lunes, 23 de mayo de 2011

La Biblia. La Palabra de Dios.

Ningún libro ha sido tan amado, tan odiado, tan reverenciado, tan condenado como la Biblia. Hay quienes han sufrido la muerte por su causa. Otros se han convertido en asesinos creyendo así honrarla. Otros han sido asesinados por ella. Ha inspirado los hechos más nobles y más grandes del hombre, y ha sido culpada por sus hechos más condenables y degenerados. Se han levantado guerras sobre la Biblia, revoluciones han sido alimentadas en sus páginas, y reinos han caído por sus ideas. Personas de diversos puntos de vista: desde teólogos de la liberación hasta capitalistas; de fascistas a marxistas, de dictadores a libertadores, de pacificadores a militaristas, buscan en sus páginas las palabras con las cuales justificar sus acciones.

La exclusividad de la Biblia no viene de su influencia política, cultural y social inigualable, sino de su origen y de los temas que trata. Es la revelación del único Dios-hombre: el Hijo de Dios, Jesucristo, el Salvador del mundo.


La Revelación Divina

Mientras a través de toda la historia algunos han dudado de la existencia de Dios, muchos otros han testificado confiadamente que Dios existe y que se ha revelado a sí mismo. ¿En qué formas se ha revelado Dios mismo y qué función cumple la Biblia en su revelación?

• Revelación general. La vislumbre del carácter de Dios que proveen la historia, la conducta humana, la conciencia y la naturaleza con frecuencia se llama "revelación general" porque está disponible a todos y apela a la razón.

Para millares, "los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento enuncia la obra de sus manos" (Sal.19:1). El sol, la lluvia, las colinas, los arroyos, todos declaran el amor del Creador. "Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa" (Rom.1:20).

Otros ven evidencia del cuidado de Dios en las relaciones de amor felices y extraordinarias entre amigos, familiares, esposo y esposa, padres e hijos. "Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros" (Isa.66:13). "Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen" (Sal.103:13).

Sin embargo, el mismo sol que testifica del amante Creador puede volver la tierra en un desierto que cause hambre. La misma lluvia puede crear torrentes que ahoguen a familias enteras; la misma alta colina puede desmoronarse y luego aplastar. Y las relaciones humanas a menudo envuelven celos, envidia, ira y hasta odio que conduce al asesinato.

• Revelación especial. El pecado limita la revelación que Dios hace de sí mismo mediante la creación al oscurecer nuestra capacidad de interpretar su testimonio. En su amor nos dio una revelación especial de sí mismo para ayudarnos a obtener respuestas a estas preguntas. Tanto mediante el Antiguo y el Nuevo Testamento Dios se reveló a sí mismo ante nosotros en una forma específica, no dejando lugar a dudas en cuanto a su carácter de amor. Su revelación vino primeramente mediante los profetas; luego la revelación máxima, mediante la persona de Jesucristo (Hebreos 1:1,2).

La Biblia contiene tanto proposiciones que declaran la verdad acerca de Dios como la revelación misma de él como persona. Ambos aspectos son necesarios. Necesitamos conocer a Dios mediante Jesucristo (Juan 17:3), "conforme a la verdad que está en Jesús" (Efe.4:21). Y mediante las Escrituras Dios penetra en nuestras limitaciones mentales, morales y espirituales, comunicándonos su ansiedad por salvarnos.


El Foco de las Escrituras

La Biblia revela a Dios y expone la humanidad. Expone nuestra dificultad y revela la solución. Nos presenta como perdidos, alejados de Dios, y revela a Jesús como el que nos encuentra y nos trae de vuelta a Dios.

Jesucristo es el foco de la Escritura. El Antiguo Testamento presenta al Hijo de Dios como el Mesías, el Redentor del mundo; el Nuevo Testamento lo revela como Jesucristo, el Salvador. Cada página, ya sea mediante símbolo o realidad, revela alguna fase de su obra y carácter. La muerte de Jesús en la cruz es la revelación máxima del carácter de Dios.

La cruz hace esta última revelación porque une dos extremos: la maldad incomprensible de los seres humanos y el amor inagotable de Dios. ¿Qué podría dar mayor prueba de la pecaminosidad humana? ¿Qué podría revelar mejor el pecado? La cruz revela al Dios que permitió que mataran a su único Hijo. ¡Qué sacrificio! ¿Qué otra revelación de amor mayor que ésta podría haber hecho? Sí, el foco de la Biblia es Jesucristo. El está colocado al centro del escenario del drama cósmico. Pronto su triunfo en el Calvario culminará en la eliminación del mal. La humanidad y Dios serán reunidos.

El tema del amor de Dios, particularmente como se ha visto en el sacrificio de Cristo en el Calvario, es la mayor verdad del universo, el foco de la Biblia. De modo que todas las verdades bíblicas, deben estudiarse en torno a esta perspectiva.


El Origen de las Escrituras

La autoridad de la Biblia tanto en asuntos de fe como de conducta, surge de su origen. Los mismos escritores sagrados la consideraban distinta de toda la demás literatura. Se refirieron a ella como las "Santas Escrituras" (Romanos 1:2), "Sagradas Escrituras" (2 Tim.3:15), y "palabras de Dios" (Rom.3:2; Heb.5:12).

La individualidad de las Escrituras está basada en su mismo origen. Los escritores de la Biblia declararon que ellos no fueron los originadores de sus mensajes sino que los recibieron de Dios. Fue mediante la revelación divina que ellos pudieron "ver" las verdades que comunicaron (véase Isa.1:1; Amós 1:1; Miq.1:1; Jer.38:21).

Estos escritores señalaron al Espíritu Santo como el Ser que inspiraba a los profetas a comunicar los mensajes al pueblo (Neh.9:30; Zac.7:12). David dijo: "El Espíritu de Jehová ha hablado por mí, y su palabra ha estado en mi lengua" (2 Sam.23:2). Ezequiel escribió: "Entró el Espíritu en mí", "vino sobre mí el Espíritu de Jehová", "me levantó el Espíritu" (Eze.2:2; 11:5,24). Y Miqueas testificó: "Mas yo estoy lleno de poder del Espíritu de Jehová" (Miq.3:8).

El Nuevo Testamento reconoció el papel del Espíritu Santo en la producción del Antiguo Testamento. Jesús dijo que David fue inspirado por el Espíritu Santo (Mar.12:36). Pablo creyó que el Espíritu Santo habló "por medio del profeta Isaías" (Hech.28:25). Pedro reveló que el Espíritu Santo guió a todos los profetas, no sólo a unos pocos (1 Ped.1:10; 2 Ped.1:21). En algunas ocasiones el escritor se desvanecía completamente y sólo el verdadero Autor, el Espíritu Santo, era reconocido: "Como dice el Espíritu Santo..." "Dando el Espíritu Santo a comprender..." (Heb.3:7; 9:8).

Los escritores del Nuevo Testamento reconocieron también al Espíritu Santo como la fuente de sus propios mensajes. Pablo explicó: "Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe" (1 Tim.4:1). Juan habló diciendo haber estado "en el Espíritu en el día del Señor" (Apoc.1:10). Y Jesús comisionó a sus discípulos mediante el Espíritu Santo (Hech.1:2; Efe.3:3-5).

De modo que Dios, en la persona del Espíritu Santo, se ha revelado a sí mismo mediante las Sagradas Escrituras. El las escribió, no con sus manos, sino con otras manos -más o menos cuarenta pares-, en un período de más de 1.500 años. Y por cuanto Dios el Espíritu Santo inspiró a los escritores, Dios entonces es el autor.


La Inspiración de las Escrituras

Pablo dice: "Toda la Escritura es inspirada por Dios" (2 Tim.3:16). La palabra griega theopneustos, traducida como "inspiración", literalmente significa "alentada de Dios". "Dios respiró" la palabra en las mentes de los hombres. Ellos a su vez, la expresaron en las palabras que se hallan en las Escrituras. Por lo tanto, la inspiración es el proceso mediante el cual Dios comunica sus verdades eternas.

El proceso de inspiración. La revelación divina fue dada por inspiración de Dios a "santos hombres de Dios" que eran "inspirados por el Espíritu Santo" (2 Ped.1:21). Estas revelaciones fueron incorporadas en el lenguaje humano como todas sus limitaciones e imperfecciones; sin embargo, permanecieron como el testimonio de Dios. Dios inspiró a los hombres, no las palabras.

¿Eran los profetas tan pasivos como las grabadoras que repiten lo que se ha grabado? En algunas ocasiones se mandó a los escritores a que expresaran las palabras exactas de Dios, pero en la mayoría de los casos Dios los instruyó a que describieran lo mejor que pudieran lo que habían visto y oído. En estos últimos casos, los escritores usaron sus propios estilos y palabras.

Pablo observó que "los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas" (1 Cor.14:32). La inspiración genuina no anula la individualidad ni la razón, integridad o personalidad del profeta.

En cierto modo, la relación entre Moisés y Aarón ilustra la que existe entre el Espíritu Santo y el escritor. Dios dijo a Moisés: "Yo te he constituido dios para Faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta" (Ex.7:1; 4:15,16). Moisés informó a Aarón los mensajes de Dios, y Aarón a su vez, los comunicó a Faraón en su propio estilo y vocabulario. De la misma forma los escritores de la Biblia comunicaron los divinos mandatos, pensamientos e ideas, en su propio estilo de expresión. Es porque Dios se comunica en esta forma que el vocabulario de los diversos libros de la Biblia es variado y refleja la educación y cultura de sus escritores.

La Biblia "no es la forma del pensamiento y de la expresión de Dios. Es la forma de la humanidad. Dios no está representado como escritor. Con frecuencia los hombres dicen que cierta expresión no parece de Dios. Pero Dios no se ha puesto a sí mismo a prueba en la Biblia por medio de palabras, de lógica, de retórica. Los escritores de la Biblia eran los escribientes de Dios, no su pluma".1 "La inspiración no obra en las palabras de los hombres ni en sus expresiones, sino en el hombre mismo, que está imbuido con pensamientos bajo la influencia del Espíritu Santo. Pero las palabras reciben la impresión de la mente individual. La mente divina es difundida. La mente y voluntad divinas se combinan con la mente y voluntad humanas. De ese modo, las declaraciones del hombre son la palabra de Dios".2

En una ocasión Dios mismo habló y escribió las palabras exactas: los Diez Mandamientos. Son composición divina, no humana (Exodo 20:1-17; 31:18; Deut.10:4,5), sin embargo, aun éstas tuvieron que se expresadas dentro de los límites del lenguaje humano.

La Biblia, entonces, es la verdad divina expresada en el idioma humano. Imaginémonos tratando de enseñar física cuántica a un bebé. Esta es la clase de dificultad que Dios enfrenta en sus intentos de comunicar las verdades divinas a la humanidad pecaminosa y limitada. Son nuestras limitaciones lo que restringe lo que él puede comunicarnos.

Existe un paralelo entre el Jesús encarnado y la Biblia: Jesús era Dios y hombre combinado, lo divino y lo humano hecho uno. De modo que la Biblia es lo divino y lo humano combinado. Como se dijo de Cristo, también se puede afirmar de la Biblia que "aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros" (Juan 1:14). Esta combinación divino-humana hace que la Biblia sea única entre toda la literatura.

