Yo pienso que el séptimo día es el sábado. Y si tú y yo pensamos eso, Marian, nosotros debemos observarlo”.

“Por supuesto. Mi hermano y yo hemos guardado el sábado pasado. Estaremos contentos de que te unas a nosotros. Pero tú lleva el folleto del pastor Preble a tu padre y madre para que lo lean”.

“De acuerdo”. El señor Andrews lo leyó, luego lo devolvió a los Stowells. Y ambas familias guardaron el siguiente sábado, reuniéndose para el servicio en una de sus habitaciones.

Bien, si no hubiera sido por la intervención de ese folleto, John Nevins Andrews nunca podría haber llegado a ser un gran autor, líder religioso y misionero.

Pronto después de aceptar la verdad propugnada por los adventistas observadores del sábado, el joven John tuvo una extraña experiencia. En Paris, donde él vivía, había un grupo de fanáticos que sembraban semillas de discordia entre los cristianos observadores del sábado. La presencia de estos fanáticos era tan conflictiva que no se realizaron reuniones durante año y medio. Pero después de un tiempo, se anunció una reunión y asistieron los líderes de la iglesia. En esta reunión los fanáticos fueron derrotados. El poder de Dios descendió de manera semejante a como lo hizo en el día del Pentecostés. Los padres se confesaban a sus hijos, los hijos a sus padres y unos a otros. J.N. Andrews, con profunda emoción, exclamó: “Intercambiaría mil errores por una verdad”.

En este servicio este joven llegó a un punto de decisión que echó la suerte para toda su vida futura. Se entregó a la obra de impartir el mensaje que había llegado a amar. Todo el resto de su vida vivió para impulsar los intereses del reino de Dios. ¡Qué ejemplo para nosotros!



Fuente: Centro de Investigación E.G. White / Universidad Peruana Unión

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viernes, 12 de febrero de 2010

Sir Patrick Allen: de pastor a gobernador de Jamaica

Por provenir de un jefe de 
Estado, las palabras eran 
inusuales y aun llamativas. Pero el honorable doctor Patrick Linton Allen no es un jefe de Estado más.

En efecto, el sexto gobernador general de Jamaica no solo es el primer adventista en ocupar este reverenciado puesto sino también es el primer pastor adventista en el mundo en obtener un cargo semejante. Elena White, una de las pioneras fundadoras del movimiento adventista, habló de un tiempo cuando los adventistas ocuparían 
altos cargos públicos, como es el caso de Allen.

Es por ello que cuando el gobernador general habla de la necesidad de un tipo particular de descanso, sus palabras tienen un significado especial, y no solo para su familia adventista.

Y continuó diciendo: “Todo se detiene. La gente sabía, antes que yo aceptara, que entre las puestas del sol del viernes y el sábado, no puedo ser molestado. Es mi tiempo de respiro y lo necesito porque es muy precioso para mí. El país lo sabe y por eso nadie me presiona para que realice actividades en ese día”.

Para un momento como este

El anuncio de la designación de Allen el pasado 13 de enero (que 
contó con la aprobación de la reina Elizabeth II, la real “jefa de Estado”, a quien representa el gobernador) resultó un tanto sorprendente en Jamaica, 
la tercera isla más grande del Caribe (235 kilómetros de largo y 56 de ancho). Los gobernadores anteriores habían sido educadores o estadistas, pero ahora es un pastor, y un pastor adventista.

Si bien en el mundo hay un adventista por cada 423 habitantes (según la cifra oficial 2007 de 6 624 528 000 habitantes), la Iglesia Adventista, de 146 años de existencia, no es tan bien conocida o comprendida como podría ser. El hecho de contar con un adventista como gobernador de Jamaica 
–donde la iglesia es ampliamente reconocida como el mayor grupo protestante del país, ya que un once o doce por ciento de la población es adventista– pone a la denominación a la vista de todos, no solamente en la isla, sino también en la región.

“Para muchos de nosotros, contribuye a la estima de la iglesia –dijo Derek Bignall, el pastor adventista que sucedió a Allen como presidente de la Unión de las Indias Occidentales–. Ahora sabemos que tenemos que destacarnos más en nuestra obra”.

Bignall añadió que la actitud interna ahora es: “Enderecemos los hombros y caminemos derechos, porque somos adventistas”.

El reverendo Courtney Stewart, un ministro bautista que dirige la Sociedad 
Bíblica de las Indias Occidentales, es un amigo de larga data de Allen, quien codirige la junta de la sociedad. La 
designación como gobernador general es un buen testimonio sobre este pastor adventista y las personas que representa, dijo Stewart.

Bignall añadió: “La mayor parte de la Iglesia Adventista local e internacional se siente muy feliz de que [Jamaica] pueda tener un líder de esas condiciones y capacidad, en una posición sumamente destacada en el país”

Pasos hacia el liderazgo

Las condiciones y la capacidad parecen definir la vida de Allen, que nació en la aldea de Fruitful Vale, en el distrito jamaiquino de Portland, como hijo y nieto de adventistas. Comenzó a trabajar para la iglesia en 1981, después de una década de servir al gobierno de su país. Fue pastor de diversas iglesias adventistas en Clarendon y St. Catherine, iglesias que crecieron espiritual y numéricamente. Estuvo a cargo de congregaciones de hasta mil seiscientos miembros, bautizando cientos de conversos y estableciendo varias nuevas iglesias.