La Biblia revela el plan de Dios en su interacción dinámica con la raza humana, no en una colección de doctrinas abstractas. Su revelación propia se origina en eventos reales que ocurrieron en lugares y épocas definidas. Los sucesos de confianza de la historia son de extremada importancia porque forman un marco para que podamos comprender el carácter de Dios y su propósito para nosotros. Una comprensión exacta nos conduce a la vida eterna, pero una interpretación incorrecta conduce a la confusión y a la muerte.

Dios ordenó a ciertos hombres que escribieran la historia de sus tratos con el pueblo de Israel. Estos relatos históricos, escritos desde un punto de vista diferente de la historia secular, comprenden una parte importante de la Biblia (Núm.33:1,2; Jos.24:25,26; Eze.24:2). Nos proporcionan una visión exacta y objetiva de la historia, desde una perspectiva divina. El Espíritu Santo otorgó a los escritores información especial para que ellos pudieran registrar los sucesos en la controversia entre el bien y el mal que demuestran el carácter de Dios y guían a la gente en la búsqueda de su salvación.

Los incidentes históricos son tipos o ejemplos, y están escritos "para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos" (1 Cor.10:11). Pablo dice: "Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza" (Rom.15:4). La destrucción de Sodoma y Gomorra sirve como ejemplo o advertencia (2 Ped.2:6; Judas 7). La experiencia de la justificación de Abrahán es un ejemplo para cada creyente (Romanos 4:1-25; Santiago 2:14-22). Aun las leyes civiles del Antiguo Testamento, llenas de profundo significado espiritual, fueron escritas para nuestro beneficio actual (1 Cor.9:8,9).

Lucas menciona que escribió su Evangelio porque deseaba relatar la vida de Jesús "para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido" (Lucas 1:4). El criterio que usó Juan al seleccionar cuáles incidentes en la vida de Jesús incluir en su Evangelio fue "para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre" (Juan 20:31). Dios condujo a los escritores de la Biblia a presentar la historia en una forma que nos guiara hacia la salvación.

Las biografías de los personajes bíblicos proveen otra evidencia de la inspiración divina. Esos registros trazan cuidadosamente tanto las debilidades como la fortaleza de sus caracteres. Cuidadosamente despliegan sus pecados, así como sus victorias.

En ninguna forma se encubre la falta de control propio de Noé o el engaño de Abrahán. Se registran fielmente las ocasiones cuando Moisés, Pablo, Santiago y Juan perdieron la paciencia. La Biblia expone los fracasos del rey más sabio de Israel, y las debilidades de los doce patriarcas y de los doce apóstoles. La Escritura no los justifica, ni trata de disminuir su culpabilidad. Los describe a todos tales como fueron y expresa lo que llegaron a ser por la gracia de Dios, o lo que podrían haber logrado por su intermedio. Sin la inspiración divina ningún biógrafo podría escribir un análisis tan perceptivo.

Los escritores de la Biblia consideraban todos los incidentes que contiene como registros históricos verídicos y no como mitos o símbolos. Muchos escépticos contemporáneos rechazan los relatos de Adán y Eva, de Jonás y del Diluvio. Sin embargo, Jesús aceptaba su exactitud histórica y su importancia espiritual (Mat.12:39-41; 19:4-6; 24:37-39).

La Biblia no enseña inspiración parcial o grados de inspiración. Estas teorías son especulaciones que le quitan su autoridad divina.

La exactitud de las Escrituras. Tal como Jesús "fue hecho carne y habitó entre nosotros" (Juan 1:14), para que pudiéramos comprender la verdad, la Biblia nos fue proporcionada en el lenguaje humano. La inspiración de las Escrituras garantiza su veracidad.

¿Hasta qué punto salvaguardó Dios la transmisión del texto para asegurarse que su mensaje es válido y verdadero? Es claro que, si bien es cierto que los manuscritos antiguos varían, las verdades esenciales han sido preservadas.3 Es muy posible que los escribas y los traductores de la Biblia hayan cometido pequeños errores. Sin embargo, la evidencia de la arqueología bíblica revela que muchos así llamados errores fueron solamente malentendidos de parte de los estudiosos. Algunas de estas dificultades se levantaron porque la gente estaba leyendo la historia y las costumbres bíblicas desde un punto de vista occidental. Debemos admitir que la capacidad humana de penetrar en las operaciones divinas es limitada.

De modo que las discrepancias que se perciban, no debieran despertar dudas acerca de las Escrituras; a menudo son producto de nuestras percepciones inexactas más bien que errores. ¿Está Dios a prueba cuando hay algún texto o frase que no podemos entender completamente? Quizás nunca podremos explicar cada texto de la Escritura, pero no es necesario. Las profecías que se han cumplido verifican su veracidad.

A pesar de los intentos de destruirla, la exactitud de la Biblia ha sido preservada en forma increíble y hasta milagrosa. La comparación de los rollos del Mar Muerto con los manuscritos posteriores del Antiguo Testamento demuestra el cuidado con que se ha transmitido.4 Confirman la veracidad y confianza de las Escrituras como una revelación infalible de la voluntad de Dios.


La Autoridad de las Escrituras

Las Escrituras tienen autoridad divina porque en ellas Dios habla mediante el Espíritu Santo. Por lo tanto, la Biblia es la Palabra de Dios escrita. ¿Dónde está la evidencia de ellos y cuáles son las implicaciones para nuestras vidas y el conocimiento que perseguimos?

• Los derechos de las Escrituras. Los escritores de la Biblia testifican que sus mensajes vienen directamente de Dios. Fue la palabra del Señor la que vino a Jeremías, Ezequiel, Oseas y otros (Jer.1:1,2,9; Eze.1:3; Ose.1:1; Joel 1:1; Jon.1:1). Como mensajeros del Señor (Ageo 1:13; 2 Crón.36:16), los profetas de Dios fueron instruidos para que hablaran en su nombre, diciendo: "Así dice Jehová" (Eze.2:4; Isa.7:7). Sus palabras constituyen sus credenciales y autoridad divinas.

A veces el agente humano que Dios usa queda en el trasfondo. Mateo menciona la autoridad que respaldaba al profeta del Antiguo Testamento en estas palabras: "Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta" (Mat.1:22). El mira al Señor como el agente directo, la autoridad; el profeta es el agente indirecto.

Pedro clasifica los escritos de Pablo como la Escritura (2 Pedro 3:15,16). Y Pablo testifica con relación a lo que escribe: "Yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo" (Gál.1:12). Los escritores del Nuevo Testamento aceptaron las palabras de Cristo como la Escritura y dijeron tener la misma autoridad de los escritores del Antiguo Testamento (1 Tim.5:18; Luc.10:7).

• Jesús y la autoridad de la Escritura. A través de todo su ministerio, Jesús destacó la autoridad de las Escrituras. Cuando Satanás lo tentaba o luchaba contra sus oponentes, las palabras "escrito está" eran su defensa y su ofensa (Mateo 4:4,7,10; Lucas 20:17). "No sólo de pan vivirá el hombre -dijo-. Sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mateo 4:4). Cuando le preguntaron cómo obtener la vida eterna, Jesús contestó: "¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?" (Lucas 10:26).

Jesús colocó la Biblia por sobre todas las tradiciones y opiniones humanas. Amonestó a los judíos por despreciar la autoridad de las Escrituras (Marcos 7:7-9), y los exhortó a que las estudiaran más cuidadosamente, diciendo: "¿Nunca leisteis en las Escrituras?" (Mateo 21:42; Marcos 12:10,26).

Jesús creía firmemente en la autoridad de la palabra profética y revelaba lo que señalaba hacia él. Refiriéndose a las Escrituras Jesús dijo: "Dan testimonio de mí". "Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él" (Juan 5:39,46). La afirmación más convincente de Jesús en cuanto a que tenía una misión divina surgió de su cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento (Lucas 24:25-27).

De modo que sin reservas Cristo aceptó las Sagradas Escrituras como la revelación autoritativa de la voluntad de Dios para la raza humana. Consideraba las Escrituras como un cuerpo de verdad, una revelación objetiva, otorgada para sacar a la humanidad de las tinieblas de las tradiciones y mitos a la luz verdadera de salvación y conocimiento.

• El Espíritu Santo y la autoridad de las Escrituras. Durante la vida de Jesús los dirigentes religiosos y la multitud descuidada no descubrieron su verdadera identidad. Algunos pensaban que era un profeta como Juan el Bautista, Elías o Jeremías, simplemente un hombre. Cuando Pablo confesó que Jesús era "el Hijo del Dios viviente", Jesús señaló que fue la iluminación divina lo que hizo posible esta confesión (Mat.16:13-17). Pablo enfatiza esta verdad diciendo: "Nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo" (1 Cor.12:3).

Así también sucede en el caso de la Palabra escrita de Dios. Sin la iluminación del Espíritu Santo nuestras mentes nunca podrían comprender correctamente la Biblia, ni tan sólo reconocerla como la autoridad divina.5 Porque "nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios" (1 Cor.2:11). "El hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente" (1 Cor.2:14). Por consiguiente "la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios" (1 Cor.1:18).

Unicamente con la ayuda del Espíritu Santo, que discierne "lo profundo de Dios" (1 Cor.2:10), podemos convencernos de la autoridad que le corresponde a la Biblia en su calidad de revelación de Dios y de su voluntad. Es sólo así como la cruz se convierte en "poder de Dios" (1 Cor.1:18), y podemos unirnos al testimonio de Pablo: "Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido" (1 Cor.2:12).

Las Sagradas Escrituras y el Espíritu Santo nunca pueden estar separados. El Espíritu Santo es tanto el autor como el revelador de las verdades bíblicas.

La autoridad de la Escritura en nuestras vidas aumenta o disminuye según sea nuestro concepto de inspiración. Si percibimos la Biblia como una simple colección de testimonios humanos o si la autoridad que le damos en alguna forma depende de cómo conduce nuestros sentimientos y emociones, socavamos su autoridad en nuestras vidas. Pero cuando discernimos la voz de Dios que nos habla mediante los escritores, no importa cuán débiles y humanos hayan sido, la Escritura viene a ser la autoridad absoluta en lo que a doctrina, impugnación, corrección e instrucción en justicia se refiere (2 Tim.3:16).

• Cuánto abarca la autoridad de la Escritura. Con frecuencia las contradicciones entre la Escritura y la ciencia son el resultado de la especulación. Cuando no podemos armonizar la ciencia con la Escritura, es porque tenemos una "comprensión imperfecta de ya sea la ciencia o la revelación... pero cuando se comprenden en forma correcta, están en armonía perfecta".6

Toda la sabiduría humana debe estar sujeta a la autoridad de la Escritura. Las verdades bíblicas son la norma por la cual todas las demás ideas deben ser probadas. Al juzgar la Palabra de Dios con normas humanas perecederas es como si tratáramos de medir las estrellas con una vara de medir. La Biblia no debe estar sujeta a las normas humanas. Es superior a toda sabiduría y literatura humana. Más bien, en vez de juzgar la Biblia, todos seremos juzgados por ella, porque es la norma de carácter y la prueba de toda experiencia y pensamiento.

Finalmente, las Escrituras ejercen autoridad aun sobre los dones que vienen del Espíritu Santo, incluyendo la glosolalia y la conducción que provee el don de profecía (1 Cor.12; 14:1; Efe.4:7-16). Los dones del Espíritu no son superiores a la Biblia; lo cierto es que deben probarse por la Biblia, y si no están de acuerdo con ella, deben descartarse: "¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido" (Isa.8:20; compárese con el cap.17).


• La Unidad de las Escrituras

La lectura superficial de la Escritura producirá una comprensión superficial de la misma. Cuando así se lee, la Biblia resulta ser un conjunto de relatos, sermones e historia. Sin embargo, los que la abren para obtener iluminación del Espíritu de Dios, los que están dispuestos a buscar con paciencia y oración las verdades ocultas, descubren que la Biblia expone una unidad fundamental en la que enseña acerca de los principios de salvación. La Biblia no es monótona. Más bien, reúne una rica y colorida variedad de testimonios armoniosos de rara y distinguida belleza. Y debido a su variedad de perspectivas, está perfectamente capacitada en forma mejor para enfrentar las necesidades humanas de todas las épocas.

Dios no se ha revelado a sí mismo a la humanidad en una cadena continua de declaraciones, sino poco a poco, a través de generaciones sucesivas. Ya sea mediante Moisés que escribiera desde los campos madianitas, o mediante Pablo desde una prisión romana, sus libros revelan la misma comunicación inspirada por el Espíritu. La comprensión de sus "revelaciones progresivas" contribuye a la comprensión de la Biblia y su unidad.

Las verdades del Antiguo y Nuevo Testamento, a pesar de haber sido escritas a través de muchas generaciones, permanecen inseparables; no se contradicen unas a otras. Los dos Testamentos son uno, tal como Dios es uno. El Antiguo Testamento, mediante profecías y símbolos, revela el Evangelio del Salvador que vendría; el Nuevo Testamento, mediante la vida de Jesús, revela al Salvador que vino -la realidad del Evangelio. Ambos revelan al mismo Dios. El Antiguo Testamento sirve como fundación al Nuevo. Provee la clave para abrir el Nuevo mientras que el Nuevo explica los misterios del Antiguo.

Dios bondadosamente nos llama para que le conozcamos mediante su Palabra. En ella podemos encontrar la rica bendición de la seguridad de nuestra salvación. Podemos descubrir por nosotros mismos que "toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redarguir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra" (2 Tim.3:16,17).





Fuente: Creencias de los Adventistas del Séptimo Día / Capítulo 1 de la serie. Editado por la Asociación Ministerial de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día.
Referencias: 1. Elena G. De White, Mensajes selectos, tomo 1, pág.24 (Mountain View, CA: Pacific Press Pub. Assn., 1966). 2. Ibíd. 3. Véase Primeros Escritos, págs.220, 221 (Mountain View, CA: Pacific Press Pub. Assn., 1962). 4. Siegfried H. Horn, The Spade Confirms the Book, [La azada confirma el Libro, ed. Rev.] (Washington, D.C: Review and Herald, 1980). 5. Para el estudio de la posición general adventista acerca de la interpretación bíblica, véase el Informe del Comité Anual de la Asociación General, 12 de Oct., 1986, "Methods of Bible Study" [Métodos para estudiar la Biblia], distribuido por Biblical Research Institute, Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día, 6840 Eastern Ave., N.W., Washington, D.C. 20012. A Symposium on Biblical Hermeneutics, [Simposio sobre hermenéutica bíblica], ed. G.M. Hyde (Washington, D.C: Review and Herald, 1974); Gerhard F. Hasel, Understanding the Living Word of God [Cómo comprender la Palabra de Dios] (Mountanin View, CA: Pacific Press, 1980). Véase también P. Gerard Damsteegt, "Interpreting the Bible" [La interpretación de la Biblia] (Publicación preparada por el Comité de Investigaciones Bíblicas de la División del Lejano Oriente, Singapore, mayo de 1986). 6. White, The Story of Patriarchs and Prophets [La historia de los patriarcas y profetas] (Mountain View, CA: Pacific Press, 1958), pág.114.
Nota: Originalmente publicado el 24 de agosto de 2008 por uno de los blogs que posteriormente conformaron Ojo Adventista.




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miércoles, 13 de abril de 2011

¿Estamos dispuestos? Por Ted N. C. Wilson

El reavivamiento de la piedad primitiva es la más urgente necesidadUna de las mayores preguntas que enfrenta la Iglesia Adventista del Séptimo Día hoy es, ¿Estamos dispuestos a lanzarnos fuera de nuestra zona de comodidad para permitirle a Dios hacer lo que es necesario para preparar a cada uno de nosotros para un verdadero reavivamiento personal y corporativo, para un cambio o reforma en nuestras vidas al llegar más y más semejantes a Jesús, y para recibir la lluvia tardía?

Todo esto es sólo a través del poder del Espíritu Santo. La respuesta a esta pregunta es su elección y la mía. Como todos sabemos, Dios no nos forzará a cumplir con su voluntad. El invita, anima, y, sí, persiste con nosotros para que respondamos a su consejo y deseos. En los últimos meses el llamado para reavivamiento y reforma ha llegado a la iglesia en todo el mundo a través de nuestros líderes de iglesia. ¿Cuál ha sido tu reacción?

Hace más de 100 años, Elena G. de White, la sierva del Señor, dijo, "Un reavivamiento de la verdadera piedad entre nosotros es la mayor y más urgente necesidad. Buscar ésta debería ser nuestro primer trabajo" (RH, 22 de marzo, 1887).

Es aún nuestra mayor necesidad, y será aún nuestro primer trabajo, porque Jesús no ha venido. ¿Cómo, entonces, aproximaremos a nuestro primer trabajo y comprenderemos nuestra mayor necesidad? El modelo de iglesia apostólica, al prepararnos para el Pentecostés, nos ayuda en la actualidad.

Antes de ascender al cielo, Jesús les dijo a sus discípulos que recibirían poder para cumplir la misión que él les había dado. En Lucas 24:49 (NVI) él dijo, "Ahora voy a enviarles lo que ha prometido mi Padre; pero ustedes quédense en la ciudad hasta que sean revestidos del poder de lo alto".

Tales palabras están reforzadas en Hechos 1:5,8 (NVI), "Juan bautizó con agua, pero dentro de pocos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo. Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra".

Jesús dijo a los discípulos de regresar a Jerusalén y esperar por el poder que vendría sobre ellos del Padre. El período de espera fue cerca de 10 días, pero ellos no pusieron sus pies sobre el escritorio para esperar en ociosidad. Fue, más bien, un tiempo de preparación intensa. Lucas nos da un ligero vistazo de lo que se hizo: "Todos, en un mismo espíritu, se dedicaban a la oración, junto con las mujeres y con los hermanos de Jesús y su madre María" (Hechos 1:14 (NVI). Él hace esta observación adicional, "Cuando llegó el día de Pentecostés estaban todos juntos en el mismo lugar" (Hechos 2:1 NVI).

Elena G. de White va más allá al explicar esta experiencia completa: "Fue por la confesión y el perdón de los pecados, por la oración vehemente y consagración personal a Dios, que los primeros discípulos se prepararon para el derramamiento del Espíritu Santo en el día de Pentecostés. La misma obra, sólo en un grado mayor, debe ser hecha ahora" (TM, p. 507 del inglés).

Tenemos las órdenes. Dios está esperando para derramar su Espíritu Santo sobre su pueblo remanente que le dará poder para terminar la obra de predicar los mensajes de los tres ángeles. La obra hecha por los discípulos debe ser hecha por nosotros, sólo que en mayor grado. No podemos recibir este poder a menos que estemos dispuestos a salir de nuestra zona de comodidad y permitir al Espíritu hacer el trabajo dentro de nosotros que nos colocará en una posición para recibir el poder. ¿Qué es el trabajo que tenemos que hacer? Confesar, se nos dice, perdón de los pecados, vehemente oración, y consagrarnos a Dios.
Todavía debemos responder la pregunta, ¿Estamos dispuestos a lanzarnos de nuestra zona de comodidad y confesar y abandonar nuestros pecados, orar con vehemencia por nosotros mismos y con nuestros hermanos y hermanas por el poder prometido, y consagrarnos nosotros mismos a Dios y a él solamente? Sólo usted y yo podemos contestar esta pregunta en forma personal.

En mensajes subsiguientes insistiremos más en la experiencia de los discípulos cuando se preparaban para el Día de Pentecostés. Lucas nos dice que ellos se reunieron para orar. Pero, ¿qué más hicieron? Es una clave por lo que Dios quiere que hagamos al insistir con el Señor por reavivamiento, reforma, y la lluvia tardía del Espíritu Santo en anticipación a la pronta venida de Cristo.





Fuente: ANN Adventist News Network / Are we willing?
Autor: Ted N. C. Wilson es el presidente de la Iglesia Adventista del Séptimo Día a nivel mundial.
Traducción: Aleida T. Romero / Division Interamericana


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jueves, 7 de abril de 2011

McFarland ayudó a que millones abandonaran el cigarrillo

El "Plan de cinco días para dejar de fumar" que creó se hizo famoso y ayudó a que millones abandonaran el cigarrillo y conocieran el adventismo

El Dr. J. Wayne McFarland, un defensor adventista de la salud que fue el coautor del "Plan de cinco días para dejar de fumar" (The Five-Day Plan to Quit Smoking), falleció el 14 de marzo en una casa de retiro en Loma Linda, California. Tenía 97 años.

Junto con Elman J. Folkenberg, dieron a conocer el plan para dejar de fumar en un momento cuando aún se prescribía fumar para los problemas respiratorios.

La pareja de profesionales ofreció su primer seminario en Taunton, Massachusetts, en 1960, y en 1962 lanzaron el plan para que los pastores y otros expertos de salud pudieran ofrecerlo en todo el país.

McFarland, que era médico, y Folkenberg, pastor, animaban a los participantes a repetir la frase al unísono y durante todo el día: "He decidido dejar de fumar", informó la revista Time en 1963.

El artículo de Time también destacó que el seminario incluía un fuerte componente espiritual, similar al de Alcohólicos Anónimos. Los participantes también tenían instrucciones alimentarias específicas y participaban en parejas para controlar los progresos mutuos.

"El plan tuvo mucho éxito, y satisfizo una necesidad real", dijo el Dr. Allan Handysides, director de Ministerios de Salud de la Asociación General.

J. Wayne McFarland nació en California en 1913, y se graduó como médico de la Universidad de Loma Linda en 1939. Después de trabajar en diversos hospitales, trabajó también en la sede central de la Iglesia Adventista como editor de la revista "Life and Health" (Vida y salud). También ayudó a establecer lo que hoy es "Servicios e Industrias de Laicos Adventistas" (Adventist-Laymen's Services and Industries), una organización de laicos que apoyan a la denominación.

Más tarde fue director asociado de Ministerios de Salud (1970-1980), asociándose con evangelistas para combinar el mensaje de salud con las conferencias espirituales, algo que hizo en todos los continentes.