Ese récord hizo que fuera llamado a colaborar como presidente de la Asociación Central de Jamaica, que en ese momento era el territorio de habla inglesa más grande en la División 
Interamericana. Solo dos años después, en 2000, fue elegido presidente 
de la Unión de las Indias Occidentales; allí cumplió sus tareas durante 
ocho años.

En la Unión, Allen fue responsable de liderar el crecimiento y desarrollo de la Iglesia Adventista en Jamaica, las Bahamas, las islas Turcas y Caicos y 
las islas Caimán. Presidió las juntas de la Unión de las Indias Occidentales, 
la Universidad del Norte del Caribe, 
el Hospital Andrews Memorial, la 
empresa West Indies Investment 
Management Ltd. (IML), la sede 
regional de la Agencia Adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales (ADRA) y el Centro del Libro y de 
Nutrición. Durante estos años se establecieron dos nuevas Misiones, y un tercer campo misionero en las islas Caimán, se convirtió en Asociación. La feligresía pasó de 190 mil en 2000 a 263 mil en 2008, lo que representa un incremento del 38 por ciento.

Allen también encontró tiempo para servir a su país: fue miembro de la Autoridad Civil de Supervisión Policial; la Comisión de Supervisión de la Implementación de la Evaluación Estratégica de la Fuerza Policial de Jamaica; la Public Broadcasting Corporation de Jamaica; y sirvió como juez de paz del distrito de Manchester desde 2003.

Estos logros hicieron que Allen calificara para otro reconocimiento; en agosto de 2006, el gobierno de Jamaica le confirió el rango de Comandante de la Orden de Distinción por sus servicios a la educación, religión y trabajo social. Sir Kenneth Hall, quien entonces era el gobernador general, le entregó la distinción, sin que ninguno de los dos imaginara que Allen lo sucedería en el cargo.

Un círculo más amplio

Durante una entrevista exclusiva de cuarenta minutos con Adventist World, Allen reconoció que los jamaiquinos esperan que el hombre que atendió congregaciones, ahora pueda influir en este país de dos millones ochocientos mil habitantes.

“Desde todos los ámbitos, la gente espera que yo cumpla; saben que no tengo el tipo de autoridad administrativa para implementar cambios estructurales, pero que puedo hacer uso del poder que me ha sido conferido, que es el poder del carácter, […] para traducirlo en la clase de liderazgo que ellos estarán dispuestos a seguir”, dijo

“Mi función es motivar a las personas para que se unan a mí en la tarea de ser mentores de una generación que se convertirá en líder de la nación […]. Es básicamente en los ámbitos sociales y de liderazgo donde soy responsable de brindar orientación moral al país, de ser su mentor y de contribuir a la unión del mismo”, declaró.

Aunque los adventistas por 
tradición han sido cuidadosos de no mezclar las actividades de la iglesia 
y el Estado, un observador dijo que Allen –que renunció a su cargo de 
presidente de Unión para aceptar la designación de gobernador general– 
tiene una oportunidad única.

“Es un terreno completamente nuevo para el país, porque tenemos un verdadero hombre de Dios en el cargo principal y eso nos da la oportunidad de demostrar como cristianos qué diferencia podemos hacer en un puesto semejante. Representa un gran desafío y una gran oportunidad”, dijo Desmond Allen , editor ejecutivo del Jamaica.

Observer, quien no tiene parentesco con el gobernador general. En una entrevista que Desmond Allen le hiciera a Patrick Allen en 2005, lo puso a la vista del público sacando a luz su obra y accionar y fue catalogado como uno de los “secretos mejor guardados del país”.

Según el periodista, el líder adventista “combina las características de un hábil líder y un hombre de Dios. Queda muy claro que es un hombre de profunda fe personal y de una comprensión acabada de los asuntos de Estado”.

Este periodista afirmó que aunque “algunos pensaron que el adventismo sería impuesto, otros sintieron que necesitábamos algún tipo de brújula moral”, por lo que celebraron la designación de Allen.

Esa “buena decisión” no ha hecho que el gobernador general olvide sus raíces.

Él mismo nos dice: “Lo que hago y la vida que llevo están influidos por la iglesia. Me siento perdido lejos de ese ámbito. No tengo por qué dudar o temer; sé que tengo un fundamento sólido. Nadie me recrimina mi moral o mi estilo de vida; por el contrario, la gente lo aprecia y me mira con respeto. Todo ello es resultado de vivir según las enseñanzas de la iglesia”.

Allen dice que él y su esposa 
Patricia han tenido que realizar algunos cambios. “Aún no nos hacemos la idea de que otros nos tienen que servir, por lo que seguimos trabajando por 
los demás –dijo el gobernador general–. 
Como esposa de pastor y de administrador de la iglesia, Patricia siempre ha estado sirviendo a otros y ahora continúa con sus actividades benéficas, atendiendo temas relacionados con las mujeres. También podemos hacernos tiempo para nosotros cuando así lo deseamos”.

¿Extraña Allen ser pastor adventista y líder de la iglesia? “Sí”, es su sincera respuesta. Él había planeado servir a la iglesia hasta que se jubilara, pero siente que Dios lo llamó a esta nueva tarea.

“Extraño mucho, pero quiero que sepan que cognitivamente estoy seguro y confiado que esto es lo que el Señor quiere que haga en el presente. Por más que extrañe, sé que estoy sirviendo en un ámbito más amplio. La obra de la iglesia era más limitada. Donde trabajo ahora, tengo un universo vasto y abarcador, toda una Nación”.


Fuente: AdventistWorld.com
Autor: Mark A. Kellner es editor de noticias de Adventist World y de Adventist World y de Adventist Review.

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