Después de su jubilación, siguió viajando por el mundo y ofreciendo planes para dejar de fumar en Rusia, y siendo consultor de salud en Shenyang, China.

McFarland recibió numerosas distinciones, incluida la medalla al mérito de parte de la Organización Mundial de la Salud en 1988.

Lo sobreviven dos hijas, tres nietos y ocho bisnietos.




Fuente: ANN / Adventist News Network
Fotografía: Cortesía de la familia McFarland / El Dr. J. Wayne McFarland ayudó a que millones dejaran de fumar como coautor del "Plan de cinco días para dejar de fumar". En la fotografía, dirige la palabra en el Sheraton-Chicago en 1969 (ANN).




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lunes, 21 de marzo de 2011

La observancia del Sábado / Declaración Oficial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día

El sábado abarca nuestra total relación con Dios. Es una indicación de la acción de Dios en nuestro favor en el pasado, el presente, y el futuro. El protege la amistad del hombre con Dios y ofrece el tiempo esencial para el desarrollo de esa relación. El sábado aclara la relación entre Dios y la familia humana, porque señala a Dios como Creador en un momento cuando a los seres humanos les gustaría usurpar la posición de Dios en el universo.

En esta era materialista, el sábado señala a hombres y mujeres lo espiritual y personal. Las consecuencias de olvidar el sábado como un día santo son serias, ya que llevan a la distorsión y eventual destrucción de la relación del individuo con Dios.

Cuando se observa el sábado, se da un testimonio para los demás de lo que vendrá por confiar sólo en Dios como nuestro sustentador, como la base de nuestra salvación , y fundamento de nuestra esperanza en el futuro. Como tal, el sábado es una delicia porque hemos entrado en el descanso de Dios y hemos aceptado la invitación de tener comunión con ÉL. Cuando Dios pide recordar el día sábado, lo hace porque quiere que lo recordemos a ÉL.


► Principios y Teología de la Observancia del Sábado

• Naturaleza y Propósito del Sábado. El origen del sábado se encuentra en la misma creación (Gén. 2: 1-3). El sábado tiene significado como señal perpetua del pacto entre Dios y su pueblo, para que supiesen quién era Aquél que los había creado (Exo. 31: 17) y los santificaba (Exo. 31: 13; Ezeq. 20: 12), y conocieran que EL era su Señor y Dios (Ezeq. 20: 20).

• La Unicidad del Sábado. El sábado es una ocasión especial para adorar a Dios como Creador y Redentor, y como Señor de la vida con quien la familia humana se reunirá en su segunda venida. El mandamiento del sábado forma el centro de la ley moral como sello de la autoridad divina. Ya que este es un simbolo de la amante relación de Dios y sus hijos terrenales, los seres humanos están en la obligación de respetar este don en el sentido de que harán todo lo que esté en su poder para promover y participar de actividades que los ayuden a establecer y realzar una relación duradera con Dios. Por lo tanto, su pueblo se comprometerá sólo en aquellas actividades dirigidas a Dios y a sus semejantes, y no en aquellas que llevan a la gratificación e intereses personales.

• La universalidad del Sábado. La universalidad del sábado está arraigada en la Creación: por lo tanto sus privilegios y deberes son obligatorios para todas las naciones, sectores, o clases. (Ver Exo. 20:11, 23:12; Deut. 5:13: Isa. 56: 1-8) La observancia del sábado pertenece a todos los miembros del hogar, inclusive a los hijos; y se extiende aún "al extranjero que habita en medio de ti" (Exo. 20:10).

• Tiempo de Duración del Sábado. Información bíblica: El sábado comienza al final del sexto día de la semana y dura un día, de tarde a tarde (Gen. 1; Mar. 1:32). Este tiempo coincide con el horario de la puesta del sol. Es muy difícil lograr una clara demarcación del tiempo de la puesta del sol, la observancia del sábado comenzará al final del día, marcado por la disminución de la luz.

• Principios Orientadores para la Observancia del Sábado. A pesar de que la Biblia no trata directamente muchas de las preguntas específicas en relación a la observancia de sábado, nos ofrece principios generales que son aplicables en nuestros días (Ver Exo. 16:29; 20:8-11; 34:21; Isa. 58:13: Neh. 13:15-22).

"La ley prohíbe el trabajo secular en el día de reposo del Señor; debe cesar el trabajo con el cual nos ganamos la vida; ninguna labor que tenga por fin el placer mundanal o el provecho es lícita en ese día; pero como Dios abandonó su trabajo de creación y descansó el sábado y lo bendijo, el hombre ha de dejar las ocupaciones de su vida diaria, y consagrar esas horas sagradas al descanso sano, al culto y a las obras santas" (El Deseado de Todas las Gentes, p. 17 7).

Este concepto sin embargo, no es un apoyo para una inactividad total. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento nos invitan a atender las necesidades y aliviar los sufrimientos de los demás, porque el sábado es un buen día para todos, especialmente para los oprimidos y de baja posición (Exo. 23: 12; Mateo 12: 10-13; Marc. 2: 27; Luc. 13:11-17; Juan 9: 1-21).

A pesar de realizar buenas obras durante el sábado, éstas no deberían oscurecer la característica bíblica principal de la observancia del sábado, el descanso (Gén 2:1-3). Esto incluye tanto el descanso físico como el espiritual (Exo. 23:12) en Dios (Mat. 11: 28). El último lleva al observador del sábado a buscar la presencia y la comunión con Dios mediante la adoración (Isa. 48:13), tanto en la meditación tranquila (Mat. 12: 1-8) como en el culto público (Jer. 23: 32; 2 Reyes 4: 23, 11: 4-12; 1 Crón. 23:30; Isa.56: 1-8). Su objetivo es reconocer a Dios como Creador y Redentor (Gén. 2: 1-3; Deut. 5: 12-15), y está para compartirlos con la propia familia y la comunidad mayor (Isa. 56: 1-8).

• El Sábado y la Autoridad de la Palabra de Dios. Elena de White destaca el hecho de que el mandamiento del sábado es único, porque contiene el sello de la ley de Dios. Este es el único de los mandamientos que contiene tanto el nombre como el título del Legislador. Declara que es el Creador del cielo y de la tierra, y revela así el derecho que tiene para ser reverenciado y adorado sobre todos los demás. Aparte de este precepto, no hay nada en el Decálogo que muestre qué autoridad fue la que promulgó la ley (CS. pp. 504, 505).

El sábado es la señal que muestra al Creador como propietario y autoridad. Una observancia significativa del sábado indica, por lo tanto, que se acepta a Dios como Creador y Propietario y se reconoce su autoridad sobre toda la creación, incluyéndose a uno mismo. La observancia del sábado se basa en la autoridad de la Palabra de Dios. No existe otra razón lógica para ello.

Los seres humanos tienen la libertad de entrar en una relación con el Creador del universo como un amigo personal.

Es posible que los observadores del sábado tengan a veces que enfrentar resistencia debido a su compromiso con Dios de guardar el santo sábado. Para aquellos que no reconocen a Dios como su Creador, parece arbitrario o inexplicable que alguien deje todo trabajo durante el día sábado meramente por razones religiosas. La observancia significativa del sábado testifica el hecho de que hemos elegido obedecer los mandamientos de Dios. De esta forma reconocemos que nuestra vida la vivimos ahora en obediencia a la palabra de Dios. El sábado será una prueba especial a fin del tiempo. El creyente tendrá que elegir entre ser fiel a la Palabra de Dios o a la autoridad humana (Apoc. 14:7-12).


► El Hogar y la Vida Familiar en Conexión con el Sábado

• Introducción. La vida de hogar es la piedra fundamental de una adecuada observancia del sábado. Cuando las personas guarden conscientemente el sábado en su hogar y acepten sus responsabilidades como miembros de la familia, sólo entonces podrá la iglesia mostrar al mundo el gozo y los privilegios del santo día de Dios.

• Diferentes Tipos de Hogares. El el siglo veintiuno existen diferentes clases de hogares; por ejemplo, el hogar donde está el esposo, la esposa y los hijos; el hogar donde los esposos no tienen hijos; el hogar donde está sólo el padre o la madre y los hijos (donde por muerte o divorcio, uno de los padres debe actuar en los papeles de padre y madre); el hogar en el cual la persona no se ha casado nunca o donde la muerte o el divorcio la han dejado sola y no hay hijos involucrados; y está también el hogar donde sólo uno de los padres es miembro de iglesia. Al entender las necesidades y problemas de estas diferentes categorías, debiera entenderse que algunos de los principios y sugerencias enunciados se pueden aplicar a todos los grupos y que otros son más especializados.

• Dos Instituciones Sagradas: el Hogar y Sábado. "En el principio" Dios colocó un hombre y una mujer en el Jardín del Edén, el cual sería su hogar. También, "en el principio" Dios dio a los seres humanos el sábado. Estas dos instituciones, el hogar y el sábado van juntas. Ambas son dones de Dios, por lo tanto ambas son sagradas. La última enriquece de una forma única los lazos de la primera.

La comunión íntima es un elemento importante en el hogar. La comunión íntima con otras personas también es un elemento importante del sábado. Visto desde esta perspectiva, no se puede minimizar la importancia del sábado para el hogar.

• Responsabilidades de los Adultos como Profesores. Cuando Dios eligió a Abraham como padre de su pueblo elegido, dijo: "Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí" (Gén. 18: 19). Entonces, es claro que a los adultos les ha sido entregada una enorme responsabilidad en cuanto al bienestar espiritual de sus hijos. Tanto por precepto como por ejemplo, deben estos ofrecer ese tipo de estructura y atmósfera que hará del sábado una delicia y una parte tan vital en la vida del cristiano que mucho después que los hijos hayan abandonado el hogar, continuarán con la costumbre que se les enseñó cuando niños.

Desde su más tierna infancia los niños debieran ser enseñados a participar en el culto familiar, para que el culto en la casa de Dios sea una extensión de una costumbre familiar. También desde la infancia, debiera enseñarse a los niños la importancia de asistir a la iglesia; pues la verdadera observancia del sábado incluye la asistencia a la casa de Dios para adorar y estudiar la Biblia. Los adultos de la familia deben dar el ejemplo asistiendo a los cultos el sábado, dando así un modelo que los hijos verán como importante cuando les toque decidir sobre las cosas que realmente valen en la vida. Los niños deben ser enseñados del significado del sábado, de su perdurabilidad y la relación que éste tiene con la vida cristiana, por medio de conversaciones, y a medida que crecen y maduran, por medio del estudio de la Biblia.

• Preparación para el Sábado. Si el sábado ha de ser observado en forma adecuada, entonces en toda la semana debiera programarse de tal forma, que cada miembro esté listo para dar la bienvenida al santo día del Señor cuando éste llegue. Esto significa que los miembros adultos de la familia harán planes para que las tareas: compras y preparación de alimentos, ropa lista, y otras necesidades de la vida diaria, estén terminadas antes de la puesta del sol del viernes. El día de reposo debiera ser el eje central alrededor del cual gira toda la semana. Cuando ya viene la tarde del viernes y la puesta del sol se acerca, los adultos y los niños debieran estar listos para que con mente tranquila, preparativos terminados y el hogar listo, den la bienvenida al sábado; entonces todo estará en orden para pasar las próximas 24 horas en comunión con Dios y con nuestros hermanos.

Los niños pueden ayudar para que se logre esta preparación si se les responsabiliza de algunos preparativos, lógicamente de acuerdo con su madurez. La forma como la familia enfoca el comienzo del sábado a la puesta del sol del viernes, y la forma cómo utiliza esa noche, dará el escenario para la recepción de las bendiciones que el Señor ha guardado para todo el día que vendrá.

• Vestimenta adecuada para el Sábado. En los hogares donde hay niños, los sábados de mañana, mientras la familia se viste para la iglesia, los adultos pueden, por precepto y ejemplo, enseñar a los niños que una forma de honrar a Dios es presentarse en su casa limpios, con ropas representativas y adecuadas a la cultura en que vive.

• Importancia de las Horas de Estudio de la Biblia. Cuando los niños no tienen el privilegio de asistir a una escuela adventista, la escuela sabática se convierte en el medio más importe -fuera del hogar- para la instrucción religiosa. No puede sobreestimarse el valor de esta hora de estudio de la Biblia. Es por esta razón que los padres debieran asistir a los cultos matutinos del sábado y hacer todo lo posible para llevar a sus hijos con ellos.

• Las actividades de la familia durante el sábado. En la mayoría de las culturas, la hora del almuerzo sabático, cuando la familia está reunida alrededor de la mesa familiar, es el momento culminante de la semana. El espíritu de gozo y sagrada comunión que comenzó al levantarse y aumentó durante los cultos en la iglesia, ahora se intensifica. Al quedar libres de las distracciones seculares, la familia puede conversar de temas de interés mutuo y mantener el ambiente espiritual del sagrado día.

Cuando se comprende que el sábado es sagrado, y además existe una relación cariñosa entre padres e hijos, todos colaborarán para que durante las horas sagradas se evite la música secular, la radio, los programas de TV, los periódicos, libros y revistas seculares.

En la medida posible, los sábados de tarde debieran pasarse actividades con la familia explorando la naturaleza, haciendo visitas misioneras a presidiarios, a enfermos, y a otros que necesiten de ánimo, y participando en la reunión de jóvenes en la iglesia. Cuando los niños son más grandes, las actividades se ampliarán para abarcar otros amigos de la iglesia de su misma edad, teniendo siempre en mente la pregunta "¿me ayudará esta actividad a comprender mejor la verdadera naturaleza y santidad del sábado?" Al observar en forma adecuada el sábado, el hogar tendrá una influencia perdurable en el tiempo y para la eternidad.


► La Observancia del Sábado y las Actividades Recreativas

• Introducción. La observancia del sábado incluye tanto el culto como la comunión. La invitación para gozar de ambos es amplia y generosa. El culto de adoración sabática está dirigido a Dios y generalmente se realiza en medio de la comunidad creyente. Esta misma comunidad ofrece comunión. Tanto el culto como la comunión ofrecen un potencial ilimitado para alabar a Dios y enriquecer nuestra vida como cristianos. Cuando se distorsiona el culto o la comunión, o se abusa de ambos, se amenaza la alabanza a Dios y el enriquecimiento personal. El sábado, como un don a través del cual el mismo Dios se entrega a nosotros, es un gozo real en el Señor. Es por esto que el sábado es una delicia para los creyentes.

• Factores Ajenos a la Observancia del Sábado. Fácilmente pueden introducirse elementos ajenos al espíritu sabático. El creyente debe estar siempre alerta a los factores ajenos que podrían menoscabar su comprensión de la santidad del sábado en su experiencia de adoración y de comunión. El sentido de santidad del sábado es particularmente amenazado por tipos de comunión y actividades erróneas. Al contrario de esto, la santidad del sábado es realzada cuando el Creador permanece como el centro del santo día.

• Fenómeno de Condicionamiento Cultural en la Observancia del Sábado. Es importante comprender que los cristianos rinden obediencia a Dios y que por lo tanto observan el sábado en el ambiente cultural e histórico del lugar donde viven. También es posible, que tanto la historia como la cultura condicionen y distorsionen falsamente nuestros valores. Apelando a la cultura podríamos ser culpables de permitirnos o excusarnos por condescender con actividades deportivas o recreativas incompatibles con la santidad del sábado. Por ejemplo, ejercicio físico intenso y diversas formas de turismo que están fuera de armonía con la verdadera observancia del sábado.

Cualquier intento por reglamentar la observancia del sábado más allá de los principios bíblicos, como sería hacer una lista de prohibiciones sabáticas, es contrario a una experiencia espiritual sana. Los principios serán la medida que el cristiano utilizará para su propia experiencia sabática. Sabe que, el propósito fundamental del sábado es fortalecer los lazos de unión con su Dios; por lo tanto son aceptables todas las actividades guiadas por principios bíblicos, que contribuyen a ese fortalecimiento.

Nadie puede evaluar correctamente los motivos personales de los otros; por esto, un cristiano debe ser muy cuidadoso y no criticar a sus hermanos que viven en un contexto cultural diferente al suyo.

Durante los viajes, los turistas adventistas debieran hacer todo lo posible para observar el sábado con sus hermanos creyentes en cualquier área donde se encuentren. Para respetar la santidad del séptimo día se recomienda que los adventistas eviten usar el día sábado como un feriado utilizándolo para visitar y realizar actividades seculares.


► Las Iglesias y las Instituciones de la Iglesia

El dar pautas y reglamentos específicos para la iglesia como un todo y a sus instituciones, es para ofrecer a la hermandad un ejemplo de observancia del sábado. Es responsabilidad de los miembros aplicar en sus propias vidas los verdaderos principios de la observancia del sábado tal como se encuentra en la Biblia y en el Espíritu de Profecía, pero no puede actuar como conciencia para sus miembros.

• Iglesias, Papel de la Iglesia y de la Familia en las Actividades del Sábado de Tarde. A los pastores y dirigentes de la iglesia se les ha confiado la responsabilidad de planificar cuidadosamente las actividades para los niños, jóvenes, adultos y ancianos, como también para las familias y las personas solas. Al planificar, deben enfatizar la importancia de hacer del sábado un día de gozo, de adoración y descanso. Las actividades de la iglesia debieran complementar y nunca reemplazar las actividades de la familia y del hogar.

• Iglesias, Música para el Sábado. La música tiene un poderoso impacto en el ánimo y emociones de la persona. Los dirigentes de la iglesia seleccionarán música y músicos que realcen la atmósfera de adoración del descanso sabático y la relación de la persona con Dios. Los ensayos del coro debieran evitarse cuando ya existen otras reuniones regularmente fijadas durante la hora en que piensan ensayar.

• Iglesias, Actividad Misionera en la Comunidad. Aunque los cristianos pueden participar en cierto tipo de trabajo social en beneficio de estudiantes, de jóvenes y pobres de los barrios marginales, deben tomar el cuidado de ejercer una influencia ejemplar y coherente de cómo observar el sábado. Si se participa en una escuela de extensión o en clases especiales para niños y jóvenes, pueden elegir temas y clases que sean diferentes de los temas seculares y comunes que dan durante la semana. Podría ofrecer actividades que contribuyan a la cultura espiritual. Paseos por el vecindario o junto a la naturaleza, que exijan sólo un esfuerzo mínimo pueden sustituir las materias o aulas seculares.

• Iglesias, Recolección. El procedimiento general de la Iglesia Adventista es que la recolección se realice en otro día que no sea el sábado. Donde se practica recolectar en sábado, debe existir un plan que ofrezca beneficios espirituales a todos los participantes.

• Iglesias, Recolección de Fondos en Sábado. La doctrina de la mayordomía cristiana es encontrada a través de todas la Escrituras. El acto de dar tiene lugar definido durante los cultos. Cuando se apela a dar fondos, debe hacerse de tal manera que se preserve la santidad del culto y del sábado.

• Iglesias, Casamientos en Sábado. La ceremonia matrimonial es sagrada, y en sí misma no está en desarmonia con el espíritu de observancia del sábado. Sin embargo, la mayoría de los casamientos exige mucho trabajo y en los preparativos para la recepción es casi inevitable que surja un ambiente secular. Para que el espíritu del sábado no se pierda, debería desanimarse la realización de casamientos en este día.

• Iglesias, Funerales en Sábado. En forma general, los adventistas debieran evitar realizar funerales durante el sábado. Es verdad que en ciertos climas y circunstancias, puede ser necesario que se realice sin demora el funeral, a pesar de ser sábado. En esos casos, debieran hacerse los arreglos por adelantado con la empresa fúnebre y con los empleados del cementerio, y de esta forma reducir el trabajo durante el sábado. En algunos casos puede realizarse un culto el sábado y dejar el entierro para el día siguiente.


► Las Instituciones de Salud de la Iglesia Adventista

Las instituciones de salud ofrecen a muchas personas su única oportunidad de contacto con la Iglesia Adventista. Los hospitales adventistas deben ser mucho más que meros sistemas que ofrecen cuidado de la salud. Estos tienen la oportunidad única de ser un testimonio cristiano a la comunidad que sirven, las 24 horas del día. Además, tienen el privilegio de presentar el mensaje del sábado por el ejemplo cada semana.

En la cura de los enfermos y en la liberación de los portadores de debilidades físicas aún en sábado, Cristo dejó un ejemplo que consideramos la base para el establecimiento y funcionamiento de las instituciones médicos adventistas. Es por este motivo, que una institución que ofrece atención médica al público, debe estar preparada para ministrar las necesidades del enfermo y doliente, sin tomar en cuenta la hora o el día.

Este enfoque pone una gran responsabilidad sobre cada institución para que planifique y ejecute reglamentos que reflejen el ejemplo de Cristo y apliquen los principios bíblicos de la observancia del sábado enseñados en la Iglesia Adventista. Los administradores tienen una responsabilidad especial de tratar de que todos los departamentos mantengan el verdadero espíritu de la observancia del sábado, instituyendo procedimientos adecuados y evitando la laxitud en la observancia del séptimo día.

Se recomienda la aplicación de los siguientes principios para la observancia del sábado:

1. Proporcionar cuando sea necesario, cuidado médico de emergencia voluntario, alegre y de elevado nivel de excelencia. Sin embargo, no deberían las instituciones y médicos adventistas ofrecer el mismo tipo de atención o servicio clínico durante el sábado como lo hacen durante los días de la semana.

2. No continuar con las actividades de rutina que pueden postergarse. Eso significa que deben cerrarse todos los servicios y departamentos que no están relacionados directamente con el paciente y que debe mantenerse una cantidad mínima de personal.

3. Postergar diagnósticos y servicios terapéuticos electivos. Las decisiones sobre qué es necesario o de emergencia, debieran ser hechas por el médico que atiende. Si se abusa de este privilegio, la administración del hospital debiera intervenir. Los funcionarios de la institución que no trabajen en la administración, no deben envolverse en las decisiones, ni ser obligados a enfrentar al (a los) médicos (s) de turno. Se pueden evitar malos entendidos, si se deja claro en las reuniones y en los reglamentos, que sólo se realizarán aquellas cirugías, diagnósticos o tratamientos terapéuticos que son impostergables dada la condición del paciente. En el momento de contratar al personal se puede dejar en claro todo esto, así se ayudará a evitar abusos y malos entendidos.

4. Cerrar las oficinas de administración y contabilidad para atenciones de rutina. Aunque podría ser necesario admitir o dar de alta a los pacientes en sábado, se recomienda evitar la entrega de recibos o recepción de dinero. Jamás debiera ser la guardia del sábado un motivo de irritación para aquellos que tratan de servir y salvar, sino por el contrario, que éste sea un distintivo de que son "hijos de la luz" (Efe. 5:8; Los Hechos de los Apóstoles, pág 214).

5. Hacer del Sábado un día agradable para los pacientes, un día cuando la intensa actividad de la rutina sea puesta de lado y el personal esté libre para pasar más tiempo con los pacientes, para instruirlos, aconsejarlos y familiarizarlos con el maravilloso amor de Dios. Una actividad misionera como ésta es un recuerdo de testimonio cristiano que los pacientes nunca olvidarán. La observancia significativa del sábado será conseguida mucho más fácilmente en una institución que emplee un equipo predominantemente adventista. Es posible para los empleados creyentes presentar el sábado a una luz adecuada mientras cuidan de los pacientes, y pueden perfectamente bien ser una influencia convincente en las vidas de aquellos que no son de nuestra fe.

6. El cuidado directo del enfermo es una actividad de siete días de la semana. La enfermedad no tiene calendario. Sin embargo, cuando se prepara el horario del personal, las instituciones de salud debieran tomar en cuenta las creencias religiosas sinceras, la observancia y prácticas de cada empleado o futuro empleado. Las instituciones debieran hacer arreglos razonables para tales creencias religiosas, a menos que se demuestre que tales acomodos dificultarán el funcionamiento de la institución. Se reconoce que la conciencia del individuo varía en relación al adecuado empleo del sábado. Ni la iglesia ni sus instituciones pueden actuar como la conciencia de sus empleados. En lugar de esto, deberán hacerse ajustes razonables en beneficio de la conciencia individual.

7. Resistir las presiones para rebajar las normas adventistas. Algunas instituciones han recibido presiones de la comunidad, del equipo médico, y/o empleados (donde la mayoría no es adventista), para abandonar o debilitar los principios de la observancia y prácticas en el sábado, de modo que éste sea tratado como cualquier otro día. En algunos casos, se ha ejercido presión para mantener todos los servicios durante el sábado y disminuirlos el domingo. Debe resistirse decididamente a una acción tal. La condescendencia puede provocar un serio análisis de la relación de esa institución con la Iglesia.

8. Enseñar a los empleados no adventistas los principios practicados por la institución en relación con el sábado. Cada empleado no adventista, en el momento de su contrato con una institución adventista de salud, debiera ser advertido de los principios de la Iglesia, especialmente de los reglamentos institucionales que tienen que ver con la observancia del sábado. Aunque los no adventistas no crean como nosotros, debieran de todas formas conocer desde el principio la forma en que se espera que ellos calcen en el programa de la institución, para ayudar a ésta a alcanzar sus objetivos.

9. Estimular en los empleados adventistas una actitud de continua testificación cristiana. El único contacto que muchos empleados no adventistas pueden tener con los adventistas, puede ser en la institución que los emplea. Toda relación debiera ser amistosa, amable y una expresión del amor que ejemplifica la vida y la obra del Gran Médico. La compasión por el enfermo, la consideración generosa por sus colegas, una voluntad de servir, una ilimitada lealtad a Dios y a la Iglesia pueden ser sabor de vida para vida. Guardar el sábado es un privilegio y un honor tanto como un deber. Nunca debiera ser una carga o una molestia para aquellos que lo guardan o para aquellos que nos rodean.


► Trabajo en Sábado en Hospitales no Adventistas

Aunque es esencial en las instituciones médicas que se realice un mínimo de trabajo todo el tiempo para poder mantener el bienestar y comodidad de los pacientes, los empleados adventistas que trabajan en instituciones no denominacionales, donde las horas del sábado no alivian de la rutina del deber, están bajo la obligación de recordar los principios que reglamentan todas las actividades sabáticas. Para evitar situaciones donde nuestros miembros de Iglesia podrían enfrentar problemas para guardar el Sábado, se recomienda que:

1. Cuando los adventistas aceptan empleos en Hospitales no adventistas, manifiestan sus principios de observancia del sábado y solicitan un horario que los libere del trabajo en sábado.

2. Donde los horarios de trabajo y otros factores hagan esto imposible, los adventistas debieran claramente identificar los deberes que puedan conscientemente realizar el sábado y la frecuencia de los mismos de allí en adelante.

Donde no se pueda realizar ninguno de los arreglos mencionados arriba, los miembros debieran hacer de su lealtad a los requerimientos de Dios lo máximo y abstenerse del trabajo rutinario.


► Las Instituciones Educativas Adventistas del Séptimo Día

Los colegios adventistas con internado tienen un papel importante en la formación de hábitos de observancia del sábado en las futuras generaciones de miembros de Iglesia. De la misma forma lo tienen los colegios y universidades al moldear el pensamiento de la clase pastoral profesional. Es por lo tanto importante que en estas instituciones, tanto la teoría como la práctica, de cómo aumentar el gozo de las bendiciones sabática, se acerquen lo máximo posible al ideal.

La aplicación de estos principios incluye:

• Preparación adecuada para el sábado.
• Demarcación del comienzo y del fin de las horas del sábado.
Actividades adecuadas hogar-escuela: cultos, grupos de oración, testificación, etc.
Mantener los deberes necesarios al mínimo; de preferencia confiarlos a personas para quienes sea servicio voluntario y no utilizar aquellos para quienes ese mismo trabajo es pagado durante la semana.
• Cultos inspiradores, de preferencia que sirvan como modelos de aquello que se espera caracterice los cultos en las iglesias de las escuelas.
• Actividades variadas y adecuadas para los sábados de tarde.
• Estructuración del programa semanal para que el sábado sea un gozo prolongado y el clímax de la semana en lugar de ser el preludio para las actividades totalmente diferentes del sábado de noche.
- Ventas en el comedor. Las cafeterías de los colegios han sido designadas para servir a los estudiantes y a sus padres visitantes e invitados; no debieran abrirse al público durante el sábado. Para evitar transacciones comerciales innecesarias durante las horas sagradas, cada institución debe establecer formas de pago fuera de las horas sabáticas.
- Asistencia del personal docente a reuniones profesionales. En algunos países, los adventistas tienen el privilegio de asistir a reuniones profesionales para estar al día con el desarrollo de su campo de especialización. Podría ser una tentación justificar la asistencia en sábado a esas reuniones. Sin embargo, se recomienda que el personal académico se una con sus hermanos de iglesia para la adoración a Dios, y no se reúna con sus colegas profesionales "en trabajo".
- Estaciones de radio. Las estaciones de radio pueden ser una bendición en sus comunidades. Para aumentar las bendiciones, la programación durante las horas del sábado debiera reflejar la filosofía de la iglesia. Si se hacen llamados para levantar fondos durante el sábado, éstos debieran hacerse de manera tal que se mantenga la santidad de este día.
- Viajes de Promoción. Para mantener el espíritu de total adoración durante el sábado, los tours de Promoción deben ser planificados de forma que disminuyan los viajes en sábado y ofrezcan un máximo de tiempo para la adoración con los creyentes. Las horas del sábado no deben usarse para viajar con el fin de ofrecer programas de sábado de noche.
- La observancia del sábado en la formación de los pastores. Los pastores tienen una gran responsabilidad con su ejemplo personal, pues deben moldear la vida espiritual de la iglesia. Por lo tanto, las instituciones que preparan a los pastores y esposas de pastores necesitan ayudar a sus estudiantes a formar una saludable filosofía de la observancia del sábado. Una orientación adecuada recibida en el colegio puede ser un instrumento en la experiencia de una genuina renovación del gozo sabático en sus propias vidas, como en la vida de su iglesia.
- Exámenes en sábado. Los adventistas del séptimo día que enfrentan exámenes exigidos en sábado en colegios no adventistas, o los profesionales que procuran certificación del ministerio de educación enfrentan un problema especial. En tales situaciones, recomendamos hacer arreglos para que los exámenes no sean en sábado. La iglesia debiera estimular a sus miembros a una cuidadosa observancia del sábado y cuando sea posible, debiera interceder delante de las autoridades correspondientes para que permitan la posibilidad de rendir los exámenes en otro día, para reverenciar el día de Dios.


► Empleos Seculares y de Negocios cuando se Relacionan con el Sábado

• Declaración de Principio. La visión bíblica del sábado incluye una dimensión divina y otra humana (Mat. 12:7). Desde la perspectiva divina el sábado invita al creyente a renovar su compromiso con Dios al desistir del trabajo diario para poder adorar a Dios más libre y completamente (Exo. 20:8-10; 31:15-16; Isa. 58:13-14). Desde la perspectiva humana, el sábado ordena al creyente que celebre el amor creador y redentor de Dios mostrando misericordia y preocupación hacia los demás (Deut. 5:12-15; Mat. 12:12; Luc. 13:12; Jn. 5:17). De esta forma el sábado incluye la cesación del trabajo secular, con el propósito de honrar a Dios y realizar acciones de amor y bondad hacia su prójimo.

• Trabajo Esencial y de Emergencia. Para mantener la santidad del sábado, los adventistas deben hacer elecciones sabias en materia de empleo, orientados por una conciencia iluminada por el Espíritu Santo. La experiencia ha mostrado que existe un peligro en la elección de vocaciones que no permiten adorar al Creador con libertad durante el día sábado. Esto significa que deberían evitarse aquellos empleos que, aunque esenciales para el funcionamiento de una sociedad tecnológicamente avanzada, pueden ofrecer problemas para la observancia del sábado.

Las Escrituras y el Espíritu de Profecía son claros en cuanto a nuestros deberes como cristianos hacia nuestros semejantes, aun durante el sábado. En el contexto moderno, muchos que están empleados en profesiones que involucran la salvación de la vida y la propiedad, se los llama a atender emergencias. Los arreglos para trabajo regular durante los fines de semana, con el objetivo de ganancia extra, exigirán el uso de las hora de sábado, o aceptar trabajo sólo los fines de semana en profesiones de emergencia con el fin de aumentar el presupuesto familiar, no está en armonía con los principios de observancia del sábado dados por Cristo. Es algo totalmente diferente atender situaciones de emergencia donde la vida y la seguridad están en peligro, a ganar el diario vivir por emplearse en ocupaciones rutinarias durante el sábado, las que siempre están acompañadas de actividades comerciales seculares o rutinarias. (Ver los comentarios de Cristo al rescatar el buey o una oveja de un hoyo y ayudar a personas en necesidad; Mar. 12:11; Luc 13:16). Ausentarse de la casa de Dios y ser privado del compañerismo con los hermanos en el sábado puede enfriar la vida espiritual de la persona.

Muchos patrones, en los llamados servicios esenciales, están dispuestos a buscar arreglos para los observadores del sábado. Donde no se garantice esto, los miembros debieran revisar cuidadosamente los principios bíblicos de observancia sabática a la luz de esa actividad, ambiente, requisitos de trabajo y motivos personales, antes de comprometerse a trabajar en sábado. Debieran preguntar al Señor, como lo hizo Pablo en su viaje a Damasco, "Señor ¿qué quieres que haga?". Cuando se tiene esta actitud de fe, estamos convencidos de que Dios guiará a los creyentes a discernir su voluntad dará la fuerza y sabiduría necesarias para hacer lo que corresponde.


► Decisiones Morales en Relación con la Observancia del Sábado

Las instituciones militares, educativas, gubernamentales y otras, muchas veces niegan o cortan los privilegios sabáticos. Para prevenir y/o aliviar estas situaciones lamentables, debieran considerarse las siguientes sugerencias:

• Un dirigente de la iglesia, de preferencia el director de Relaciones Públicas de Libertad Religiosa, debe ser designado para mantenerse al día de los acontecimientos y situaciones que puedan minar la libertad de culto en el día sábado. De ser necesario, este oficial se aproximará a las autoridades responsables con el fin de explicarles el impacto desfavorable sobre los adventistas del séptimo día de cualquier medida o legislación en proyecto, Este curso de acción puede prevenir la sanción de medias que podrían, sin intención, cortar o negar los privilegios del sábado.

• Debe estimularse a los miembros adventistas a mantener por fe el principio de la observancia del sábado, sin tener en cuenta las circunstancias, y apoyarse en la seguridad de que Dios honrará su consagración.

• Los miembros de iglesia deben ofrecer ayuda espiritual, moral y si es necesaria, temporal, para ayudar a otros miembros que pasan por problemas por causa del sábado. Tal ayuda servirá para fortalecer la consagración al Señor, no solamente de la persona que está enfrentando el problema de sábado, sino de la iglesia como un todo.


► Compra de Mercaderías y Servicios en Sábado

1. El sábado está destinado para proporcionar libertad espiritual y alegría a todos (Exo 20:8-11). Como cristianos, debemos ser sostenedores de este derecho humano básico que ha otorgado el Creador a cada individuo. Como regla general, la compra de mercaderías, comidas en restaurantes, y el pago de servicios hechos por otros, deben ser evitados, porque no están en armonía con el principio ni con la práctica de la observancia del sábado.

2. Además, las actividades comerciales recién mencionadas harían que la mente se dirigiera al secularismo en lugar de detenerse en la santidad del sábado (Neh. 10:31;13:15). Con una adecuada planificación, se pueden tomar las debidas precauciones para que no falte nada de lo necesario durante el sábado.


► Viajes en Sábado

Aunque viajar en sábado puede ser necesario para poder cumplir con las actividades comprometidas para ese día, no debe permitir que los viajes en sábado se conviertan en una función secular; por lo tanto, es necesario hacer los preparativos con anticipación.

Antes del comienzo del sábado deben estar atendidos el combustible del auto y otras necesidades. Deben evitarse viajes por asuntos personales y de negocios.


► Cuando debe tratarse un Problema Específico de Trabajo

Cuando un miembro de iglesia se encuentra en la necesidad de renunciar a un cargo, o pierde su trabajo por causa de problemas con el sábado, y es empleado por la denominación en un trabajo similar, donde el nuevo trabajo, debido a su naturaleza exige que el miembro trabaje en sábado se recomiendan los siguientes pasos:

1. Ofrecer al miembro una cuidadosa explicación del tipo esencial de trabajo.

2. Asegurar al miembro que sólo los aspectos indispensables del nuevo trabajo se realizarán durante el sábado. También debieran explicar los administradores los propósitos religiosos que lo han empleado.

3. Adoptar un horario rotativo para que el miembro conscientemente aceptó trabajar en sábado, pueda con frecuencia estar en condiciones de realizar una total celebración del día sábado.


► Turno de Trabajo

Cuando un adventista trabaja para un empleador que acostumbra utilizar los turnos de trabajo, puede éste pedirle que trabaje el sábado o parte de él. En tales circunstancias debe considerar lo siguiente:

• Tratar de ser el mejor trabajador posible, y un empleado tan valioso que su patrón no pueda prescindir de él.

• Si el problema continúa, puede apelar directamente al patrón y hacer un arreglo en base a su buena voluntad y justicia.

• Podría sugerirle al patrón arreglo tales como:
- Trabajar en un horario flexible.
- Tener los turnos que menos acepta el resto del personal.
- Negociar turnos con otros empleados; o
- Trabajar los feriados.

• Si el patrón se resiste a un arreglo, el miembro debería inmediatamente buscar la ayuda del pastor y del departamento de Relaciones Públicas y de Libertad Religiosa, en los países donde se realicen este tipo de actividades.




Fuente:Unión Portorriqueña / IASD
Notas: - DSA 90-639
- Articulo publicado originalmente el día 10de octubre de 2008





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jueves, 17 de febrero de 2011

Violencia Familiar / Declaración Oficial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día

La Biblia indica claramente que la marca que distingue a los creyentes cristianos, es la calidad de sus relaciones humanas en la iglesia y en la familia.

La violencia familiar incluye cualquier tipo de agresión —verbal, física, emocional, sexual, o la negligencia activa o pasiva— cometida por una persona o personas contra otra dentro del círculo familiar, sin importar si son casados, parientes, o de si viven juntos o separados, o son divorciados.

Estudios actuales llevados a cabo internacionalmente muestran que la violencia en la familia es un problema global, y que ocurre entre individuos de todas las edades y nacionalidades, en todos los niveles socioeconómicos, y en familias con todos los tipos de antecedentes religiosos o no religiosos. Se encontró también que el promedio de incidencia es similar tanto en las ciudades, como en las comunidades urbanas, suburbanas, y rurales.

La violencia familiar se manifiesta de diferentes maneras. Por ejemplo, puede ser la agresión física contra uno de los cónyuges. Las agresiones emocionales tales como las amenazas verbales, los accesos de ira, la desvalorización de la personalidad del otro y las exigencias irreales de perfección, son también abuso. El abuso puede, incluso, tomar la forma de coerción y violencia física dentro de la relación sexual conyugal, o la de una amenaza de violencia a través del uso de un comportamiento intimidatorio verbal o no verbal. Incluye prácticas tales como el incesto y el maltrato o el descuido de menores de edad que resulta en lesiones o daños producidos por parte de uno de los padres o tutores. La violencia contra los ancianos se manifiesta en agresiones físicas, psicológicas, sexuales, verbales, materiales, y en el abuso o negligencia médica.

La Biblia indica claramente que la señal distintiva de los cristianos creyentes es la calidad de sus relaciones humanas, tanto en la iglesia como en la familia, que, en el espíritu de Cristo de aceptación y amor, busca afirmar y edificar a los otros en vez de abusar o agredirse uno a otro. No hay lugar entre los seguidores de Cristo para el control tiránico y el abuso de poder o la autoridad. Los discípulos de Cristo, motivados por su amor, son llamados a respetar y preocuparse por el bienestar de los otros, a aceptar a hombres y a mujeres como iguales, y a reconocer que cada persona tiene derecho al respeto y a la dignidad. El fracaso en relacionarse de esta forma con los demás viola su personalidad y desvaloriza a los seres humanos creados y redimidos por Dios.

El apóstol Pablo, al referirse a la iglesia, habla de los “domésticos de la fe” que actúan como una prolongación de la familia, proveyendo aceptación, comprensión y ánimo a todos, especialmente a aquellos que están heridos o tienen desventajas. La Escritura habla de la iglesia como una familia donde el crecimiento personal y espiritual puede ocurrir a medida que los sentimientos de traición, rechazo y dolor son sustituidos por el perdón, la confianza y la entereza. La Biblia también habla de la responsabilidad personal del cristiano de proteger el templo de su cuerpo contra la profanación porque es el lugar de habitación de Dios.

Lamentablemente, la violencia familiar ocurre en muchos hogares cristianos, y nunca debe ser justificada porque afecta profundamente la vida de todos los involucrados y muchas veces produce una percepción distorsionada de Dios, de uno mismo y de los demás.

Creemos que la iglesia tiene la responsabilidad de:

1) Cuidar de las personas involucradas en violencia familiar y atender a sus necesidades:

a) Escuchando y aceptando a las personas que sufren abuso, dándoles amor y la seguridad de su valía e importancia.

b) Destacando las injusticias del abuso y hablando en defensa de las víctimas, tanto en la comunidad de fe como en la sociedad.

c) Proveyendo un ministerio humanitario y de apoyo a las familias afectadas por la violencia y el abuso, tratando de que tanto las víctimas como los agresores tengan acceso al consejo de profesionales adventistas, cuando tal cosa es posible, o a la red de recursos profesionales disponibles en la comunidad.

d) Animando a los profesionales adventistas a especializarse y al establecimiento del servicio de profesionales licenciados por la iglesia, tanto para los miembros de iglesia como para las comunidades circundantes.

e) Ofreciendo un ministerio de reconciliación cuando el arrepentimiento del agresor abre la posibilidad del perdón y la restauración en las relaciones. El arrepentimiento siempre incluye la aceptación total de la responsabilidad por los errores cometidos, la disposición para hacer restitución en todas las formas posibles, y cambios en la conducta para eliminar el abuso.

f) Proyectando la luz del evangelio sobre la naturaleza de las relaciones esposo-esposa, padres-hijos y otras relaciones próximas, y capacitar a las personas y familias a crecer a la luz de los ideales de Dios en su vida de relación.

g) Guardándose contra la tendencia a aislar en la familia o en la iglesia, tanto a las víctimas como a los agresores, aunque responsabilizando firmemente a los agresores por sus actos.

2) Fortalecer la vida familiar:

a) Ofreciendo una educación para la vida familiar que esté orientada hacia la gracia y que incluya la comprensión bíblica de la reciprocidad, la igualdad y el respeto indispensable en las relaciones cristianas.

b) Comprendiendo mejor cuáles son los factores que contribuyen a la violencia familiar.

c) Tratando de romper el círculo recurrente de la violencia y el abuso observado a menudo dentro de las familias y a través de las generaciones.

d) Corrigiendo aquellas creencias religiosas y culturales sostenidas comúnmente que pueden ser usadas para justificar o encubrir la violencia familiar. Por ejemplo, aunque los padres son instruidos por Dios para corregir redentoramente a sus hijos, esta responsabilidad no les da licencia para el uso de la crueldad, o para tomar medidas disciplinarias punitivas.

3) Aceptar nuestra responsabilidad moral de estar alerta y reaccionar frente al abuso dentro de las familias de nuestras congregaciones y comunidades, y sostener que tal conducta abusiva es una violación de las normas de vida adventistas. Ninguna indicación o informes de abuso debe ser minimizado, sino por el contrario, seriamente considerado. Para los miembros de la iglesia el permanecer indiferentes e insensibles equivale a condonar, perpetuar y, posiblemente, extender la violencia familiar.

Si vamos a vivir como hijos de la luz, debemos iluminar las tinieblas dondequiera la violencia familiar ocurra en nuestro medio. Debemos cuidar los unos por los otros, aunque sería más fácil hacernos los desentendidos.




Fuente: Abo.org.ar
Notas: 1) Esta declaración fue votada por la Comisión Administrativa de la Asociación General (ADCOM) el 27 de agosto de 1996, y fue enviada para su consideración por el Concilio Anual realizado en San José, Costa Rica, realizado entre el 1º y el 10 de octubre de 1996.
2) Estas declaraciones están basadas en los principios expresados en los siguientes textos: Éxo. 20:12; Mat. 7:12; 20:25-28; Mar. 9:33-35; Juan 13:34; Rom. 12:10, 13; 1 Cor. 6:19; Gál. 3:28; Efe. 5:2, 3, 21-27; 6:1-4; Col. 3:12-14; 1 Tes. 5:11; 1 Tim. 5:5-8.)
3) Versión corregida y re formateada, de la originalmente publicada por Ojo Adventista, el 23 de octubre de 2008.





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martes, 18 de enero de 2011

Una filosofía Adventista del Séptimo Día sobre la Música / Declaración Oficial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día

Dios ha entretejido la música en la trama misma de su creación. Leemos que cuando hizo todas las cosas, “alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios” (Job 38:7). El libro del Apocalipsis describe el cielo como un lugar de alabanza incesante, que resuena con cánticos de adoración a Dios y al Cordero por parte de todos (Apoc. 4:9‑11; 5:9‑13; 7:10‑12; 12:10‑12; 14:1‑3; 15:2‑4; 19:1‑8).

Debido a que Dios hizo al ser humano a su imagen, compartimos el amor y el aprecio por la música con todos los seres creados. De hecho, la música puede tocarnos y conmovernos con un poder que va más allá de las palabras o cualquier otro tipo de comunicación (La Educación p. 168).1 La música mejor y más pura eleva nuestro ser hasta la misma presencia de Dios, donde los ángeles y seres no caídos lo adoran con cánticos... ► Continuar leyendo en OJO ADVENTISTA / haciendo clic aquí


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viernes, 26 de noviembre de 2010

Minneápolis,1888. Un momento decisivo en la historia adventista. Por Gerhard Pfandl

Durante más de cien años, los adventistas hemos mirado al Congreso de la Asociación General de 1888 como un hito histórico, un punto de inflexión de nuestro desarrollo teológico. Es considerada la conferencia teológica más importante de nuestra historia. Aunque duró menos de un mes, el congreso propiamente dicho (17 de octubre al 4 de noviembre) y el Instituto Ministerial (10 al 16 de octubre) dieron una nueva forma al adventismo.

Antecedentes del congreso

Después del gran chasco de 1844, los pioneros se dedicaron a la proclamación de importantes verdades; las llamadas verdades esenciales: el santuario, el espíritu de profecía, los mensajes de los tres ángeles, la inmortalidad condicional, la segunda venida y el sábado. La salvación y la justificación por la fe quedaron en un segundo plano, porque estas verdades ya eran enseñadas por otras iglesias. ¿Por qué enseñarle a un bautista o metodista sobre la salvación, con la cual ya estaban familiarizados? Lo que ellos no conocían era lo relacionado al sábado, el estado de los muertos, la verdad del santuario, etc. Los pioneros se dedicaron a las doctrinas distintivas, especialmente a la del sábado y los diez mandamientos.

Desafortunadamente, debido al fuerte énfasis en la ley, la espiritualidad se vio afectada y muchos se volvieron muy legalistas. El orgullo, la confianza propia y la complacencia ingresaron a nuestras filas, pero faltaba una experiencia viva con Cristo; el gozo y la paz que resultan de una relación con él. Guardar la ley llegó a ser lo esencial. Al ver la situación, Elena White escribió: «Como pueblo hemos predicado la ley hasta que hemos llegado a estar tan secos como los montes de Gilboa, sin rocío ni lluvia. Tenemos que predicar a Cristo en la ley».1


El Instituto Ministerial, 10 al 16 de octubre de 1888

Cuando pensamos en Minneápolis 1888, surgen dos nombres: Alonzo Jones y Elliot Waggoner. Ambos eran amigos y editores de la revista Signs of the Times [Señales de los tiempos] en California. Jones tenía 38 años y había servido en el ejército de los Estados Unidos; era un autodidacta. Waggoner, de 33, había tenido en cambio una educación clásica; estudió medicina y trabajó en el Sanatorio de Battle Creek durante un tiempo. Su corazón, sin embargo, estaba en el evangelismo, y por ello dejó la medicina y pasó a ser ministro.

En la reunión de obreros de una semana de duración que precedió al congreso, un tema que dividió el grupo ministerial fue el conflicto con la ley, registrado en Gálatas 3:24. La pregunta era: ¿qué ley es más importante: la moral o la ceremonial? En 1886, O. Johnson había publicado un artículo en la Review and Herald titulado «Las dos leyes», en el cual declaraba: «La ley de Gálatas es la ley ceremonial».2 Pocos meses después, Waggoner publicó una serie de nueve artículos en la revista Signs, en los cuales afirmaba que la ley de Gálatas es la ley moral. Elena White, quien en ese entonces estaba en Basilea, Suiza, escribió una carta de amonestación a los dos editores de California por publicar artículos que revelaban al mundo que las dos publicaciones de la iglesia diferían en ciertas enseñanzas. No tomó partido por uno u otro, sino que se mostró en desacuerdo por la forma de proceder de ellos.

¿Quién tenía razón? Por supuesto, ambos estaban en lo cierto. Ambas leyes llevan a Cristo. Ocho años después, en 1896, Elena White escribió: «El Espíritu Santo está hablando especialmente de la ley moral en este texto [Gal. 3:24], mediante el apóstol. La ley nos revela el pecado y nos hace sentir nuestra necesidad de Cristo y de acudir a él en procura de perdón y paz».3 En 1888, sin embargo, se rehusó a dar una respuesta, acaso porque tampoco la sabía.


El Congreso de Minneápolis

Las reuniones comenzaron el miércoles 17 de octubre. Asistieron unos noventa delegados en representación de 27 mil miembros. Se habló del progreso de los nuevos campos misioneros, la distribución del trabajo, el evangelismo urbano, un nuevo barco para el Pacífico Sur (Pitcairn), y muchos otros temas. Hoy en día, sin embargo, todos los temas suelen ser dejados de lado y lo que aún recordamos es que «el Señor en su gran misericordia envió un muy precioso mensaje a su pueblo por medio de los pastores Waggoner y Jones […]. Presentaba la justificación por la fe en el Garante [Cristo]; invitaba al pueblo a recibir la justicia de Cristo, que se manifestaba en la obediencia a todos los mandamientos de Dios».4

Se le pidió a Waggoner que presentara una serie de conferencias sobre justificación por la fe. No sabemos exactamente qué dijo, porque recién a partir de 1891 se comenzaron a registrar los temas bíblicos de los congresos de la Asociación General, pero de acuerdo con lo que escribió antes y después de Minneápolis, tenemos una idea de lo que enseñó.

Hasta 1888 se creía mayormente que la justicia aceptable a Dios podía ser lograda (con la ayuda del Espíritu Santo, por supuesto) por la obediencia a los mandamientos. En otras palabras, se veía a la santificación como la base de la salvación.

La obra de Cristo en la justificación era vista mayormente en relación con los pecados del pasado. Un artículo no firmado, en los primeros números de la revista Signs, expresaba: «Como todos han violado la ley de Dios y no pueden por sí mismos obedecer sus justos requerimientos, dependemos de Cristo, en primer lugar para nuestra justificación de las ofensas del pasado y, en segundo, para obedecer por gracia su santa ley en el futuro».5

Pero entonces apareció Waggoner y dijo: (1) la obediencia del hombre jamás puede satisfacer la ley divina; (2) la justicia imputada de Cristo por sí sola es la base de la aceptación de Dios por nosotros; y (3) necesitamos estar cubiertos constantemente por la justicia de Cristo, no solo por causa de nuestros pecados pasados.

¿Qué reacción tuvieron los oyentes? Algunos aceptaron y apoyaron el mensaje de Waggoner (E. White, W. White, S. Haskell, etc.) y otros lo rechazaron (U. Smith, J. Morrison, L. Conradi, etc.), pero la mayoría se mostraba indecisa. No sabían qué creer. Los que se oponían lo expresaron abiertamente. En cierto momento Elena White se sintió tan desanimada que quiso irse de allí, pero el ángel del Señor le dijo: «No lo hagas; Dios tiene una obra para ti en este lugar. La gente está repitiendo la rebelión de Coré, Datán y Abiram».6

Eventualmente, la mayoría de los que se oponían cambiaron de actitud y aceptaron el mensaje de la justificación por la fe, aunque algunos dejaron la iglesia.

Después del congreso Elena White se unió a Jones y Waggoner para comunicar el mensaje de la justificación por la fe a las iglesias. Fueron a reuniones netamente espirituales, a reuniones de obreros y a escuelas bíblicas, de una costa a la otra de los Estados Unidos. En 1889 ella escribió: «Jamás he presenciado semejante obra de reavivamiento, que al mismo tiempo esté libre de cualquier excitación indebida».7 Después de Minneápolis se produjeron muchos libros sobre el tema de la justificación por la fe, como por ejemplo El camino a Cristo y El Deseado de todas las gentes.

Es importante entender lo que sucedió en Minneápolis porque algunos actualmente afirman que la iglesia rechazó ese mensaje, y hacen un llamado al arrepentimiento corporativo. Otros afirman que el tema principal de Waggoner era la naturaleza de Cristo. Dado que en el libro Cristo y su justicia (1890) expresó que Cristo asumió la carne pecaminosa con tendencias pecaminosas, se afirma que la iglesia ha rechazado el mensaje porque jamás ha aceptado oficialmente que Cristo tuvo tendencias al pecado. Sin embargo, no hay evidencias de que Waggoner se haya dedicado a la naturaleza de Cristo en Minneápolis. Su énfasis estaba en la relación de la justicia de Cristo con la ley.

Minneápolis 1888 fue un punto de inflexión en la historia de la Iglesia Adventista. Gracias a Waggoner y Jones, y con el apoyo de Elena White, la iglesia fue preservada de una comprensión incompleta del evangelio.





Fuente: Adventist World / Enero 2010
Autor: Gerhard Pfandl, nacido en Austria, ha sido director asociado del Instituto de Investigaciones Bíblicas (Biblical Research Institute) de la Asociación General desde 1999. Doctorado de la Universidad Andrews. Durante muchos años como ministro en Alemania y enseñó al mismo tiempo como profesor de teología en el Seminario Bogenhofen. Luego se desempeñó como un predicador, profesor y administrador en California (EE UU) y Australia.
Referencias: 1. «Christ Prayed for Unity Among the Disciples», Review and Herald (11 de marzo de 1890). 2. «The Two Laws», Review and Herald (16 de marzo de 1886). 3. Mensajes selectos, vol. 1, p. 275. 4. Testimonios para ministros, p. 89. 5. «Fundamental Principles», Signs of the Times (4 de junio de 1874). 6. Carta 2a, 1892. 7. Review and Herald (5 de marzo de 1889).



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